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Sunday 13 October 2019
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Locuras que son poesía

Desde el 2012 Lázaro Camacho, o Lazarito, como le dicen, se encuentra internado en el Hospital Psiquiátrico de Matanzas Antonio Guiteras Holmes, tras ser diagnosticado con esquizofrenia paranoia. Y su locura a veces -las veces más bellas– deviene en poemas.

No crean que sus versos son tiernos e inocentes. No, sus poemas son de desenfrenos, de amor a prisa, frustradas pasiones y violentos sucesos, que imagina o escucha por esas voces que no sabe de dónde vienen.

Lázaro: “Hago poesía, tengo más de 250 poemas. Te voy a regalar uno: Intimidad forzada.

“Brindarás café, yo diré que no/intentarás que marche y yo no marcharé/ me recostaré a tu puerta/advertiré al mundo con descaro/que te violaré /y admitiré que seré juzgado /ante dios, el diablo, los hombres/por no seducirte primero /solo sé que sobre ese piso frío y quemante/ descargaré sobre ti el deseo de meses, días y segundos/ que deprimido he intentado borrar /allí sobre tu cuerpo navegaré en dos senos/ y entre los muslos buscaré el centro de la tierra /en tu cuerpo de Oshún saturado de miel/no habrá tiempo para devorarlo /al final sin besos, pero a mordiscos/ viajaremos separados y unidos/ habiendo logrado el placer del retorno/ en viaje a una complaciente realidad.

“La floricultura en este tiempo no marcha bien, pero yo fui trabajador de floricultura, paciente en estado de rehabilitación avanzado, cobraba salario. En estos momentos me dedico a la limpieza y ayudo en la lavandería a doblar ropa limpia.”

Sus poemas asustan a algunos por la carga de intensidad y violencia que llega a ponerle, pero Lázaro es manso como una paloma en cautiverio, solo su mirada delata la locura que muchas veces lo hace vagar por otros mundos.

Cambiándole el color a la vida

“Mi mayor orgullo es saber que en este hospital los siquiatras, los terapeutas, los trabajadores no  somos unos ´manda pastillas´ -utiliza la coloquial y atrevida frase Ángel Gillot Moreno, director del Hospital Psiquiátrico provincial Docente de Matanzas Antonio Guiteras Holmes para describir su trabajo-, “vemos al paciente de manera integral y a veces lo más importante no es mandarle el medicamento, sino conversar con la familia, para que aprenda a lidiar con él. En este hospital somos una gran familia, la mayoría de los pacientes no pueden ir a su casa y somos todo lo que tienen.”

 Cambiándole el color a la vida es una iniciativa del centro para dar alegría a los pacientes, Ángel Guillot explicó: “Es un festival que se realiza todos los años con un grupo  de actividades dirigidas al paciente: deportivas, recreativas y culturales, que contribuyen a su rehabilitación.

“Los pacientes psiquiátricos son vistos desde el punto de vista social como pacientes marginados  y nosotros aquí lo que intentamos hacer es revitalizar el amor y entrega hacia ese tipo de pacientes. Ese vínculo espiritual  y humanista es el que se inserta en este festival.”

El grupo musical Neptuno, del municipio Limonar, todos los meses tiene una peña en el hospital y sus músicos afirmaron que no es complejo trabajar con ese público, “ellos asimilan bien la música y se divierten”– explicaron- “algunos intentan arrebatar el micrófono antes de comenzar la función para sentirse por unos instantes dueños del escenario”.

Refrescos, caramelos y otras golosinas son el premio que pueden obtener durante el festival cuando ganan los disimiles juegos, que durante la jornada adquieren carácter competitivo.

 Hay locuras de un raro color

 “El personal de aquí tiene dos características, primero, es especializado y lo segundo y primordial, es muy humano”, aseguró Ángel Guillot, y continuó: “El carácter de los enfermos es complejo, un día están muy bien y luego te agreden verbalmente y hay que estar conscientes de que por desgracia están enfermos.”

 Los pacientes siquiátricos de Matanzas han tenido la oportunidad de ir a la playa, al estadio de  pelota y la sociedad ha sido capaz de asimilar esta condición con tolerancia. Guillot Moreno comparte su experiencia en este sentido: “A partir de que ellos han salido de la institución han aprendido a socializar y las personas pierden un poco el miedo a la locura, porque la locura, siempre lo digo, no se pega, es una condición y hay que aprender a tratarla.”.

 El centro cuenta con un trabajo de reinserción, en el cual da terapia a las  familias para que aprendan a convivir con los pacientes a pesar de sus características especiales. En el hospital residían más de 70 pacientes y a partir de este empeño por  regresarlos a la comunidad ha disminuido el número de internados.

“Yo trabajo en la lavandería doblando la ropa de los pacientes. Ayudo así al hospital y vengo todos los días, me llamo Aldis Margarita, colaboro aquí en la limpieza y en lo que haga falta, me siento bien gracias al hospital; ellos me han ayudado mucho”, Margarita es una paciente semi internada que no oculta su alegría por encontrarse como en casa y sentirse útil.

El trabajo en el hospital siquiátrico de Matanzas no es fácil, sin duda, pero con una dosis de humanidad y amor al prójimo el centro es como un hogar para aquellos enfermos que conviven con trastornos siquiátricos.



Estudiante de Periodismo


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