Espero que no me tomen a mal y mucho menos piensen que necesito un psiquiatra, solo porque a mí me gusta estar cerca de Irma. A decir verdad, no la creo destructiva, ni violenta, ni tampoco peligrosa y ¿saben? Ojalá se quede entre nosotros para siempre.
Claro que les hablo de Irma Aportela, mi maestra de cuarto grado, allá en San Antonio de Cabezas. Por estos días su nombre azota mi memoria, pero con fuertes ráfagas de hermosos recuerdos.
La que les muestro es una Irma muy diferente y sobre todo muy disciplinada. Desde que se enteró de las primeras alertas para el territorio comenzó a ejecutar las medidas profilácticas para proteger a su familia y a sus bienes materiales. Nos cuenta que, como todos los que vivimos en las zonas en riesgo, aseguró puertas, ventanas y protegió muy bien su tanque elevado para el almacenamiento de agua.
Irma ademas se apoyó en los vecinos de su barrio Enrique Villuendas, en el poblado unionense de Cabezas, para realizar la poda de las dos matas de mango y la de aguacate que tiene en el patio de su vivienda, con el propósito de que los fuertes vientos de su tocalla no causen daños a su morada y tampoco a las colindantes.
La protagonista de este trabajo corrobora que el cubano no pierde el humor y la picardía, ni siquiera en los momentos mas difíciles, por eso no es extraño que por estos días se haya ganado el apodo de Irma, la peligrosa. Confiesa que más de uno le pidió que aflojara un poco, que girara más hacia el norte o que fuera buena y se portara tranquilita.
Irma esboza una tenue sonrisa, para luego ponerse seria e insistir en la importancia de haberse mantenidos informados acerca de la trayectoria del huracán; haber cumplido estrictamente con las medidas orientadas por el Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil y desplegar el accionar necesario para no lamentar pérdidas humanas y proteger los bienes materiales.
Sin dudas todas las Irmas no son iguales, así que les sugiero sigan el ejemplo de Irma, la buena para que se protejan de la mala.






















