Las industrias matanceras tienen una historia y devenir muy ligado a los principios de la obra revolucionaria, su accionar ha permitido el desarrollo y evolución de una de las más importantes ciudades modernas de América: la Atenas de Cuba.
Es ese proceso transformador de la materia prima clave esencial para la obtención de productos terminados de trascendencia socio-económica para el país, un funcionamiento que tuvo sus bases en la segunda mitad del siglo XIX y que llegó a convertirse en el sector prioritario de la economía mundial.
La urbe yumurina resulta beneficiada con la variedad de fábricas que la rodean, entre ellas, la Unidad Empresarial de Base UEB Rayonitro, productora de fertilizantes; el grupo empresarial GARDIS, con sus unidades de decorado, confecciones y luminarias; Vitrales, con reconocimientos de excelencia por la calidad de sus pinturas y así suman más de una decena los organismos de esta esfera.
Las industrias en la actualidad han tenido significativos logros en el cumplimiento de muchos de sus planes, la búsqueda de nuevos mercados en el medio nacional e internacional, el aporte al desarrollo comunitario y su contribución al embellecimiento de la localidad dan fe de ello.
A pesar de las antiguas maquinarias con las que se vencen largas jornadas laborales, de las carencias de recursos y de situaciones climatológicas adversas como la que vivió la Isla en septiembre con el paso del huracán Irma, el sector en la provincia persiste en su tarea: trabajar para el pueblo.
Y es por ello, que los desafíos de hoy son el aseguramiento de las producciones para cada uno de los mercados que lo recibe, lograr la estabilidad de los productos que no siempre se encuentran en la red de tiendas minoristas y mantener o superar la calidad en sus encargos.
La industria no puede ni debe ser un ente estático, debe cambiar en la medida de lo posible de acuerdo a las exigencias de los públicos para quien trabaja, es sobre todas las cosas, una garantía de lo local, de que todo cuanto se realiza es con las manos de hombres y mujeres del pueblo y cuyo reto, en todos los tiempos, no será otro que producir.






















