Maceo reinicia las hostilidades contra el ejército español

El 23 de marzo del año 1878 el mayor general Antonio Maceo Grajales ratificó con los hechos su viril protesta contra el Pacto del Zanjón y reinicia las hostilidades contra el ejército colonialista español.

Ese histórico día el Titán de Bronce se pone al frente de los mil 500 mambises que, junto con él, habían proclamado ocho días antes, en Mangos de Baraguá, que el 23 se rompía el corojo y se incorporan de nuevo a la guerra.

Al mediodía llegó un informe de su hermano, el  coronel José Maceo: “En ocasiones distintas y rumbos opuestos, los soldados españoles llevan atados a los fusiles pañuelos blancos, eluden el combate dando vivas a Cuba, a la paz y declarándose hermanos. De Holguín, Guantánamo y Santiago de Cuba llegan similares informes.”

Pero la artimaña del oficial español  Martínez Campos por vencer la resistencia revolucionaria no cumplió su objetivo inmediato. Belisario Grave de Peralta, Vicente García, Francisco Borrero, Flor Crombet y Guillermo Moncada, en sus respectivas jurisdicciones, mantuvieron muy alta la bandera de la libertad enarbolada en Yara.

Una actitud similar  adoptó en Las Villas el coronel Ramón Leocadio Bonachea, quien se mantuvo activo hasta abril de 1879 en que, al deponer las armas, en la estación ferroviaria de Jarao, aseguró volver a empuñarlas cuando las circunstancias lo permitieran.

No obstante la perseverancia de unos pocos, la Revolución estaba herida de muerte a causa del regionalismo, las indisciplinas, la desunión y los intereses personales de algunos elementos que sembraron discordias y desalientos en los protagonistas de la guerra.

Aun cuando las circunstancias resultaron adversas para mantener la lucha en el territorio oriental, según lo pensado por Antonio Maceo, la protesta encabezada por él revistió un gran significado. La espada fue dejada caer entonces, pero el esfuerzo por levantarla de nuevo se intensificó años más tarde.

Baraguá no solo consolidó el pensamiento revolucionario cubano en momentos de profunda crisis moral, sino que constituyó la reafirmación expresa del amor a la independencia y a la justicia social.

Con su actitud, Maceo y sus seguidores, a la vez que salvaron su honor de combatientes, enaltecieron el prestigio de la Mayor de las Antillas, legando a las generaciones posteriores la posibilidad de proclamar con orgullo que los cubanos jamás han sido vencidos ni derrotados.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *