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Tuesday 15 October 2019
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“No me preocupan nuestros jóvenes; serán revolucionarios de su tiempo”

Como ocurre con las historias convertidas en consigna, la de Los 5 pierde mucho de su contenido cuando enarbola arengas oficialistas. La realidad, como casi siempre, supera el celofán de la envoltura por lo que conocer a René González Sehwerert en carne y hueso, sin ningún intermediario, resultó un acto de reafirmación revolucionaria.

La simpatía que generan Los 5 no es más que una manifestación de patriotismo. Saber que hay gente en Cuba que aun está dispuesta a morir por este país estremeció los más hondos cimientos de la identidad nacional. Claro que hay muchas cosas que criticar: la calidad del pan de la bodega, las mentes cuadradas y los baches redondos, el escurrimiento de la democracia por quién sabe cuántos agujeros, pero eso solo lo puede hacer un cubano que vive en Cuba, nadie de “fuera” puede venir aquí y decir que algo está mal y menos los yanquis, con los que no se puede perder ni en la pelota.

René es un hombre con las cosas claras y el político que necesitamos: sencillo, sin nada de “los debiéramos hacer” o “con esfuerzo y dedicación ganaremos la batalla”, sin la camisa a cuadros ni el maletín de la mano. Por supuesto, su trayectoria lo precede y no precisa demostrar nada a nadie quien miró sin miedo a la cara del monstruo y aun salió robustecido y con la moral en su puesto.

Hace mucho entendió que las relaciones internacionales y las contradicciones de sistemas antagónicos se reducían a la aspiración de construir para sus hijas un mundo nuevo, un mundo mejor. El fundamento de la política es la vida misma: Olguita, como llama a la esposa de las mil batallas, Irmita e Ivette, el nieto pequeño, los muertos que descansan en esta tierra y la perenne confianza en el ser humano, aunque vivió en carne propia sus peores pasiones.

El brevísimo encuentro con el Héroe de la República sirvió, no obstante, para esta entrevista que anhelaba desde hacía tiempo, sin embargo, la realidad, reitero, superó cualquier producto de la imaginación.

– ¿Cómo se siente en Matanzas?

-Aquí me siento como en casa. No es la primera vez que vengo, diría que fuera de La Habana es una de las provincias que más visito por la proximidad. Siempre me ha resultado agradable estar aquí, es una pena que estemos tan apurados, ya vendremos con más tiempo.

– René, se encuentra aquí por un motivo muy especial y es el proyecto Cuba en mi mochila, organizado por el Movimiento Juvenil Martiano (MJM) y la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC). ¿Qué opinión le merece esta iniciativa?

-Yo creo en la importancia de dialogar, de explicar, de aclarar dudas, de intercambiar experiencias y de que distintas generaciones de cubanos se conozcan entre sí y se entiendan. La Revolución es un proceso intergeneracional y el diálogo forma parte de ese proceso. Por eso acogí con agrado la invitación del MJM, tenemos un trabajo muy estrecho como vicepresidente de la Sociedad Cultural José Martí. Esta es una forma más de generar el diálogo, debemos seguir explorando otras maneras de expresarnos, creo que es importante y además, necesario.

– Este proyecto nos convida a pensar la nacionalidad, a construirla según las experiencias de cada quien y según elementos que resultan comunes y nos definen como cubanos: ¿qué valores considera que integran nuestra identidad nacional?

-Si hablamos de valores, a mí me parece que el principal es la solidaridad y digo el principal porque yo tengo fe en la comunión de los seres humanos. Creo que en cualquier sociedad se encuentran valores individuales más o menos sembrados que pueden desarrollarse. Todos coincidimos en una serie de valores que son inherentes al ser humano en esta etapa de su evolución. Ser una sociedad solidaria con el que vive al lado, con el que vive un poco más allá, en otra provincia o en las antípodas de tu barrio, esa es la sociedad cubana, gracias a la Revolución. Nosotros heredamos una tradición solidaria, no solamente de nuestros luchadores por la independencia, la heredamos inclusive de los soviéticos, cuando tuvimos esa relación con ellos, pero la hemos enriquecido, la hemos cubanizado y sembrado en cada uno de nuestros ciudadanos. La solidaridad es un valor muy importante.

– En el tiempo que estuvo fuera de Cuba por Cuba: ¿qué llevó de esta Isla en su mochila?

-Me llevé su principal recurso, que son los cubanos, esa gente cálida, que da la bienvenida al amigo, que piensa más allá de sí misma en los demás, pero al mismo tiempo tiene coraje, determinación, valentía para defender su soberanía y sus principios fuera de Cuba. Esa combinación que somos nosotros de generosidad con valentía me enamora, me emociona, me la llevé conmigo, me hizo mucho bien y en los momentos más difíciles siempre encontré en esa combinación, en esa cubanía, en esas imágenes, fuerzas que me hicieron resistir.

– ¿Cuál fue su primer pensamiento cuando llegó a Cuba luego de tanto tiempo ausente, digamos físicamente? ¿Se parecía la Cuba que encontró a la Cuba que dejó,  a ese país que de seguro imaginó y añoró?

-Hay un dicho que dice que el agua nunca fluye por el mismo lugar y eso ocurre en todo. Yo sabía que Cuba estaba cambiando, nos preocupábamos mucho por conocer esas transformaciones por medio de la familia o de la embajada. Las visitas familiares en la prisión eran una fuente constante de actualización. Yo me encontré una Cuba diferente, pero con la misma gente. A veces me digo: un poco más de baches, los edificios más descascarados, pasamos el Período Especial, pero la gente sigue siendo en esencia la misma, ese fue mi primer pensamiento cuando llegué y fue la impresión que más fuertemente se grabó en mí cuando comencé a caminar por las calles de La Habana: encontraba al mismo pueblo, a la misma gente y eso me llenó de alegría.

– ¿Cómo vivió ese tránsito de agente encubierto a personalidad política reconocida internacionalmente?

-No sé si tránsito sea la palabra, probablemente sea choque. Obviamente, éramos agentes encubiertos, la palabra lo dice, nuestra actividad se basaba en el anonimato, no teníamos ningún interés en ser celebridades. Yo estaba muy tranquilo con mi vida y de pronto se produce esto que nos pone en la mente de las personas. En ese momento uno tenía cosas más importantes de las que preocuparse, la preocupación fundamental fue representar a Cuba con dignidad. Desde el primer momento nos dimos cuenta de que se había producido un cambio de trinchera y pasamos de la clandestinidad a la trinchera del preso que sabe que va a enfrentar todo el odio del imperialismo, todo el ensañamiento. Además, lo dejaron bien claro desde el primer momento, en eso no había dudas, incluso yo le agradezco la sinceridad, lo principal era estar a la altura de ese momento. Sabíamos que por nosotros se estaba catando el compromiso, el coraje, la determinación de un pueblo. Luego vino la celebridad, pero eso fue primero, después debíamos mostrarle a los fiscales, al gobierno de los Estados Unidos que estaba lidiando con cinco revolucionarios que serían consecuentes con la historia de su país, con sus padres, con la Revolución.

– René, próximamente se publicará un libro sobre el juicio de Los 5…

-Este es un diario que yo escribí durante el juicio, de hecho en los primeros días después de que se dio a conocer el caso, se utilizó en la Mesa Redonda para ambientar el proceso e introducir a los cubanos en la corte. Fue una promesa que yo le hice a Olguita, cuando la detuvieron y la deportaron, de que yo le iba a contar todo lo que pasara y así fue. El juicio finalmente se extendió por siete meses y el texto terminó siendo un manuscrito de casi dos mil páginas. Lo editamos un poco, pero tratamos de que no se perdiera la esencia, lo más importante es que muestra la parte oscura del caso. Por lo general, cuando se denuncia lo que sucedió se apela a la parte legal, pero el día a día de la conducta bochornosa, criminal de los fiscales casi no se conoce; son temas que en el diario se ventilan. El texto compila mucha información, se sale del juicio, los hechos son puestos en contexto para que el lector entienda realmente qué fue lo que ocurrió. Espero su publicación para mediados de este año.

– ¿Qué cree de las relaciones Cuba-Estados Unidos en este contexto tan peculiar: primera vez sin Fidel y con un mandatario como Donald Trump en la presidencia de los Estados Unidos?

-Donald Trump cometió un error grave al meterse con Fidel, me parece que fue una torpeza política de un, en ese momento ya,  presidente electo. Debió haber sido más inteligente, fue algo que nos abrió los ojos, luego de esta aparente luna de miel con Obama. Creo que también hay que darle el beneficio de la duda, dejarlo actuar, ojalá y se aconseje y no rompa con este proceso que en definitiva va en la dirección histórica correcta. Los estados deben resolver sus diferencias de una manera civilizada, creo en las relaciones diplomáticas, en las relaciones comerciales con todos los países. Cuando nosotros mandamos un médico a Pakistán, no se le pregunta al paciente si es comunista, simplemente se le cura. Me parece que esa es la relación civilizada que debe existir entre naciones con diferentes sistemas porque, de lo contrario, terminaríamos aniquilándonos los unos a los otros en el planeta y con nosotros, nos llevaríamos todas las formas de vida. Yo pienso que la política que inició Obama, aun cuando sepamos que se mantienen las mismas intenciones, debe continuar, deseo que Trump no se interponga en ese camino para que los dos países encuentren las maneras de entenderse.

– René, ¿cuál consideras sea el mayor reto para la juventud cubana de estos tiempos?

-Yo prefiero pensar cuál es el principal reto nuestro. Yo creo que si nosotros, nuestros padres, hacemos lo correcto, hacemos bien las cosas, la juventud cubana no va a tener ningún problema. El reto más inmediato es aprovechar el tiempo que nos queda como seres activos para que la juventud herede la Cuba que ella necesita. Si nosotros lo hacemos bien, la juventud va a estar a la altura de su tiempo y será digna de ese legado. Yo no tengo muchas preocupaciones con los jóvenes de hoy, lo importante es que nosotros hagamos las cosas con tino. Esta situación es complicada, compleja, requiere mucha inteligencia, andar con cuidado, pero tampoco dormirnos. Reitero: no me preocupan estos jóvenes, serán revolucionarios de su tiempo.




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