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Tuesday 15 October 2019
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El Bonaparte benévolo de la música

José Antonio Méndez Padrón lleva por apellidos dos amuletos culturales, pero esa es otra historia, la de sus padres: José Antonio Méndez Valencia, director del Coro de Cámara de Matanzas y Lilian Padrón, bailarina y coreógrafa, al frente de la compañía Danza Espiral. Aunque nunca le molestó que le conocieran por ser el hijo de Méndez o de Lilita, su éxito en la dirección orquestal ha invertido el epíteto, porque ahora son ellos, los padres de Pepito.

Director y fundador de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de las Artes, adjunta al Lyceum Mozartiano de La Habana, José Antonio Méndez Padrón constituye una de las figuras jóvenes más reconocidas en dirección de orquestas, tanto en Cuba como en numerosos escenarios internacionales.

Con apenas 32 años ha estado en el Olimpo de la música clásica, pero si se hubiera empecinado en un sueño infantil, quizás fuese ahora el jardinero central del equipo de pelota de Matanzas.

-¿Cómo llegas a la música? ¿Por vocación o porque “te tocaba”?

-Realmente lo que me gustaba de niño era ser pelotero. En esos años Henequeneros ganaba casi todos los juegos y estaba inspirado; pero mis padres eran artistas, por lo que asistía a conciertos desde pequeño y aunque parezca que no, eso te inculca el amor por el arte en sentido general.

-Empecé a cantar en el coro infantil del Centro Coral de Matanzas y luego de participar en la primera edición del Festival Infantil Cantándole al Sol, deslumbrarme con el escenario, las luces, los aplausos, le dije a mis padres: -además de la pelota quiero estudiar en la escuela de arte. A partir de ahí se acabó el deporte y la música me ocupó ciento por ciento.

-Tu padre es un excelente músico y Lilian una reconocida bailarina y coreógrafa, ¿nunca consideraste una carrera en la danza?

-No, en lo absoluto (sonríe), no estoy dotado de ninguna de las cualidades para ser bailarín.

-Hablas sobre tu decisión de estudiar música, pero, ¿por qué la dirección orquestal específicamente y no un instrumento?

-Yo me inicié en dirección coral y siempre digo que cantar en el Coro de Cámara de Matanzas, con mi padre como director, fue mi mayor escuela. Te educa el gusto, te hace escuchar a las personas a tu alrededor y te forma una concepción musical más abarcadora.

-Cuando estudiaba en la Escuela Profesional de Arte de Matanzas el maestro Enrique Pérez Mesa fue designado como director de la Orquesta Sinfónica Nacional. Ante esa circunstancia, asumí  la dirección de la orquesta de cámara de la escuela casi sin saber, solo apliqué los conocimientos que poseía del coro. Luego tomé clases con el propio Enrique Pérez Mesa y  Alberto García, director del Quinteto Fantasía, para ingresar al Instituto Superior de Arte en la especialidad de Dirección Orquestal.

-Sé que has estado en numerosos escenarios internacionales. ¿Cuáles son tus referentes?

-Por suerte he tenido la oportunidad de estudiar con distinguidos profesores como Jorge López Marín y María Felicia Pérez, en Cuba y además he recibido clases en el extranjero, en varias universidades de Estados Unidos, en la Universidad Mozarteum de Salzburgo, en el Conservatorio Superior de Música de Viena.

-Cuando llegas a estos países, que indudablemente son el número uno en la música clásica (Alemania y Austria), piensas en tus ídolos, los que escuchas en CD: la Filarmónica de Berlín, la de Viena, como un referente inalcanzable. Por supuesto que hablamos de orquestas de un nivel extraordinario y tener contacto con ellas, presenciar sus ensayos, sus conciertos,  me han ampliado la visión y concepción de lo que es el trabajo con las orquestas y sobre todo, adónde quiero llegar.

-¿Crees que estamos atrasados con respecto al mundo?

-Casi siempre tomamos de referencia los discos, porque no todos tienen la posibilidad de disfrutar de un concierto de la Filarmónica de Berlín en vivo, porque la entrada es cara y además, porque está en Berlín; sin embargo, los discos no son un producto confiable en cuanto a la calidad de cualquier músico, pues se editan, se corrigen y lo que oyes es un trabajo casi perfecto.

-Por lo general creemos que si no llegamos a ese nivel estamos mal y no funciona así. Siempre aconsejo a mis músicos no dejarse llevar por las grabaciones y valorarse a sí mismos. Cuando tienes la posibilidad de ver a esas orquestas, te percatas de que son músicos extraordinarios, pero también seres humanos que se equivocan, desafinan en cierto momento, tienen días buenos y malos.

-En comparación con el mundo nuestro nivel es bueno en cuanto a la formación técnica y al talento musical. De hecho, a los directores extranjeros siempre les impresiona el talento natural y la musicalidad de los cubanos. Ahora, en cuanto al nivel de información y las nuevas tendencias de interpretación de la música clásica, sí estamos bastante atrasados. No puedes estar a la par con el mundo cuando no accedes al referente de lo que pasó hace cinco años.

-Siempre me he preguntado cómo percibe la música un director de orquesta, cómo la siente, teniendo en cuenta que lleva en sus manos la batuta.

-En mi criterio, lo que marca la diferencia es la personalidad. Tú puedes ser un buen músico, pero tal vez no eres líder. Debes buscar que te sigan, no se trata de obedecer, sino de convencer.

-Un director de orquesta es como un líder de un equipo de pelota o de un ejército. Más  allá de lo profesional y lo técnico, se precisa saber transmitir, llegar a las personas sin ser un tirano ni un blando. Cuando logres ganarte su respeto, puedes pedirles que toquen de cabeza con el arco en los pies y lo van a hacer por convicción, esa es la clave del éxito.

Se suelen escuchar historias sobre el éxito internacional de José Antonio Méndez Padrón en la dirección de orquestas, pero se vuelven realmente auténticas cuando el joven que habla, alza la batuta y en ese instante, cada sonido que percibas responderá a su orden, al torbellino de sus manos en el aire como un Bonaparte benévolo frente a un ejército de músicos.

  • Fotos de Abel López Montes de Oca e Internet




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