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Sunday 13 October 2019
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“… como el carretero que va con el candil alumbrando el camino”

“Somos una organización unida, somos una unidad, ese es nuestro principio básico. La UPEC es el cuartel que nos une.”

He buscado y rebuscado en los recuerdos, pero no sé cuándo, dónde ni cómo conocí a Moltó. Todo se pierde en una bruma. Y en medio de ella emerge el periodista brillante, de verbo afilado y luz más allá del horizonte; sobresale el santiaguero, de humor fino y risa fácil; el hombre medido, educado, el caballero antiguo que atacaba sin ofender y llamaba a las cosas por su nombre sin agredir.

¡Cuántas veces me quedé asombrada, boquiabierta ante sus consideraciones! Acertijos de la palabra que yo no imaginaba conjugar.

“El periodismo es un reto a la creación, a la profesionalidad. El riesgo mayor de un colectivo es esconderse cuando ´suenan los tambores´, porque eso nos aproxima a lo peor de la sociedad. Hace falta oficio, hace falta ingeniosidad. Necesitamos tener las ideas claras, una cadena de ingenio que no se rompa nunca.”

Me acuerdo bien de Yirmara (*) y de mí siempre pegadas a él cuando la oportunidad nos permitía tenerlo cerca, preguntándole de todo, queriendo aprender y copiar a aquel hombre alto y de tez macilenta, a aquel viejo periodista que, además de admiración, despertaba cariño en todo el que lo conocía.

Me doy cuenta ahora de que pudimos, en más de una ocasión, ser impertinentes, pero ni un solo mal gesto hubo para nuestra insistencia. Tanto ella como yo quisiéramos acercarnos un día a la estatura del ser humano, del político, del dirigente, del amante que ofrece un amor sin tabúes, ni medidas, del periodista que fue Antonio Moltó Martorell.

Desde hace muchos años acompañó a los matanceros en todas las batallas, reuniones, proyectos, enredos y desenredos del gremio. Que no fueron pocos. Y nos sentíamos tranquilos y protegidos sabiendo que sus sugerencias nos darían el camino exacto a seguir.

Cuando hablamos de Moltó, me acuerdo de sus cuentos, inolvidables. Como aquel cuando iba a alguna reunión a su Santiago natal y acudía a ver a su madre. Y de pronto soltaba, ante la muchedumbre, lo que ella le decía: -Mi hijo, ¿para qué se reúnen tanto si en las placitas no hay nada? Aquello le producía una risa amorosa, comprensiva… Porque él siempre hizo las cosas como las pensó y las dijo: “Hay que hacer de lo que hacemos una diversión.”

Hay otras anécdotas que hablan de su valor y de sus convicciones. Como la vez en que, sin previa consulta, sacó un móvil de Rebelde hasta las calles donde algunos revoltosos trataban de socavar el poder de la Revolución. Cuando intentaron llamarle la atención y criticarlo, una oración selló a los pacatos: “Fidel ha dicho que los periodistas tienen que estar en todas partes.”

En mayo del 2013, en la Asamblea IX Congreso en Matanzas, cuando me acerqué a saludarlo a la presidencia después de haber sido ratificada como miembro del Ejecutivo provincial y delegada al Congreso, me dijo sonriendo: -¡Mira a la veterana como se mantiene! Y yo rápidamente le riposté con una palabrota, irrepetible por demás, y aquello le dio una risa franca, inmensa, de las mejores que le vi.

Había terminado el Congreso en julio del 2013. Estábamos “molidos” todos, pero él tuvo fuerzas aún para dar un recorrido y visitar a los “guajiros” y retratarse con nosotros. Yo estaba rendida y me había cambiado la ropa por una bata de casa. Por más que le dije: -Molto, mira cómo estoy, aquello no le valió de nada. ¡Santiaguero al fin! Hoy corre por Internet una foto de Yirmara, él y yo, por supuesto, en bata de casa.

Cómo no dedicar unos minutos a quien consumió sus últimos años y sus últimas fuerzas con nosotros, los periodistas cubanos. Ni pensó por una vez cuando lo elegimos presidente en la edad que tenía, ni en la enfermedad que ya le minaba. No muchos quieren a los viejos, Molto, pero nosotros, tus colegas de cada rincón cubano, sí te quisimos mucho a ti, por tu ejemplo, por tu valentía, por tu inteligencia, por lo socio que siempre fuiste de cada uno, complicidad que también hermana a la gente.

“Lo único que nos hará fuertes en el combate será el conocimiento, la lectura sistemática, el rastreo en la historia, la búsqueda de espacios de charla. Hay que buscar la confrontación histórica entre Estados Unidos y Cuba y rechazar lo que el vecino le dijo al vecino, porque eso no es periodismo.”

A los pocos días del IX Congreso, sin haberse recuperado aún de la sorpresa por haber sido electo presidente nacional de la UPEC, nos hizo el honor de asistir a la primera graduación de periodistas egresados de nuestra universidad. Aquella tarde llovió torrencialmente y nos movíamos de un lado a otro en el cine-teatro Atenas, evitando mojarnos con las cuantiosas goteras.

 

El hermano de Mayara Hernández, una de las diplomadas, le dijo graciosamente a ella: -Maya, ¿tú no te vas a retratar con el viejo calvo? Parece que es importante porque todo el mundo se está retratando con él. Cuando se lo conté a Moltó, estalló la risa franca, espontánea. Lejos de ofenderse por “el piropo” del joven, aquello le resultó muy simpático.

Yo lo recuerdo riendo, con su heroico Santiago corriéndole por las venas y la radio en medio del corazón, sin prisa, midiendo lo que iba a hacer y decir para no errar, hablando claro.

“El acto de la creación profesional en el periodismo tiene sus riesgos y hay que correrlos con reflexión y seriedad, y ha de correrse con absoluta responsabilidad, inspirados en los ideales de la Revolución.”

¡Contra, Molto! Tú, tan considerado, esta vez te escapaste del ruedo sin permiso. Te fuiste sin avisar, viejo, y no lo dudes, todavía nos haces falta. A pesar de todo, yo te veo aquí,  sentado como uno más, riéndote todavía de mi palabrota, presto a sacar tu verbo filoso y encumbrado, “… como el carretero que va con el candil alumbrando el camino.”

(*) Yirmara Torres Hernández, presidenta de la UPEC en Matanzas

  • Los textos en negritas y cursivas corresponden al último discurso de Antonio Moltó en una plenaria de la UPEC en Matanzas, el 4 de mayo de 2016, en el Palacio de Gobierno.



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