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Thursday 19 September 2019
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Las guerras del General mambí

Imagino al viejo Quintín Bandera en los inicios del siglo XX , con su temperamento difícil y los dolores patrios de aquellos mambises obligados a entregar las armas. Negro, pobre, humilde e incapaz de aceptar una independencia solo creíble en papel.

José Quintino Bandera Betancourt nació hace 183 años en Santiago de Cuba, un hombre rebelde por naturaleza y destinado a librar guerras durante toda su vida. Fue de los primeros en incorporarse a la manigua bajo las órdenes del general Donato Mármol, en Palma Soriano. Feroz partía a la batalla, incluso en diversas ocasiones sin más armas que sus propias manos.

Quizás por su coraje se convirtió en leyenda y el solo hecho de mencionarlo hacía temblar a más de uno en las filas peninsulares. El general Antonio Maceo solía bromear: “Yo, solo con el nombre del compadre Quintín, soy capaz de tomar La Habana.”

El mambí fue un hombre de poca cultura, pero de un inimaginable amor a su patria. Según el historiador Abelardo Padrón: “Quien no quiera encontrarse con el general Quintín Bandera, no podrá hallar la simbiosis en el parto de la nacionalidad cubana.”

Quintín participó en las tres guerras de independencia y en diversas conspiraciones porque, como él expresara, siempre tuvo por único y exclusivo lema luchar por la libertad de Cuba.

El Apóstol José Martí describió a este patriota en su Diario de Campaña los días posteriores al desembarco por playita de Cajobabo: “Quintín, sesentón con la cabeza metida en los hombros, troncudo el cuerpo, la mirada baja y la palabra poca, nos recibe a la puerta del rancho: arde de calentura: se envuelve en su hamaca: el ojo, pequeño y amarillo, parece como que le viene de hondo, y hay que asomarse a él: a la cabeza de su hamaca hay un tamboril.”

Después del fin de las luchas, el viejo soldado de la libertad formó familia y fue testigo de la intervención yanqui y de los desmanes de la mal llamada República de Cuba, nacida en 1902. Vivió en carne propia  el racismo y el espaldarazo de los masones. Y para colmo de males sufrió el oprobio de recibir de manos del Presidente Tomas Estrada Palma una limosna cuando sumido en la pobreza buscaba trabajo.

Por eso cuando el incomprendido mambí interpretó la realidad de una Cuba lejana de los sueños de Martí y se enteró de los planes de reelección de Estrada Palma, se lanzó, sin duda alguna, a su última guerra, en agosto de 1906.

Quisieron callar su voz a machetazos, exponer su cuerpo públicamente y arrojarlo en una fosa común. Sin embargo, gracias a un cura se recuperaron sus restos mortales. José Quintino Bandera Betancourt fue un hombre incomprendido por sus contemporáneos, controvertido, polémico y legendario. Un ser necesario en el estudio y comprensión de la historia de Cuba.




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