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Saturday 16 November 2019
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La Habana, entre lo insólito y lo sorprendente

El pregón sucumbió en mis oídos a primera hora de la mañana: ” ¡Se vende menudo para la guagua!” Si Moisés Simons lo hubiera escuchado en su tiempo, les aseguro fuera hoy reconocido como el creador del primer reguetón de la historia y El Manisero tal vez no existiera.

Cuatro pesetas a cambio de un peso era en síntesis la esencia de aquel insólito y sorprendente negocio que tenía como esenario principal una parada cualquiera de la capital de todos los cubanos y más demanda que el tradicional cucurucho de maní. ¿Cómo la gente inventa tanto? Me preguntaba yo mientras esperaba pacientemente para trasladarme hasta La Cuevita.

En La Habana los ómnibus locales tienen un precio de 40 centavos, pero si pagas con un peso, al igual que en Matanzas, no recibes el vuelto. Esta deficiencia de la Empresa de Transporte da vida a los practicantes del marketing popular, esos individuos que estudian las necesidades de la gente “de a pie” y como si fueran magos, sacan los negocios de debajo de la manga, algunos tan inesperados como vender menudo para la guagua.

Desde siempre el hombre ha innovado para satisfacer sus necesidades y para solucionar los conflictos de la vida cotidiana. En este sentido los cubanos contamos con el entrenamiento de la década de los 90, los años más crudos del período especial, una etapa en la que se puso a prueba la imaginación, la originalidad y la creativadad de todos en la Isla y sacamos sobresaliente.

Tenemos plumas de tiñosa, royos de película para proyectores, junta de batidora rusa, piezas de respuesto para grabadoras de cassette y radios marca Selena, además de agujas para tocadiscos. Sí, no se equivocan, acabo de llegar a La Cuevita, un sitio donde puedes encontrar todo lo que buscas con tan solo pedirlo, un lugar donde se cumple la ley de oferta/demanda y, sobre todo, donde la política de precios conecta, casi siempre, con el salario promedio que percibimos los cubanos.

Sin dudas, y como dicen por ahí, en La Habana se ve de todo, cualquier cosa sirve para vender y cualquier cosa sirve para comprar, espero que lo tenga en cuenta si usted va de visita. Ah y le recomiendo lleve bastante menudo, para que no le pase como a mí, que ahora mismo quiero regresar y voy a tener que dar un peso en la guagua porque no aparece “el señor de las pesetas”.




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