Search
Tuesday 15 October 2019
  • :
  • :

Barbarito Diez: ¿Música de viejos?

¿Qué pasará cuando los nietos de los que hoy tenemos veinte te disparen a quema ropa con la bala de los años?  Ni Buena Fe, ni Descemer Bueno, ni Gente de Zona, eso es música de viejos.

Para ese entonces quizás vuelvan a la mente algunos pasajes de la juventud,  cuando nosotros también nos creímos blindados al tiempo.

Barbarito Diez debió ser algo así como el Leoni Torres de su época (la comparación no tiene ánimos de balancear el talento musical); sin embargo, a la luz implacable de este siglo, Barbarito Diez es música para abuelos.

El ciclo es tan infinito como la vida misma sobre la tierra y tan aceptable como la convergencia de que, en este preciso segundo, alguien puede agonizar mientras una mujer entra al salón de partos.

¿Por qué hablar ahora de Barbarito Diez? Porque a la luz implacable de este siglo, tiene que importar el pasado sobre todo cuando la historia es de altos quilates, por ejemplo, como los quilates en la voz de oro del danzón.

Lo primero que dijo Barbarito Diez cuando logró que una orquesta le contratase a los veinte años fue: “No se tocar las maracas, ni las claves y mucho menos la guitarra.” Demasiada sinceridad  para un obrero que soñaba con ser cantante y había llegado a La Habana a probar suerte, con el olor todavía de la caña cortada en la última zafra.

Pero Barbarito no necesitaba clases de solfeo, porque tenía el talismán en las cuerdas vocales. Así lo comprendió Graciano Gómez, quien lo aceptó en su trío hasta que Barbarito conociera en el bar Vista Alegre a Antonio María Romeu y este le propusiera trabajar como voz solista de su conjunto, que después de la muerte de Romeu pasó a llamarse Barbarito Diez y su orquesta.

Danzones, boleros, cantados por una voz “insólitamente hermosa” o “voz de cristal”, como también ha sido catalogada, al punto que desplazó en el hit parade a no pocos cantantes de la época.

Si matancero era el danzón, matancera debía ser la voz de oro que lo cantase. Y es que Barbarito Diez es de los nuestros, nacido en Bolondrón, aunque solo vivió allí sus primeros cuatro años. Por los quilates de su garganta y porque es matancero, se debe hablar de Barbarito Diez.

Y cuando los nietos de los que hoy tenemos veinte te disparen a quema ropa con la bala de los años, que Silvio Rodríguez, Buena Fe, Descemer  Bueno, Gente de Zona, eso es música de viejos, entenderemos nosotros lo que ahora bien saben nuestros abuelos: la vida es un banco de recuerdos de papeles que siempre terminan amarillos, de sabores, olores, sonidos, de algunas canciones… Todo, absolutamente todo, hablará al futuro de lo malo y lo bueno que supimos hacer.




Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Mostrar Botones
Ocultar Botones