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Tuesday 15 October 2019
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Estatuas que llenan de luces la ciudad

La niña lo mira con curiosidad. Largo rato posa sus ojos incrédulos sobre el hombre del cuerpo metalizado, quien permanece inmóvil entre el paso ajetreado de la gente. Algunos transeúntes se detienen para observarlo. Intentan descifrar quién está detrás del maquillaje con tonos entre ocres, dorados, plateados y verdosos.

Cualquier personaje puede cobrar vida, de este u otro siglo, y atraviesa las calles con movimientos lentos, calmados, casi imperceptibles en ocasiones. Se detiene, mira a un punto y pareciera como si ni siquiera respirara, sus latidos se acompasan a los sonidos del ambiente.

La pequeña ha seguido sus pasos. Lo mira intensamente intentando descifrar por qué ese hombre es diferente al resto. Repite sus suaves movimientos con su propio cuerpo sin saber que no hace mucho las estatuas vivientes eran verdaderas estatuas, que con unas monedas hacían una reverencia o saludo a modo de agradecimiento.

Desde una enigmática quietud aprendieron a moverse con la mirada perdida en la distancia. Estos artistas de la calle nos hacen partícipes de hermosos espectáculos.

Son auténticos creadores que invierten horas improvisando un escenario creíble y creando el maquillaje necesario para presentar los conceptos que quieren transmitir, en una representación urbana donde permanecen inmóviles durante largos periodos de tiempo, entregando toda su pasión para exhibir su trabajo.

En las calles más transitadas de las principales ciudades del mundo muchos artistas utilizan su cuerpo como soporte de expresión artística. Esta inmovilidad se rompe durante ciertos instantes en que interactúan con el público realizando nuevas poses que complementan la representación que interpretan en la vía pública.

Para desarrollar este arte es necesario realizar un duro trabajo previo que se logra con mucha práctica y grandes dosis de paciencia y de equilibrio físico.

Las estatuas humanas tienen su origen en el teatro callejero y a lo largo de la historia hay muchas manifestaciones de esta expresión artística. Se piensa que puede remontarse a una práctica de la antigua Grecia en la que enviados especiales se disfrazaban de estatuas para espiar al enemigo, sin ser detectados.

La ciudad de Matanzas se ha caracterizado por tener personajes pintorescos, llenos de gracia. Su rostro no puede identificarse a simple vista, se ven por la céntrica calle del Medio o el Parque de la Libertad y su presencia misma motiva una impresionante aglomeración de público para disfrutar de esta singular modalidad de las artes escénicas. Dan vida a imprescindibles figuras de la cultura cubana e internacional: Charles Chaplin, Cirilo Villaverde, Miguelito Cuní, Polo Montañés, José Jacinto Milanés; también se inspiran en personajes mitológicos o en gente común.

Cuando te detienes a observar a los que ejercen esa función te percatas de su entrenamiento, tanto físico como sicológico, digno de admirar. Estos artistas de la estaticidad no hacen ningún gesto que los delate, a menos que reverecien o saluden con delicados movimientos a los expectantes observadores.

Como si la arcilla cobrara vida, parece que los materiales para forjar esculturas pueden volverse huesos, músculos y corazón. Pero, en realidad, la operación es a la inversa.

Con un diseño escenográfico compuesto, entre otros detalles, por el ambiente callejero y la luz del sol, las estatuas vivientes regalan su arte y atrapan a los transeúntes, quienes se detienen para captar mediante sus cámaras o teléfonos celulares el momento artístico, sin advertir que así se convierten en protagonistas del espectáculo.

En estos artistas se fusionan la organicidad y habilidades actorales con un diseño especializado y propio. Cada Jornada de Teatro Callejero en Matanzas se llena con las luces de estos seres inmóviles que respiran. La ciudad adquiere vida gracias a las estatuas vivientes.




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