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Monday 23 September 2019
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Un museo con múltiples lecturas: de la esclavitud a la cultura

Los años 40 del siglo XIX marcaron la historia del antiguo ingenio Triunvirato, ubicado en el municipio Limonar, con las sublevaciones de los esclavos de esa plantación a los que le imponían torturas y crueles castigos, catalogadas como las más importantes acontecidas en el país, pues demostró las nuevas tácticas de las que se valieron  para enfrentarse a la explotación a la que eran sometidos.

En el sitio donde por esos años la tierra se abonó con sangre negra, hoy se encuentra situado el Museo al Esclavo Rebelde, como digna recordación a los gladiadores de la libertad, como los llamó Fidel.

Dos salas ambientadas al estilo de la época y una dedicada a recordar los vejámenes de la esclavitud reciben a los visitantes en el inmueble, como huella insoslayable de las atrocidades humanas por mantener el poder.

“Las características de los muebles responden a dos tipos de estilo: un grupo es de perilla y el otro con trabajos de marquetería. El comedor cuenta con cristalería de diferentes manufacturas, procedentes de Estados Unidos, Inglaterra, Palestina. La vajilla que se exhibe es inglesa y los cubiertos son de plata. En la sala de esclavitud se muestran objetos que fueron utilizados en este ingenio, procedentes del museo de Limonar.

“Este lugar reviste gran importancia histórica al poder mostrar salas con piezas que responden a un modo de vida característico de una época. Es bueno que los visitantes y en especial los niños conozcan cómo las clases sociales más altas pudieron enriquecerse a costa del trabajo y el sufrimiento de otros hombres”, explicó Belkis García Díaz, directora del Museo al Esclavo Rebelde.

Durante el año 2014 la casona donde estuvo ubicada la residencia del mayoral, hoy convertida en el Museo Operación Carlota, fue favorecida por un proceso de restauración capital que en el 2015 benefició también a la entonces ruinosa casa de vivienda, mientras que el Monumento al Esclavo Rebelde recibió profundos trabajos de conservación.

Con la intervención de los inmuebles se rescató un lugar de incuestionable valor histórico y patrimonial, el cual representa un símbolo de rebeldía. No por casualidad se enarboló el nombre de Carlota como símbolo de la operación que dio inicio a la Misión militar cubana en Angola hace más de 30 años.

Estas acciones propiciaron un mayor influjo de visitantes nacionales y extranjeros. “La visitas aumentaron considerablemente desde el 2015, incluso desde el mismo momento en que sucedía esta restauración ya habían bastantes personas interesadas en conocer el inmueble y su historia.

“Durante ese período llegaron hasta aquí cerca de 10 mil personas y en el año 2016 sumaron  más de 9 mil. Estas visitas se incluyen como parte de rutas que llegan desde Matanzas y Limonar, independientemente de las que llegan procedentes de otras provincias de Cuba”, agregó García Díaz.

Sin embargo, hay que destacar que aunque existen proyectos por parte de la oficina provincial de Patrimonio y Sitios Históricos para comercializar la institución, con el propósito de difundir sus colecciones y generar ingresos para el mantenimiento del propio inmueble, hasta la fecha no se han concretado convenios con el ministerio de Turismo para favorecer el incremento y desarrollo de rutas históricas hacia el sitio.

Valorado por Eusebio Leal, Historiador de la Ciudad de La Habana, como “una institución muy virgen de la que mucho hay por investigar y comprender”, el Museo de Triunvirato trasciende también debido a que allí se recoge igualmente parte importante de las memorias de la colaboración cubana durante la guerra por la liberación de Angola.

“Atesoramos pertenencias de combatientes cubanos que participaron en las luchas independentistas del territorio africano. Entre ellos hay chapillas, libros, medallas y armamentos. También exhibimos la palanca negra, símbolo de Angola.

“En la Sala Operación Tributo se muestra una lista que contiene los nombres de los más de mil combatientes cubanos que participaron en la misión”, describió María Regla Cobas, veladora en el Museo Operación Carlota.

Dentro de varios años, cuando las fuentes orales y las memorias vivas de los abuelos se apaguen, inmuebles como este contribuirán a reflejar con letras luminosas el pasado histórico de Cuba, les contará a las futuras generaciones quiénes fuimos y somos hoy.

Esa también constituye la prioridad de la labor comunitaria del museo, agregó Belkis. “Tenemos círculos de interés en las enseñanzas primaria y secundaria. Programamos actividades con los estudiantes en la escuela y también en el museo, también en los meses de verano intensificamos nuestras propuestas; además estamos insertados en la Ruta del Esclavo,  con­ sede en el Castillo de San Seve­rino.”

La ceiba, elemento asociado a las creencias religiosas de las culturas africanas asentadas en Cuba, despide el recorrido por la institución. Quizás sobre los mismos pasos con que hoy los visitantes rodean el imponente árbol 3 veces antes de pedir un deseo, en aquella lejana época de esclavitud, muchos hombres y mujeres ofrecieron sus cantos para invocar el cumplimiento de su sueño más preciado: la libertad.




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