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Tuesday 15 October 2019
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Guapería con elegancia

“Yo soy el ´Niño´ Pujada en Simpson, La Marina, Versalles y Cuba entera. Yo soy el cantante guía de Los Muñequitos de Matanzas y eso me basta pa’ morirme tranquilo, he estado once veces en los Estados Unidos y ya ni llevo la cuenta de los otros países. ¿Qué más quieres que te diga?”

Bolchevique blanca, camisa roja y amarilla, pantalón blanco cuidadosamente planchado, pañuelo en las manos que de vez en cuando se lleva a la cara para secar el sudor,  lo sujeta por una de sus esquinas dejando caer el resto como si de un momento a otro lo fuese a tirar al suelo para recogerlo a punta de dientes.

Respeto en la conversación, como en los tiempos de los buenos modales cuando ningún joven se atrevía a interrumpir la conversación de un anciano ni pasar frente a él sin pedir permiso.

Aguaje con honor. Esa es la ley de los nacidos en Simpson o en La Marina, aunque estos dos barrios no son lo mismo y a sus habitantes no les agradan las comparaciones, el código de ética es similar para ambos porque rumberos, rumberos son todos y en esa condición va implícita una guapería con elegancia que ningún foráneo logra asimilarla. “Por ejemplo, tú no puedes ser rumbera de verdad de verdad,  porque esto se lleva en la sangre, esto no se estudia, se nace o no con la cosquilla adentro.”

Y Santos Rafael Navarro y Pujada nació con la cosquilla en el mismísimo miocardio, el primero de noviembre, el día de todos los santos, cuando la  partera lo ayudó a salir del vientre de su madre en Velarde 153, “un solarcito sabroso”. No conoció a su padre biológico, su madre murió cuando tenía nueve años, desde entonces se agarró de la saya de la abuela y no hubo cabildo en Simpson que el niño no visitase.

Fue la abuela quien primero le llamó “Niño” y así quedó para toda la vida, no como un sustantivo cualquiera y colectivo, Santos era su Niño en la más cálida definición de las abuelas.

“Por ella soy quien soy, por ella y por el marido de una prima hermana de mi mamá que me acogió como a un hijo. Ellos me enseñaron lo que era ser rumbero. Recuerdo que  en la casa de Ferminita Gómez estaba el cabildo Olukun y en la de Florita, el bando azul, un cabildo Arará. Cada cual vivía en lo suyo, pero cuando había fiesta todo el mundo iba, se bailaba, se tocaba, se cantaba y venían los santos que tenían que venir.”

– ¿Tú comprendes lo que hablo, no? Me pregunta y me mira a los ojos para ver si allá en el fondo logra ver a la rubia delgada que tiene delante, en un toque de santos de los buenos.

– Claro, claro, “Niño”, lo comprendo. Prosigue, un poco más confiado.

“Creo que no te he contado cómo llegué a Los Muñequitos de Matanzas. La cosa es que yo era tremendo ´espabilao´  y siempre andaba en fiestas, en comparsas, pertenecía a un grupo llamado Los Gastronómicos y como ya tenía una fama en el barrio me llamaron para cantar en el funeral de Juan Mesa, el cantante guía de Los Muñequitos, el mejor inspirador en Cuba. Yo le canté al difunto y quién iba a imaginar que después tomaría su lugar en la agrupación.”

Pero…, ¿qué significa ser cantante guía o inspirador en la rumba?

“Niña tú no sabes na’. El cantante guía es el que pone la diana, la introducción y el montuno, el que inspira, dice la frase y atrás la repite el dúo. Se debe tener claridad en lo que vas a decir. La rumba no es tan fácil como se cree.” 

El “Niño” Pujada es uno de los más antiguos Muñequitos, su voz es tan típica como el toque de un batá, sabe lo que habla y lo que defiende. “La gente dice que si la rumba de La Habana, que si la rumba de Matanzas, yo digo que son diferentes. La rumba habanera es más apurada y la de nosotros es más lenta. Cada cual con su estilo, igual que cuando comparan a Muñequitos con AfroCuba.  Ahh, claro, yo defiendo lo mío.” 

¿Y por eso dice también que Simpson es un barrio más rumbero que La Marina?

“No, eso es una realidad. En Simpson se vive de verdad la rumba, en La Marina también, no lo niego, pero Simpson la supera en ese sentido. Aunque ya no es como antes. Los cabildos  no son los mismos, aunque no lleguen a desaparecer.  Tú te mueres, pero los santos se quedan en el mismo lugar de la casa. Los jóvenes los atienden, siguen la tradición, le dan comida, sin embargo, yo siento que la vida en los cabildos de Simpson ha cambiado.”

El “Niño” Pujada es un niño de 76 años con la tradición acumulada en la voz, en la costumbre de despertarse con su señora en Versalles, del otro lado del río Yumurí y darse siempre una vuelta por el barrio de Simpson para luego bajar hasta La Marina y quedarse en todas las esquinas donde se juegue una partida de dominó con varios tragos de ron. Después…, después podrá regresar y dormir tranquilo del otro lado del Yumurí.

“Que conste que a los 76 años de edad todavía queda mucho por aprender en la rumba, cómo no, yo quisiera llegar a los 80 y con más suerte a los 90, pero será el destino quien diga cuánto más podré aprender antes de que me muera.”

  • Fotos de Abel López Montes de Oca



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