Desde la llegada de Diego Velázquez a Cuba y la introducción de la caña de azúcar en la Isla, este cultivo ha representado el impulsor del desarrollo social y económico de los poblados.
En la génesis de la historia, la caña de azúcar constituye uno de los mayores catalizadores de los cambios y procesos en el archipiélago cubano. La gramínea es un marcador constante en las formas de hacer y de pensar, motivo por el cual la preservación del patrimonio azucarero es determinante, declaró Leobel Pérez Hernández, comunicador institucional del Grupo azucarero AZCUBA.
“Durante la tarea Álvaro Reynoso se cometieron muchos errores y no en todos los lugares se comprendió que reestructurar el sector no implicaba abandonar los sitios de alto valor patrimonial. Hoy trabajamos integral y sistemáticamente sobre este aspecto.”
Ejemplo de ello es la constitución de los Museos del Azúcar y la celebración, desde la década de los 90, del Encuentro Nacional de Patrimonio Histórico Azucarero.
“Realmente no estamos satisfechos, pero consideramos que se ha hecho un trabajo meritorio, que no es solo reconocido por el organismo, sino también por el Consejo Nacional de Patrimonio y el Instituto Nacional de Historia de Cuba”, añadió el especialista.
Más de 200 entidades pertenecientes a AZCUBA cuentan con salas de historia, no obstante resta mucho por hacer.
“Tenemos que lograr una mayor participación de niños y jóvenes en los concursos. Hay que trabajar en el registro de los bienes, su conservación y cuidado. No puede haber un lugar que tenga un valor histórico-patrimonial que no posea una tarja y que esté abandonado”, aclaró el comunicador.
Reconocer a los hombres y mujeres del sector como hacedores de nuestra historia constituye una manera de proteger nuestro patrimonio, resumió Leobel Pérez Hernández.
“En eso no hemos sido suficientemente buenos, nosotros tenemos en el sector más de 40 Héroes del Trabajo de la República de Cuba y hay que resaltar su labor, como la de esas personas que dedicaron más de 50 años de su vida a la agroindustria azucarera. Quizás cuando logremos eso no se escuchará la frase: para que trabajas tanto, si no le van a poner tu nombre…, al final las personas no quieren poner su nombre a nada, pero sí se merecen el reconocimiento de su trabajo diario.”






















