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Tuesday 26 November 2019
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Memorable estancia de Fidel en el barrio de Harlem

En 1960, Fi­del Castro Ruz partió rum­bo a Nueva York  al frente de la delegación cu­bana que participaría en el XV Periodo de Se­siones de la Asamblea General de la Orga­ni­zación de Naciones Unidas (ONU).

La Revolución tenía poco más de año y medio en el poder y ya se hacía evidente  la oposición del gobierno norteamericano al proceso naciente. Un hostil ambiente anticubano era sembrado a través de la prensa y las declaraciones de los voceros del gobierno estadounidense.

Había bastado el anunció de que Fidel asistiría a la ONU  para que el presidente Eisenhower adoptara un conjunto de medidas con el fin de aislarlo y limitar su contacto directo con el pueblo norteamericano.

Más de 500 policías y un número indeterminado de agentes secretos del Departamento de Estado, esperaban a Fidel en el aeropuerto. También allí millares de simpatizantes y miembros del Comité Pro Trato Justo para Cuba aguardaban por el entonces primer ministro de la isla y, en caravana de automóviles, lo siguieron hasta el hotel Shelburne situado en las calles 37 y avenida Lexington. Ellos eran los verdaderos guardianes del máximo líder de la Revolución Cubana.

El lunes 19 de septiembre sucedió un he­cho insólito: la gerencia del Shelburne le no­tificó a la delegación cubana que debía abandonar el inmueble, al tiempo que se ne­gó a devolver los 5 000 dólares que la delegación había depositado como garantía de pago. No era un hecho aislado. Los dueños de los más céntricos hoteles neoyorkinos también se negaron a hospedar a la delegación cubana. El único que ofreció sus servicios exigió condiciones humillantes.

Mochila al hombro y con traje de campaña, el líder del pueblo cubano irrumpió entonces de improviso en la Organización de Naciones Unidas y planteó su determinación de acampar en los jardines de la sede del organismo mundial. Inmediatamente se hizo patente la solidaridad de la comunidad latina y la afronorteamericana.

La delegación cubana fue invitada a alojarse en el Hotel Theresa, en pleno corazón de Harlem, el barrio pobre de los negros neoyorquinos. Entre los coordinadores de aquella acción estaba Malcolm X, por aquel entonces dirigente de la Nación del Islam y devenido después en notorio activista por los derechos humanos.

El primer y único  encuentro entre estos dos líderes fue fraterno y abarcó numerosas reflexiones filosóficas y políticas. Se habló de Cuba, del pueblo negro norteamericano, de África, del racismo y de la solidaridad.

Así comenzó la memorable estancia de Fidel y la delegación cubana  en los Estados Unidos, que se extendió por diez días y tuvo como momento crucial su intervención ante la Asamblea General de las Naciones Unidas el 26 de septiembre de 1960. En su discurso rompió tres reglas: no lo escribió, se presentó en uniforme de campaña y duró cuatro horas y veinte minutos. Además, fue interrumpido treinta veces por los aplausos de los presentes, hecho insólito en la historia de la ONU.

Años después,  cuando en 1995 asistió a los festejos por el aniversario 50 de las Naciones Unidas, ­ reunido con Lucius Walker y los Pastores por la Paz, Fidel les contó cómo 35 años atrás tuvo que refugiarse en Harlem en una época de lucha muy dura por los derechos civiles y contra la discriminación. Les relató sobre su nueva visita al barrio neoyorkino: “Me reuní con los de Harlem, ¡qué placer!, ¡qué cariño encontré allí!, […] Pocas veces en mi vida he visto tanto entusiasmo, tanto afecto y tanto apoyo.




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