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Saturday 25 November 2017
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Un llamado a la reflexión para combatir el abuso y maltrato a la vejez a escala mundial

Ayer 15 de junio se celebró el Día Mundial de la Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, una oportunidad para visibilizar y reflexionar sobre esta triste realidad, que afecta la salud y los derechos humanos de millones de personas mayores en el paneta y por tanto merece la atención de la comunidad internacional.

Por todos es conocido que Cuba envejece a un ritmo notable, que casi el 20 por ciento de la población es de la tercera edad y que los pronósticos advierten que en el 2025, cuando sean mil 200 millones las personas ancianas en el mundo, más del 30 por ciento de los cubanos aportará cifras a ese listado con 60 años y más.

El envejecimiento poblacional en el país, que  exige desde hace años a nuestro Gobierno Revolucionario el aumento de los gastos de la seguridad y la asistencia social, los servicios médicos y la atención especializada, plantea retos aún mayores y más difíciles a la sociedad cubana actual, como son,  garantizar la  incorporación activa de las personas de la tercera edad a la vida social y familiar, y garantizarles más espacios y vías adecuadas para la satisfacción de sus necesidades.

El programa de atención integral al adulto mayor, concebido por el Ministerio de Salud, los círculos de abuelos, las llamadas universidades del adulto mayor, son, entre otras iniciativas  similares, las medidas y alternativas adoptadas  para elevar la autoestima y la valoración de nuestros ancianos.

Humillaciones, insultos, desvalorizaciones, rechazo, irrespeto a la intimidad, administración del dinero, gritos, descuidos intencionales, burlas  y abandono son algunas de las muestras de maltrato que padecen no pocos ancianos en sus hogares, según estudios recientes de especialistas en Gerontología.

Es cierto que en ocasiones la prisa de lo cotidiano y las dificultades económicas del día a día nos hacen olvidar las necesidades especiales y el tratamiento diferenciado que debemos brindar a las abuelas y abuelos, pero es menester multiplicarse ante las vicisitudes  y  prestarles el tiempo que requieren, el mismo que casi seguramente ellos también nos prodigaron a nosotros en la niñez y adolescencia.

La protección social que el gobierno cubano prioriza para los adultos mayores debe hallar una correspondencia adecuada en la actitud individual de los miembros de la familia, que deben garantizar esa atención desde el propio hogar.

Mas allá del esfuerzo estatal y la voluntad de las instituciones, se requiere de una gran transformación cultural y social con cambios de opiniones, actitudes y prácticas que lleven a una imagen más humana del envejecer, que permita además la construcción de una sociedad inclusiva en la que no haya lugar para la discriminación por edad y sí lograr la dignidad y el respeto pleno de las personas ancianas.




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