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Wednesday 18 September 2019
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Muere destacado barítono matancero

En la madrugada de este 9 de octubre murió el destacado barítono matancero Gustavo Álvarez, a los 74 años de edad, a consecuencia de una efermedad cardiovascular.

La cultura matancera y cubana pierde una destacada personalidad del arte, fundador del teatro lírico  Nacional y del de Matanzas, una reconocida voz  en traviattas, óperas y zarzuelas, las que interpretó además por 20 años en el lírico de Colombia.

Su esbelta estatura artística y tamaña cualidades vocales hicieron de Gustavo Álvarez, una figura indispensable en la escena nacional e internacional. Así su elocuente trayectoria en las tablas recoge su participación en 1991 por  28 ciudades de Italia con la Compañía Internacional de Operetas Cuba-Italia, dirigida por Carlo Rivolta.

La emisora Radio 26 hace llegar a sus familiares y amigos nuestras condolencias y pone a disposición de los lectores un trabajo publicado recientemente por la periodista Dunielys Díaz, titulado:

Gustavo Álvarez: un hombre con voz de tormenta

Ha dicho que no volverá a cantar. El barítono Gustavo Álvarez sabía que esa era la última noche sobre el escenario y la voz no le tembló ni siquiera en ese minuto definitivo en que un hombre decide el final. “No vuelvo a cantar.”

Desde entonces ha intentado seguir las costumbres de la edad, despertar tarde en la mañana, ocuparse de los nietos, visitar de vez en cuando a su hija y tenderse sobre la cama a mirar viejos videos en los que canta, videos que ya casi no tiene a quien mostrar. Algunas veces llega un homenaje exiguo en la ciudad desagradecida que recuerda tan poco a los únicos hombres y mujeres que hasta hoy le han dado a Matanzas su Teatro Lírico.

Pero es demasiado reposo en la garganta de Gustavo. Cuando alguien decide una última vez es porque ya tiene suficientes historias cabalgándole dentro.

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El día que Benny Moré falleció, justo al lado de la clínica, Gustavo Álvarez se preparaba para debutar en el coro de la Ópera Nacional. Aunque eso de ser cantante lírico parezca tan elitista y europeo, muchos periódicos y perfumes tendría que vender el muchacho de Alacranes para llegar hasta ahí.

“Realmente la primera vez que canté en público, además de en las misas de la Iglesia, fue en la entrega de una Casa Fab a una señora de Unión de Reyes. Un buen día me fui a La Habana a probar suerte, recuerdo que vivía en la casa de unos tíos en Marianao y uno de los vecinos del edificio trabajaba de utilero en CMQ. La cosa fue que yo estaba cantando en el baño y él me escuchó:

-¡Eh! ¿Y ese que canta quién es? Le preguntó a mi tía.

-Es mi sobrino de Unión de Reyes que tiene 14 años.

-¿Y por qué no le dices que se presente al concurso de José Antonio?

Por esos trillos llegué a La Corte Suprema del Arte.”

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Nervioso como cualquier guajiro en la capital, aun más en televisión, Gustavo ensayaría durante tres largas semanas Ya que te vas, de Fernando Albuerne con Isolina Carrillo al piano. Sin embargo, cuando llegó el gran día….

“Se me olvidó por completo la canción. Me quedé en blanco. Pero me dije: ´Gustavo, tú no puedes pasar esta pena´ y rápidamente contesté que cantaría Júrame. Me preguntaron en qué tono y yo que no entendía nada de eso atiné a decir: ´En el que lo canta Manolo Álvarez Mena´. ”

Con apenas 14 años ganaría el concurso en La Corte Suprema del Arte en su segunda edición,  por lo que pudo recibir clases con la maestra Zoila Gálvez. Por ese entonces había regresado a Alacranes, vendía periódicos toda la semana y así costeaba los viajes a la capital.

Cuando creyó que no pasaría de los escenarios del pueblo, su madre recortó del diario una convocatoria para ingresar al coro de la Ópera Nacional y llenó a escondidas la solicitud. Aunque se presentó a la audición sin partituras, su voz de tormenta seca debió impresionar porque Gustavo Álvarez perteneció a la Ópera Nacional durante diez años, desde el día de su fundación.

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Tantos viajes y tanto andar de gitano terminaron por cansarle cuerpo y espíritu, había decidido regresar cuando le invitaron a formar parte de lo que cree, ha sido uno de los hechos más honorables de su vida.

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“En el velorio de Gonzalo Roig, Daniel Marcos  me propone venir a Matanzas para fundar un Grupo de Teatro Lírico. Aquí existían varios solistas, pero Teatro Lírico, lo que se dice Teatro Lírico no. Yo le dije que lo pensaría y un tiempo después llevaba los papeles de mi baja en las maletas rumbo a Matanzas.

“Éramos catorce cantantes entre sopranos, tenores y yo el único barítono. El coro se compuso con obreros de la Rayonera, maestros…, nos ayudaron los bailarines del Folclórico y los músicos de la Orquesta Sinfónica, que luego dirigió Alberto García. El tenor Armando Soler (Cholito) estaba de paso por Radio 26 y se encargó de la dirección general de la primera puesta en escena a petición de Daniel Marcos, que se ocuparía de la dirección artística. Con la zarzuela Cecilia Valdés, en el Teatro Sauto, nació en Matanzas en el año 1970 el primer Grupo de Teatro Lírico de esta ciudad.”

Daniel Marcos, Magdalena Fernández, Alba de Zayas, Hilda del Castillo, Luisa Alicia Cabrera, Ada Díaz, Gladys Fraga, Joaquín Moré, Alberto Dávalos, Alfonso Lloréns, Esteban Taylor… y Gustavo Álvarez, entre otros, mujeres y hombres, casi olvidados, del Grupo de Teatro Lírico Matancero.

Más allá de los dolores de cabeza para hacer menos costosas las producciones, el repertorio llegó a incluir Cecilia Valdés, Rosa, la China, La Habana que vuelve, El Cafetal, Soledad, María la O, muchas de ellas con arreglos orquestales del propio Rodrigo Prats, quien se hospedaba en el hotel Velasco durante esos días y no cobraba un centavo por la contribución.

“Esto que te voy a decir no son palabras mías. Rodrigo Prats dijo públicamente que el mejor lírico cubano era el matancero, aunque en la capital contasen con mejores voces. Eso lo repitió también Blanca Becerra, la primera Cecilia del año 1932,  cuando vino a presenciar nuestra función casi con 90 años en el Sauto. La mayoría de las agrupaciones montaban piezas europeas y nuestro grupo se caracterizó por revitalizar el teatro lírico cubano.

“Tuvimos la suerte de tener como escenógrafo a Néstor González, el señor Néstor González que dormía en una litera en los camerinos del Teatro Sauto y era capaz de crear planetas sobre el escenario.  Durante la presentación de  Cecilia Valdés en el Gran Teatro de La Habana Federico García Lorca, cuando se abrieron los telones en el tercer acto salió un ingenio moliendo, el público se puso de pie y comenzó a aplaudir, gritaban: ´esto sí es teatro, parece mentira que los matanceros vengan a enseñarnos lo que es teatro´. Nunca antes había visto aplaudir de ese modo la escenografía.”

Gustavo respira, sabe que se ha emocionado más de lo que puede soportar el péndulo de un corazón enfermo, aunque los 74 años todavía no le doblen el cuerpo al “criollo del Yumurí”.

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En cada historia siempre hay algo que no queremos contar y esta va demasiado lejos para callar ahora. La desaparición del Teatro Lírico en Matanzas es el dolor que envolvemos en un paño de silencio y  enterramos para que otro lo descubra, las culpas omitidas de quienes no pueden ser juzgados todavía.

gustavo-3“La Dirección provincial de Cultura quiso acabar con el Teatro Lírico y lo hizo. En el incendio del cine Lincoln, que era nuestra sede en esos años, se quemaría también parte de nuestra escenografía y música. Después de Daniel Marcos, el alma del grupo era Alberto Dávalos, yo sabía que cuando él se fuera se acabaría todo y en efecto fue así. Comenzaron a cerrarnos las puertas, a colocarle zancadillas a Dávalos. Ese fue nuestro final, en el año 1987 se desintegró el grupo de Teatro Lírico matancero y cada uno tomó un camino diferente.”

Pero el Lírico no se desintegró en verdad, lo enterraron vivo y la tierra aún está removida. Gustavo Álvarez se negó a ser concertista, toda su vida no había hecho otra cosa que cantar traviattas, zarzuelas, por lo que se fue a Colombia y allí permaneció durante veinte años en la Compañía de Teatro Lírico de Bogotá. Regresó y en el Teatro Sauto decidió que había llegado la hora, nunca más volvería a cantar.

“Tengo miedo de hacer un papelazo, ya no soy el mismo. Esther Borja me dijo una vez que en medio de un concierto ella escuchó una voz que le dijo al oído: ´llegó el momento´ y le dijo a todos que pidiesen los temas que quisieran porque después de ese día no cantaba más. Yo no escuché ninguna voz, pero también advertí el final. Confieso que me tomo algunas licencias. Hace poco me invitaron a cantar y no me escuché tan mal, no sé, digo yo.”

El barítono Gustavo Álvarez es uno de los integrantes vivos del Grupo de Teatro Lírico matancero, tiene tanto que decir, tantas historias en ebullición, que aun callado su voz es un brazo de mar rompiendo en los labios, una tormenta seca saliendo del diafragma del hombre que no vuelve a cantar. Él sabe por qué.gustavo-4




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