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Monday 21 October 2019
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Botica Francesa de Matanzas: pasaje a un pasado presente

La otrora botica francesa de Ernesto Triolet, hoy Museo Farmacéutico, está ubicada en el centro histórico de la ciudad de Matanzas.  La botica, construida al estilo neoclásico doméstico del siglo XIX, abrió sus puertas el primero de enero de 1882, bajo la conducción de los Doctores en Farmacia Juan Fermín Figueroa y Ernesto Triolet.

Marcia Brito, directora del Museo Farmacéutico y guardiana incansable de sus riquezas hace más de 3 décadas, explicó cómo surgió la botica. “Tiene sus antecedentes en una fundada por el doctor Ernesto Triolet que daba servicios a los ingenios de la zona de Sagua la Grande, en Villa Clara.

“Él vino a Matanzas y se percató de que era un territorio de mayor desarrollo cultural, social y económico fundamentalmente. Decidió entonces cerrar aquel establecimiento farmacéutico y fundar uno nuevo en esta ciudad. Con ese fin compró dos terrenos donde comenzó la construcción de lo que sería esta institución.

“El domingo primero de enero de 1882 abrió sus puertas, en los números 49 y 51 de la llamada entones calle Gelabert (hoy Milanés), la botica del doctor Ernesto Triolet Lelievre, de origen francés y el cubano Juan Fermín de Figueroa y Veliz, quien la mantuvo dentro de su red de negocios farmacéuticos, reconocida como la mayor de Cuba”.

Entre los años 1882 y 1900 fueron elaboradas más de 212 mil fórmulas con diversas plantas medicinales, entre las que se pueden mencionar la manzanilla, naranja, hierba santa, romero y rosas, cultivadas en tierras cubanas, así como de otras latitudes como el comino, nuez moscada, lúpulo, belladona y canela. La última fórmula preparada bajo la dirección de Triolet Lelievre fue indicada por el Dr. Font.

Los remedios de la botica francesa se comercializaban en países como Francia, Alemania, Italia y China. “Durante sus primeros años funcionó con un extraordinario esplendor y gran prestigio en Cuba y otros países. Para ella formulaban los más influyentes galenos de la época.

“Así llegó al año 1900 cuando el doctor Triolet participa con once productos patentados por él en la exposición universal de París y obtiene medalla de bronce por ellos. Lamentablemente por esos días adquirió una neumonía y murió en la capital francesa. Su esposa asumió la dirección de la botica francesa.”

Ernesto Triolet manifestó en una ocasión: De esta botica puedo decirles que ella constituye el ideal de mi vida, puesto que nací en ella y dentro de ella me crié. Me consagré a sostenerla y a conservarla en el orden moral y profesional, con el nombre y prestigio de la familia Triolet (…) no salgo de ella, cuando muera me iré confiado de que alguien la seguirá cuidando”.

El Farmacéutico, abierto como museo el primero de mayo de 1964, siendo primero de su tipo fundado en Latinoamérica, conserva sus características originales.

“La conservación de este inmueble se le debe al amor y la dedicación de la familia. Dolores se mantuvo 44 años al frente de la botica. Su hijo mayor, el doctor Ernesto Luis Triolet Figueroa, había estudiado Farmacia y continúa como dueño de la institución hasta su nacionalización, el 23 de noviembre de 1963. Sigue trabajando aquí y el 16 de enero del 64 la botica cierra. Entonces abre como museo el primero de mayo de 1964.

“Este período de funcionamiento de la botica con las mismas características que poseían en el momento de su fundación es la base de la conservación de todos los bienes y, sobre todo, el desprendimiento enorme de los dueños de la botica de dejarla tal cual estaba para que se convirtiera en el primer Museo Farmacéutico de Latinoamérica”.

La Botica Triolet es la más completa entre las que se dedican en el mundo al arte farmacéutico francés. Conserva cerca de 5 millones de piezas de extraordinario valor, intactas hasta hoy, algunas decoradas a mano con polvos de oro.

Hay más de 800 mil etiquetas, cientos de miles de frascos de cristal y dos frascos inmensos, con función ornamental, confeccionados con cristal de Bohemia, los cuales traspasaron las barreras de 136 años de historia para acercarnos al mundo farmacéutico de los siglos 19 y 20.

“Estos objetos tienen en su mayoría valor excepcional porque nos referimos a la única botica francesa de finales del siglo XIX que se conserva completa y originalmente en el mundo.

“Todas las piezas que aquí se exhiben pertenecieron a este mismo lugar, fueron mandadas a hacer para este mismo sitio, siempre han estado donde se encuentran ubicadas, son productos que se han preparado aquí por personas que trabajaron en la botica por más de 82 años. El valor desde el punto de vista patrimonial es incalculable”.

En 1982 se realizó una pequeña reparación en el lugar, pero no es hasta el 2005 cuando comienza  la primera restauración capital, que se extiende hasta el 2008, con la cual obtuvo el Premio Nacional de Restauración que otorga el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural.

“Estuvo al frente de ese equipo Sergio Roque Ruano, conocido artista de las artes plástica matanceras, con un gran prestigio en este tipo de labores de rescate del patrimonio inmueble. La rehabilitación fue muy profunda y le devolvió al lugar sus valores originales, con su esplendor de los primeros años que prestó servicios”.

Aunque su estado de conservación es bueno, existen dificultades constructivas en el inmueble que se deben solucionar. Una de las paredes del hotel Louvre, edificio que colinda con la botica, desde hace varios años ha provocado serias afectaciones a la situación constructiva del inmueble cuyas estructuras han sufrido un deterioro acelerado.

A 54 años de su inauguración como museo, Marcia Brito, principal gestora de cuanto se hace por mantener vivo el legado de los Triolet en la ciudad, comenta algunos de los proyectos en los que se encuentran enfrascados hoy.

Marcia Brito, directora por más de tres décadas del Museo Farmacéutico de Matanzas

“Fortalecer el vínculo entre el museo y la comunidad, el trabajo científico tanto en el estudio de nuestras colecciones como en la historia de cada una de ellas, el desarrollo del museo como institución durante estos 54 años.

“La labor de rescate de bienes patrimoniales que son muy específicos de nuestro perfil que son las ciencias médico-farmacéuticas y conservarlos. Lograr que en algún momento el inmueble sea declarado dentro del Patrimonio Cultural de la Humanidad porque tenemos condiciones para ello, por nuestras colecciones y nuestra historia.”

La instalación, Monumento Nacional, recibe anualmente más de 40 mil visitantes, quienes experimentan, con solo traspasar el portón, la sensación de viajar en el tiempo.

“Se encuentran con una maravilla porque es impresionante encontrar a la luz de más de un siglo una botica original en perfecto estado que pude comenzar a funcionar de inmediato porque todo está en muy buenas condiciones.

“Quien se aventure al fantástico recorrido histórico que ofrecen nuestras salas recibirá una atención de excelencia y todo el amor que tenemos todas las personas que trabajamos aquí durante muchos años por cada uno de los rincones de este lugar y cada una de las piezas que hay”.

Así, como si la historia nunca se diera por vencida y gracias a la labor de quienes, casi inadvertidos, luchan por la conservación de este sitio, el Museo Farmacéutico constituye uno de los lugares más representativos dentro del movimiento patrimonial yumurino.

Los valores históricos y culturales que conserva, patentizan la pertinencia de incluirlo en la lista del Patrimonio Cultural de la Humanidad.




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