Sus voces nos acompañan cada día. Son profesionales que, con mayor y menor experiencia, le dedican esfuerzos, lágrimas y alegrías, sacrificios y su propia vida a una profesión indispensable en los medios audiovisuales.
La palabra es el puente, el idioma su herramienta. Dicción, pronunciación, ritmo, entonación, sello, timbre y personalidad son algunas de las características que los acompañarán toda la vida.
La locución, más que una profesión u oficio, llega a convertirse en un estilo de vida, en la manera en que el profesional del buen decir asume los fenómenos y procesos sociales, incluso, se transforma en el filtro mediante el que genera y recepciona ideas conceptuales, valoraciones y elementos de juicio.
El primero de diciembre, como propuesta del Colegio Nacional de Locutores, se instaura el Día del Locutor en Cuba, en honor a Jorge Luis Nieto García, lo cual demuestra, desde 1954, que el arte de la palabra requiere de argumentos culturales e idiomáticos que denoten perfección en el uso de nuestro idioma.
Muchos pensarán que la labor de un locutor se ciñe a la lectura de noticias y a la presentación de temas musicales en la radio y la televisión o a la animación fuera de estas, pero las funciones de estos defensores del buen decir, incluso, va más allá de la comunicación. Muchos podrán sentarse frente al micrófono y jugar al comunicador. Solo los más consagrados y preparados llegarán a interactuar verdaderamente con los receptores.
A pesar de que, en muchas ocasiones, el trabajo del locutor es catalogado como la mera reproducción de noticias, sus alcances van mucho más allá. Nos referimos a una profesión que requiere una preparación constante y esmerada, estar actualizados en cuanto a los temas de toda índole en el escenario nacional e internacional, transmitir, más que una secuencia de párrafos sobre una hoja, la vida detrás de esas palabras.
Los locutores tienen la alta responsabilidad de informar, orientar y educar a través de la radio y la televisión. El desempeño profesional durante décadas en los medios audiovisuales en Cuba habla de una madurez, que se reconoce hoy en el mundo entero. Esa personalidad y vitalidad las transmiten nuestros locutores. Su función esencial radica en fungir como intermedio o canal entre la información y el oyente o televidente, logrando que esa historia deje de ser letra muerta para que el receptor se apropie e identifique con ella, la haga suya.

La locución se debe a varias normas, desde la voz como recurso indispensable hasta el nivel cultural de excelencia por el que se mide a cada profesional de los medios. El locutor es el ente que establece la comunicación certera entre el micrófono y el receptor. Él transmite la idea o perfil editorial de su medio de prensa utilizando el idioma adecuado, coherente para que el mensaje llegue de forma clara a cada oyente.
Tiene el locutor de don de la palabra oportuna, de la improvisación adecuada y la información certera. Son líderes de opinión y marcan pautas en la construcción del imaginario popular, en la formación de criterios respecto a diferentes fenómenos sociales, en la defensa de hábitos conductuales correctos y del buen gusto estético.
Pero, si traspasamos las fronteras de su oficio, de lo que día a día realizan, no solo para ganarse el pan sino para alimentar su espíritu y el de muchos de nosotros, podremos reconocer a seres sensibles, dedicados por completo a este camino que un día escogieron o al que llegaron por azar.
Con altas y bajas nuestros locutores se desnudan ante el micrófono y casi nunca sabemos retribuirles por su excelente hacer, por las horas de desvelo que nos han dedicado. Para homenajearlos nos serán necesarios ni réquiems a un oficio inmaculado ni éxtasis hipócritas de una profesión sin manchas, pues como en todo en la vida, la locución está abierta a su mejoramiento a nivel nacional.
Este primero de diciembre ha sido la oportunidad para acercarnos un poco más a esas personas cuyas voces nos despierta cada mañana, a quienes aun sin conocerlas les abrimos nuestras casas y el corazón.






















