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Friday 15 November 2019
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Atenas de Cuba: cultura, tradición, historia (+audio)

Este 12 de octubre la ciudad cumple el 324 aniversario de su nacimiento y, a pesar de los sueños, los esfuerzos y desgarramientos de muchos, la de hoy no dista demasiado de la realidad de los años precedentes, a no ser por algunos edificios que ya no existen, los que se encuentran en silencio en medio de procesos reconstructivos o los que, envueltos en una nebulosa, esperan por la mirada y las bondades que le devuelvan una imagen al menos digna, sino majestuosa.

Luce la ciudad de Matanzas excelentes edificaciones que permanecen esplendorosas a pesar del paso indetenible del tiempo, las limitadas estrategias de mantenimiento que han existido y el desconocimiento sobre los valores que aún exhiben muchas de ellos.

Existe en cada uno de estos edificios una especie de halo salvador proveniente de su historia, que es la historia misma de este territorio en el que la cultura predomina como reflejo de fidelidad a las raíces de nuestras tradiciones.

Los que han tenido mejor suerte, gracias a la labor esmerada de quienes creen en nuestra herencia cultural como baluarte de la identidad, realzan la belleza de la ciudad con la misma prestancia con que la engalanaron siglos atrás; otros, sin el privilegio de restauraciones, se imponen como fortalezas que precisarán, tarde o temprano, la caricia de la rehabilitación. Pero algunos solo perviven en el recuerdo o imágenes fotográficas o esperan que se cumpla, sin alientos de esperanza, el peor de los designios.

Hoy cumple años Matanzas, una ciudad preñada de silencios, que se resiste a su incierto destino; una ciudad en la que se columpian las restauraciones y los desplomes, testigo de la muerte de muchos de sus más hermosos edificios afectados por la peor de las dolencias humanas: la de las almas sin alma.

Y es que esta ciudad se me antoja tan provinciana que permanece encerrada en sí misma, reticente a abrirle el pecho a desconocidos e inconscientes, mas a cada paso es invadida y violada, ultrajada hasta los huesos y los sueños.

Pero prefiero reconocerla como el santuario de la cultura, una villa que enamora desde sus calles estrechas y desiertas. La incomprensible, la de la rumba y la poesía, un sitio ante el que nadie ha podido permanecer impávido, ajeno, callado, aclamada por cubanos y extranjeros, idolatrada por sus habitantes.

Hoy Matanzas le guiña un ojo al futuro, espera por ser descubierta y mostrada en toda la expresión de su cultura, su gente, sus encantos. Es ella la inexplicable, la que no se resigna a perder su corona como capital ateniense de la cultura cubana.

También plagada de egoísmos egocéntricos de algunos de sus hijos de estos tiempos, tan ensimismados en sus problemas que cierran los ojos y en franca manifestación de indolencia permanecen sordos y mudos ante los reclamos y gemidos adoloridos  de su madre maltratada por los años, muchas veces apuntalada.

Permanece Matanzas como una venerable dama con luz de renacimiento y espíritu de modernidad, una modernidad que no ha encontrado una descripción capaz de abarcar sus mayores tesoros: su portentosa cultura y esa belleza que renace, incluso, entre los muros centenarios de sus ruinas.

Sin embargo, no es día este para la catarsis de una amante de la cultura y enamorada de esta ciudad que, a pesar de los contratiempos e inercia, se impone sin esperar nada de nadie. Hoy es 12 de octubre y esta no solo se trata de una fecha más en el calendario. A partir de este día comienza el conteo regresivo hacia el 325 aniversario de la Ciudad de los Puentes: nosotros tendremos que escoger si aventurarnos en un camino hacia el olvido o si reconquistamos el título tan codiciado de Atenas de Cuba.




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