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Monday 23 September 2019
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Cubanos en Salón de la Fama del béisbol mexicano

Durante muchos años los cubanos dieron prestigio al béisbol en México, que tuvo su primer campeonato profesional en 1925 y que ha continuado hasta nuestros días.

En esa etapa inicial de la pelota azteca los máximos exponentes de calidad de nuestro pasatiempo nacional, luego de participar en los certámenes del patio o de las Ligas Negras de los Estados Unidos, eran admitidos en los campeonatos mexicanos.

De aquellas primeras décadas destacaron Ramón Bragaña, el matancero Martín Dihigo y Lázaro Salazar, que lo hicieron principalmente como lanzadores y directores de equipos.

La idea del Recinto de la Fama de México fue lanzada en 1939 por Alejandro Aguilar, “Fray Nano”, en el periódico La Afición, para, por medio del voto popular, elegir a los cinco mejores jugadores mexicanos desde 1925.

Aquellos primeros seleccionados fueron Lucas Juárez, Antonio Delfín, Julio Molina, Leonardo Alanis y Fernando Barradás. En el estadio Delta, de Ciudad de México, se develó una tarja con sus nombres.

Hasta 1964 fueron exaltados otros 22 peloteros, reconocidos por la Asociación de Cronistas de la Ciudad de México y que al fundarse en Monterrey, Nuevo León, el edificio del Salón, el 10 de marzo de 1973 fueron incluidos. Entre ellos aparecían los cubanos Dihigo, Bragaña y Salazar, iniciadores de una lista que llegó a 16 compatriotas en los siguientes años.

Al crearse el Comité Elector en ese 1973 se escogieron a tres jugadores, el mexicano Daniel Ríos y los cubanos Agustín Bejerano y al Gigante del central Senado, Roberto Ortiz.

El siguiente cubano en ser inmortalizado fue el manager Agustín Verde, en 1974 y tres años más tarde se le dio este privilegio al jardinero Santos Amaro.

Otro matancero, Basilio “Brujo” Rosell, excelente lanzador, se convirtió en el octavo isleño en ser inmortalizado, cosa que sucedió en 1979. En 1982 recibió la distinción el jugador de cuadro y
jardinero Mario Ariosa.

Adolfo Luque se convirtió en el tercer manager cubano en ingresar al recinto sagrado en 1985, junto a Lázaro Salazar y Agustín Verde, según la Enciclopedia del Béisbol Mexicano y su coterráneo Lino Donoso resultó privilegiado en 1988.

No podía faltar en el listado el destacado árbitro Amado Maestri, exaltado en 1990, “recordado por aquel histórico capítulo al expulsar del terreno al magnate Jorge Pasquel, cuando este era la mera ley en el circuito”.

El segundo árbitro sería Armando Rodríguez quien dedicó 42 años a este trabajo y logró la distinción dos años más tarde.

El afamado inicialista René González fue inmortalizado en 1993, uno de los ídolos legendarios de aquel béisbol. En la Liga Mexicana aparece entre los mejores bateadores de todos los tiempos con 328 de porcentaje.

El periqueño Orestes Miñoso, según datos del periodista mexicano Jesús Alberto Rubio, “su calidad como pelotero, su entrega en el diamante y su determinación como beisbolista le dieron un sitio privilegiado en el Salón de la Fama del Béisbol y su Pabellón de Inmortales, al cual ingresó en 1996”.

Andrés Ayón, excelente lanzador en ese país, Cuba y Estados Unidos y único del grupo que dirigió en la pelota revolucionaria cubana, fue incluido en 1997.

Con él se cierra el ciclo de los 16 cubanos que poseen una placa en el Nicho de Inmortales del Salón de la Fama de México.



Comentarista-narrador deportivo en Radio 26. Matanzas. Cuba. Vive en Matanzas


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