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Wednesday 17 July 2019
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Cantos de sirena en los festejos populares

Una tradición está dada por aquellas prácticas que se perpetúan con el paso de los años. Son transmitidas de generación en generación con un alto grado de reconocimiento e identidad.

Todo aquello que desvirtúe las esencias del legado cultural arraigado, lo convierte en una sombra del pasado, un recuerdo infiel de las tradiciones de nuestros abuelos, según las consideraciones de Ercilio Vento Canosa, Historiador de la Ciudad de Matanzas.

“Toda tradición que se interrumpe pierde estructura y eso lo que arriesga es que la renovación de esa tradición, que ya se convierte en la recuperación casi arqueológica de ella, se transforme en una caricatura de lo que fue. Se rescata como una tradición que no es, pues no está inserta de una manera consciente dentro de la población. ”

Algo así ocurre con los carnavales, tradiciones antiquísimas referidas a una etapa de libertades supremas, luego de los días religiosos de abstinencia y antes de Semana Santa.

“El carnaval es una fiesta que tiene relación con el comienzo de la primavera, por lo tanto JAMÁS deben realizarse en verano. Se cambian de fecha en Cuba cuando se produce la zafra de los diez millones, cuando fue necesario hacer un año de 18 meses y se trasladaron las festividades para el mes de agosto.

“Antes era una fiesta familiar. Antes de comenzar el paseo propiamente dicho los dueños de automóviles recorrían la ruta que se seguiría después.”

Antaño, las diferentes entidades comerciales preparaban sus carrozas, lo que propiciaba una gran cantidad de ellas, ataviadas desde el buen gusto de sus creadores.

“Los carnavales en Matanzas tuvieron una esencia donde el peso económico de comerciantes y la burguesía de la época era determinante. Yo recuerdo la Arechavala, la Polar, la Cristal, la Hatuey. Al desaparecer las asociaciones, los gremios, los comercios, las comparsas se convierten en fenómenos más populares y se mantuvo la estructura un tiempo hasta que desaparecen ciertos elementos distintivos.

“Generalmente una de las bandas que abría el carnaval era la de la Escuela de Comercio, bajo la dirección de Francisco Alderete. Era un conjunto enorme, ataviado con vestuarios sorprendentes con tambores granaderos, redoblantes…

“Entonces se desestructura el carnaval debido a la situación económica complicada que afectó a Cuba por aquellos años. Las carrozas se simplificaron mucho también.”

Según rememora el también investigador y profesor, las comparsas no fungían como centro de atención de los carnavales porque “tenían un componente étnico y gremial, pero se separaban de la estructura del carnaval; por ejemplo, arrollar detrás de la comparsa era marginal.”

Otros elementos distintivos de los jolgorios populares desaparecieron poco a poco debido a prejuicios y desviaciones conceptuales de sus originales propósitos. En ese caso se encuentra la reina del carnaval.

“Se entendió que la palabra reina se refería a un concepto pequeño burgués y que se reducía a la mujer a una cuestión en la que solo se apreciaba lo puramente estético. Eso no es cierto, porque las personas que se seleccionaban tenían que demostrar cultura, refinamiento, educación. No era cualquier esperpento que bailaba con poca ropa. Era una actividad de una participación popular impresionante.

“Después se cambia por la Estrella y los Luceros y también eso, lamentablemente, desaparece.”

Así es que la celebración, por múltiples causas, desde malinterpretaciones e insuficiencias económicas hasta la variedad de concepciones de quienes los organizan, se ha perdido entre los albores del pasado convirtiéndose en festejos populares que, a veces, rozan con la vulgaridad.

“Se hicieron carnavales en Matanzas con un lucimiento muy grande y podría referirme al primero después del triunfo de la Revolución, que fue extraordinario, uno de los más grandes y más bonitos. Incluso recuerdo uno saliendo desde la Calzada de Tirry, dando la vuelta hasta la calle América.

“En 1969 no se hizo carnaval, sino un paseo por la Calzada de San Luis y existió un período en que tampoco se realizan y se convierten en algo que, para mí, no tiene nada que ver con la cultura matancera, que es la trocha del comestible.

“En sus inicios este tuvo un propósito de diversión popular con el confeti, la serpentina, el pito, la matraca, la careta, el disfraz que también desapareció, que formaban parte del jolgorio popular.

“Si queremos hablar de carnavales tradicionales entonces hay que hablar de eso, pero entonces se ha convertido en una actividad fundamentalmente etílico-gastronómica con espectáculos que son realmente penosos.”

Sin dudas, actualmente los festejos populares contribuyen a reforzar las debilitadas economías de municipios al concentrar las ofertas gastronómicas, culturales y recreativas, incluso procedentes de otros territorios.

No se trata de ensalzar modos de vida o estrategias económicas del pasado cubano, sino de no dejarse embobecer con los violines de las disfrazadas festividades, ni embriagarse con el supuesto ambiente de alegría producto del divertimento popular.

Aunque el entretenimiento de la población se mantiene como prioridad de estas festividades y en algunos sitios matanceros se dedican ciertos espacios al rescate de prácticas y creencias propias, las fiestas populares, ya no más carnavales, distan mucho de las que, realmente, respondían a una tradición arraigada en el imaginario de una nación donde los carnavales fueron la mayor y más fastuosa fiesta de la sociedad.




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