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Sunday 13 October 2019
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El hombre perfecto no es imitable

Es uno de los más lúcidos intelectuales matanceros. Una personalidad de vasta cultura, autoridad y prestigio. Un hombre de carácter inquieto, batallador, siempre con el deseo ávido de sacar de los libros y de la realidad la mayor cantidad de conocimientos.

Ercilio Vento Canosa, Historiador de la Ciudad de Matanzas desde el 2009, es espeleólogo, Doctor en Medicina Legal, arqueólogo, coleccionista y pintor entre otros dones con que la naturaleza lo colmó.

Este cubano y matancero por los cuatro costados es, además, un virtuoso en el difícil arte de la lingüística: conoce más de una docena de lenguas, entre ellas algunas tan sorprendentes como el hebreo, el latín, el griego y  el arameo. Abrir un libro de cualquier idioma y poder leerlo proporciona una gran alegría, dice sin petulancia.

En uno de los edificios en pie más antiguos de la pequeña urbe, sede de la Oficina del Historiador en Matanzas, transcurre una buena parte de su tiempo. Allí conversamos alrededor de dos horas, breve diálogo que transcribimos apenas como un cuadro parcial de su vida y obra.

–Usted es un hombre de saber enciclopédico. La búsqueda constante del conocimiento, ¿acaso es su premisa en la vida?

–Cuando tenía unos siete años, quizás menos, una señora visitó mi casa y le comentó a mi mamá: cuídalo que se va a morir pronto. Al escuchar aquello, me dije: pues me tengo que apurar, y así fue, todavía me estoy apurando.

«Esa circunstancia propició quizá hambre de conocimiento, aunque soy un convencido de que nunca se puede abarcar todo. Me autodefino como un explorador del ser humano y una persona realizada, con el privilegio de haber visitado lugares tan exclusivos como la Ruta Puuc Maya, en Yucatán, o las pinturas rupestres de Altamira, en España, y de conocer a hombres que descollaron en los más diversos campos del saber.»

–¿Cuáles son las influencias más importantes en su formación?

–Mis padres. Los dos apenas rebasaban el sexto grado, pero nunca me leyeron libros como Blanca Nieves y otros volúmenes infantiles, sino textos de la historia de Cuba y del mundo. Me incentivaron la curiosidad por las cosas y, sobre todo, por el aprendizaje de la historia. Me enseñaron a apreciar el valor de un libro. Gracias a ellos soy un lector tenaz, que devora entre 50 y 60 libros al año.

«Tengo otras muchas influencias y puedo citar con placer lo que aprendí de la relación con Antonio Núñez Jiménez. De él guardo recuerdos muy lindos, compartimos mucho tiempo en Cuba y fuera del país. Escribí un libro que se llama El otro Antonio, felizmente agotado. La otra persona fue el Dr. René Castellanos Morente, mi maestro de lenguas clásicas y sagradas.»

–¿Es cierto que convivió con una momia en su propia casa por espacio de 25 años? ¿Le trajo eso algún problema?

–Soy una persona muy práctica, sin prejuicios de ninguna naturaleza. ¿Cómo un médico legista o patólogo va a tener miedo de un fallecido? En torno a eso se han tejido muchas leyendas, al principio me molestaban las cosas disparatadas que se decían. En efecto, se trata del cuerpo de Josefa Ponce de León. Estuvo en la biblioteca de mi casa, en un recipiente especial que mi padre le construyó. Estuvo allí hasta que fue llevada para el museo Palacio de Junco. Aprendí mucho de su estudio y eso posibilitó que hoy forme parte de una investigación de conjunto con el Instituto de Momias de Madrid.

«Hice Anatomía Patológica durante cuatro años y luego Medicina Legal, mi verdadera vocación médica, lo cual me ha permitido acercarme a la vida a través de la muerte, conocer la importancia de lo vivo, te das cuenta de que después de la muerte la esperada trascendencia es una hipótesis, esperanzadora, pero hipótesis al fin.»

–Alguna creencia arraigada.

–Soy una persona de fe, pero no de iglesia, ni de congregación ni de dogmas, cuando digo de fe es porque pienso que en el ultramundo es posible ocurra algo y si estoy equivocado ya me enteraré.

–¿Otros rasgos de su personalidad?

–Perseverante y organizado. Puedo ser bastante testarudo y cuando me molesto llego a tener bastante mal genio, algo que se hace más evidente ahora a los 70 años de edad.

—Llama la atención su interés por la figura de Martí, sobre quien ha escrito ya varios trabajos,  ¿a qué se debe?

–Creo, con todo respeto, que Martí es todavía un gran desconocido. En mis publicaciones abordo el estudio médico-legal sobre su muerte. A través del análisis de su grafología trasciende que nunca sintió ni miedo ni odio; en dicha investigación tuve la oportunidad de revisar documentos originales facilitados gentilmente por la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado.

«Hay otros libros que se titulan El alma y la pluma, y Carmen, la agonía del verso, y un texto que aborda la premonición de la muerte en José Martí. De mi obra escrita, los trabajos sobre el Apóstol son de lo que considero más valioso, por lo que implica. Algunos de esos volúmenes resultan controvertibles, pero mi intención es abordar al hombre de carne y hueso, no idealizarlo, porque el hombre perfecto no es imitable.»

–Para no pocas personalidades la ciudad de Matanzas forma parte de sus nostalgias, ¿no estaremos exagerando su magia?

–Matanzas es mi segunda madre, tengo con ella un sentido de pertenencia que va más allá de cualquier otro compromiso. Su nombre se debe al primer acto de rebeldía en Cuba. Además de la magnificencia de su naturaleza, un paisaje en el que realzan la bahía y los ríos, es testigo de varios sucesos de gran notoriedad en la historia de nuestro país y ha sido cuna de ilustres personalidades, sus poetas en primer lugar.

–¿Qué piensa sobre la circunstancia del aniversario 325 de la ciudad y de las acciones que hoy se acometen para reanimarla?

–En primer lugar, aprecio voluntad y decisión como nunca antes. El programa constructivo es amplio y puede otorgarle a la ciudad una imagen agradable y validar su condición de ciudad neoclásica y su valor patrimonial, con un patrón constructivo único, el más moderno de su tiempo.

«Desde la Oficina del Historiador  y en estrecha colaboración con la Oficina del Conservador apoyamos resueltamente los más disímiles quehaceres por distinguir de nuevo a la urbe y que exhiba sus mejores aires y la inconmensurable belleza que la distinguió por siglos.»

–Un comentario sobre los mitos y leyendas de la ciudad, ¿es verdad lo de los fantasmas?

–Los rumores a veces toman forma de vida. Desde los tiempos en que las calles estaban sin pavimentar y apenas alumbradas se hablaba de los fantasmas de la ciudad. Dicen que los presidiarios de antaño en el Castillo de San Severino veían en las madrugadas a una mujer vestida de blanco; que en la Botica Francesa sentían una niñita correr por las escaleras y escuchaban el bastón de Triolet; que alguien oía una campanita en el Teatro Sauto y que cuando el silencio se apoderaba de la ciudad había una mujer danzando en el piso alto de la biblioteca Gener y del Monte. Son apenas historias viejas que nadie se atreve a desmentir.

–Ercilio, ¿cuál es para usted el lugar ideal para vivir?

–Para quien disfruta del arte, es Italia, allí está el 60 por ciento del arte mundial. Pero en honor a la verdad no podría vivir fuera de Cuba y mucho menos lejos de mi querida Matanzas. Aquí tengo siempre un proyecto a mano, algo para hacer mañana, y ese es el secreto de mi existencia, tener un propósito en la vida que le dé el sentido necesario para nunca tener que esperar la muerte con temor.

–En su condición de historiador, ¿qué importancia le adjudica al estudio de la Historia?

–Para un país como Cuba no puede haber una verdadera cultura política sin cultura histórica. Los pueblos que olvidan su historia se amputan como nación y son pasto del dominio foráneo. José Martí alertaba sobre la necesidad de conocer al dedillo la historia de América, de los incas a acá, antes que saber la de los arcontes de Grecia, modo de establecer una prioridad en el conocimiento de lo que nos es propio.

«No puede ser una asignatura más, sino un conocimiento imprescindible, so pena de perder la identidad. Cuba es un país extraordinario con un desempeño significativo en la historia contemporánea del mundo; se podrá o no tener simpatía por su concepción ideológica, mas nunca negar su influencia, su resistencia y sus valores.»

–¿Qué opinión le merece la continuidad histórica de la Revolución?

–La historia de las luchas por la independencia, desde los aborígenes a nuestros días, es un ejemplo de esa continuidad, cuya consagración y cima se alcanza con la Revolución Cubana, trascendente incluso para toda la América. La Revolución era un suceso inevitable para un pueblo que vio frustradas sus aspiraciones desde el inicio del periodo republicano y que nunca renunció a alcanzar su plena y definitiva independencia. La Revolución validó en el cubano, no solo su identidad nacional, sino su dignidad y revivió las mejores cualidades de sus hijos.




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