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Tuesday 15 October 2019
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Cambiar realidades sociales desde el teatro

El teatro, como el resto de las manifestaciones del arte, suele encontrar sus máximas y más fieles fuentes de alimentación en la vida cotidiana y en los procesos que marcan o determinan el devenir social, político, económico y cultural de cada pueblo.

Vívido ejemplo de ello es el teatro del oprimido, una técnica desarrollada desde la teoría y la práctica por el brasileño Augusto Boal y a la que se dedica el taller que imparte por estos días el dramaturgo, profesor e investigador Licko Turle, durante las sesiones matutinas de la Jornada de Teatro Callejero en Matanzas.

“Augusto Boal en la década de los años 70, junto a otros pensadores latinoamericanos, repensaron el concepto de oprimido. Anterior a esa época desde América se luchaba contra las ideas imperialistas provenientes de Estados Unidos y Europa. Estas posiciones quedaban entre dos pensamientos, pero no tenía uno propio.

“Entonces es que ese pensamiento se desarrolla desde México hasta Chile. Es creada entonces la pedagogía del oprimido, con Paulo Freire, la psicoterapia del oprimido, la filosofía del oprimido, la teología de la liberación. Todos entonces intentaban crear la propia forma estratégica y táctica de cada pueblo de nuestro continente. Boal asume ese reto por la parte del teatro, es decir el teatro del oprimido.”

La transformación de la realidad social, de los escenarios que día a día marcan el desarrollo de las naciones, en el aspecto general, y la vida del hombre en su más estrecha expresión, desde la familia o su proyecto de realización personal, constituyen algunos de los basamentos esenciales de la técnica del teatro del oprimido.

“Este método trabaja con juegos conocidos que buscan sacar a la luz nuestras apreciaciones individuales sobre la sociedad. Estos ejercicios populares se unen y conforman una obra, cuya finalidad es que el espectador se convierte en el protagonista y ofrece su opinión teatral desde la gestualidad de su cuerpo y su voz.”

El teatro del oprimido no se basa únicamente en las experiencias del director del espectáculo escénico, los actores o dramaturgos. Su mayor cualidad es que convierte al espectador en parte esencial del proceso de construcción y puesta en escena de la obra.

Pero su aporte trasciende las riquezas conceptuales y estéticas de la trama de la propuesta, intenta remover escenarios sociales complejos desde el teatro. “Es un método que se basa en un espectáculo debate, donde se espera la interacción. Aristóteles pensaba que una obra teatral debería causar efecto de pacificación; Bertolt Brecht ya pensaba en reflexionar y Boal piensa en activar al espectador.

“Es un proceso de análisis de los contextos actuales, de la vida individual o de la sociedad, del arte y, después de esas reflexiones, te adentras en el espejo teatral y cambias la realidad.”

Como una experiencia enriquecedora valora el investigador, profesor y teatrista Licko Turle su participación en la novena Jornada de Teatro Callejero de Matanzas. “Es muy importante para mí. Yo defiendo la tesis de que el teatro del oprimido se creó en Cuba. Sin dudas el contexto social cubano le sirvió de inspiración. Después se traslada a Perú, Argentina y Chile.

“Mi investigación se basa en que fue Cuba el primero y único país que consiguió poner en práctica estrategias para mantener su sobrevivencia sin que su pueblo sea conquistado por otros países. Yo estuve en Bayamo anteriormente trabajando con Teatro Andante, que también se dedica al arte callejero. Así fue que conocí de la existencia de El Mirón Cubano.

“Para mí es fundamental estar aquí porque en otras naciones donde trabajo el sistema imperante capitalista solo produce opresión y en Cuba es distinto. Conocer cómo se desarrolla la Jornada de Teatro Callejero es fundamental. Soy investigador también y escribo sobre estos movimientos teatrales en el mundo.”

La presencia del brasileño en este certamen pudiera significar la oportunidad de intercambiar saberes y experiencias sobre el arte callejero desde el país sudamericano. “En estos momentos estudio y establezco comparaciones entre proyectos callejeros en distintos puntos del orbe, entre ellos Colombia, Brasil y Cuba.

“Espero al final del evento conocer la estética y la ética de los callejeros nacionales. Después de eso quisiera que compartieran estas experiencias también en Brasil. En un principio pienso llevar a Andante y también estuve observando las propuestas de El Mirón Cubano, que me parecieron muy interesantes.”

Durante dos jornadas los participantes en la novena edición de la Jornada de Teatro Callejero disfrutaron del taller Una introducción al teatro del oprimido de Augusto Boal: teoría y práctica, un espacio que favorece el desarrollo de las sociedades desde el teatro.




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