Te descubrí cuando aun tomaba leche en biberón. Acepto que al principio le gustabas más a mi abuela, pero en poco tiempo lograste cautivarme y nadie pudo quererte más que yo. ¡Qué importa que me tilden de celoso!
A mi vida no llegaste por casualidad. Lo hiciste porque bien sabes que no tenías alternativa, era tu única salida, no podías escapar de mí. No estaba dispuesto bajo ningún concepto a dejarte como un sueño irrealizable. Tienes que reconocerlo, yo soy tu destino, así como tú eres el mío. Me encontraste o te encontré, no sé, lo cierto es que no podía ser de otra manera, si no hubieras venido, te hubiera buscado.
Para tu encuentro no me alcanzaba el día. Te soñaba también en las noches, te ahnelaba en las madrugadas. Jamás nadie me había despertado tantas maripositas en la barriga, nunca me hicieron sudar como ríos las manos, ni mi corazón latió con la fuerza de un huracán. Es un amor que ha trascendido en el tiempo, el más sincero, el más legítimo, el más entregado.
Te regalo mis horas con la satisfacción de sentir que no puedo emplear en nada mejor mi tiempo. Me regalas tu magia con la convicción de que al hacerlo me hechizas eternamente. Te ofrezco el más confortable espacio de mi alma, te acomodas y quiero que te quedes ahí para siempre, en cambio te prometo que pondré mi corazón, bien cerca de la boca.
No voy hablar de la química perfecta, ni te voy a decir que eres lo mejor de mi vida, ni voy a referirme al bichito que dicen que se mete adentro. Hoy quiero ser auténtico, original, exlusivo. Te lo mereces y se que lo esperas de mí. Quiero volver a enamorarte con la misma intensidad de aquella primera vez en que tu encanto me sedujo, mientras le ponía rostros a una voz.






















