Search
Thursday 17 October 2019
  • :
  • :

Su leyenda y mi tributo

“(…) Tuvo delirios terribles, alucinaciones potentes, hermosas fantasías y sueños maravillosos e irrealizables para él. Era como un hombre que, despierto, quisiera realizar lo que había concebido soñando. Y muchas veces no conoció a los hombres, e hizo confianza en quien no la merecía y llamó su amigo a quien sería traidor y supuso talento en algún cretino.

“Tuvo, arrastrado por su fiebre, el impulso de hacerlo todo. E hizo más que miles. Y tenía el secreto de la fe en la victoria final. Irradiaba calor. Era como un imán de hombres y los hombres sentían atracción por él. Les era misteriosa, pero irresistible, aquella decisión callada, aquella imaginación rígida hacia un solo punto: la revolución. Tuvo también defectos. El día del castigo no hubiera conocido el perdón. Era un hombre de la revolución. Tampoco tuvo nada de perfecto.”

De esta forma recordaría Pablo de la Torriente Brau a Antonio Guiteras Holmes, desde Nueva York, tan solo meses después de su deceso en El Morrillo.

Por estos días, a 83 años del trágico suceso, cabría preguntarse: ¿cómo homenajear a un hombre sencillamente grande en el aniversario –uno más– de su muerte?

Quizás el ejército dispare salvas y realice marciales procedimientos, tal vez los creyentes coloquen, en alguna parte de la casa, un vaso repleto de agua para que descanse en paz, o quién sabe si a los niños, por tratarse de quien se trata, se les pida, hoy, en la escuela, que canten el himno con un poco más de fuerza.

Sin embargo, algunos más limitados solo podemos entregarle como tributo, por ahora, la posibilidad de que otros lo descubran, lo conozcan mejor…

***

Antonio Guiteras no era cubano, o por lo menos no de nacimiento. Había llegado a la vida en Filadelfia, Estados Unidos, cuando el siglo XX apenas entraba en su año seis; siete tenía él cuando arribó a la Isla. Aquí vivió cerca de doce meses en Matanzas y luego se trasladó a Pinar del Río.

En la Universidad de la Habana obtuvo el título en Farmacia y, posteriormente, asumió como propia la causa antimachadista enarbolando, incluso, la lucha armada.

Fue así que fungió como fundador y director de la Unión Revolucionaria, una organización política insurreccional con la que llevó a cabo numerosas acciones en el oriente del país. Desde ese frente lanzó El Manifiesto al pueblo de Cuba, donde expuso que todas las fuerzas revolucionarias cubanas, más allá de sus diferencias, debían unirse en pos de derrocar al tirano.

Luego de la huida de Machado ocupó altos cargos tales como Gobernador de la provincia de Oriente y, más tarde, el de ministro de Gobernación. Aquí, mostró un implacable carácter antimperialista. Tal vez un fragmento del trabajo publicado en el semanario Girón en 1985, con motivo del aniversario 50 de su caída, refleje mejor su accionar en aquel mandato de los Cien Días:

“Durante ese tiempo se dictaron leyes extraordinarias, de carácter popular, contra la oligarquía nacional y la extranjera. Guiteras expresaba: `Yo tengo la satisfacción de haber llevado a la firma del Presidente Grau los decretos que atacaban más duro al imperialismo yanqui´. Entre las leyes que afectaban esos intereses tenemos:

“La jornada máxima de 8 horas; la negativa al pago de la deuda contraída con el Chase Manhattan Bank; la del jornal mínimo; la del Seguro y Retiro Obrero; la incautación de los centrales Chaparra y Delicias, y la intervención de la mal llamada Compañía Cubana de Electricidad. Anteriormente, Guiteras había rebajado el kilovatio en un 45 por ciento.

“Al retirarse los explotadores de la Compañía, Guiteras designa a un revolucionario para administrarla. Esa era la medida más radical. Otras resultaron: incautación de las fincas que pertenecían a Machado y sus principales colaboradores, que se convertían en granjas agrícolas y se distribuían algunas tierras del estado a los campesinos necesitados; la ley contra la usura, contra los garroteros; la disolución de los viejos partidos que habían apoyado a Machado.”

Anécdotas de este período hay muchas. Entre las más representativas se encuentran la de su apoyo a unos obreros que en cierta ocasión arriaron la bandera norteamericana en el central azucarero donde trabajaban y, por otro lado, la orden de abrir fuego si algún marine estadounidense irrumpía ilegalmente en el territorio.

Luego del golpe de estado, Guiteras se sumió en la clandestinidad y, desde allí, fundó la Joven Cuba. En esta organización llegaron a militar más de mil revolucionarios.

En el año 1935, cuando era diana de una vertiginosa persecución por parte de las fuerzas batistianas, planificó salir del país hacia México con el objetivo de regresar en una expedición armada y alzarse en las montañas del oriente cubano. Pero, la delación de Carmelo González Arias, “amigo” de la infancia suyo y oficial encargado de la zona de El Morrillo, con quien había contado desde el inicio, dio al traste con su muerte en ese pedazo de la geografía matancera que, más que un punto de escape, significó la trampa definitiva.

La buena memoria de la Joven Cuba

Un año y un día –exactos– luego de la caída de Guiteras, apareció en el despacho de Carmelo González Arias –ya Comandante del Distrito Naval del Sur, con sede en Cayo Loco, en la bahía de Cienfuegos–, un paquete presuntamente llegado del Estado Mayor de la Marina de Guerra, que traía dentro una seductora caja de habanos.

Confiado, el eterno traidor –asesino– abrió el paquete que, en el acto, le desdibujaría por siempre la sonrisa. Las heridas propiciadas por el petardo escondido entre tabacos, condicionaron su muerte nueve días más tarde, en el hospital de Columbia.

Precisamente nueve años después de aquel acontecimiento, en 1945, Rafael Díaz Joglar caía en las calles del Vedado capitalino, víctima del fuego ajusticiador de La Joven Cuba, que ya había identificado a este hombre como uno de los delatores, y por tanto cómplice, de los sucesos de El Morrillo, en 1935.

***

Miro el libro que desde hace meses está por ahí, tirado sobre la mesa y armónicamente fusionado con el reguero. En su cubierta se dice que Tony Guiteras –Antonio– fue un hombre guapo y, pocos centímetros más abajo, aparece la imagen de un tipo de gesto grave y frente un tanto inclinada hacia delante, que no hace más que desafiar con su mirada.

Lo abro, como de costumbre hojeo varias veces y, antes de aventurarme en una lectura cabal, me detengo en una de las últimas páginas, en específico en un párrafo entrecomillado que, más tarde me percato, también pertenece a Pablo de la Torriente:

“(…) Antonio Guiteras sufrió como pocos la angustia caliente de la revolución (…) Ningún héroe es verdadero si no es más grande en la muerte que en la vida, sino queda más vivo que nunca después de su muerte. Si no es capaz de engendrar alientos en los que no lo conocieron sino por la leyenda, que es la única historia de los héroes verdaderos.”

Luego empiezo a leer; esta vez desde el principio.



Estudiante de Periodismo


2 thoughts on “Su leyenda y mi tributo

  1. odalys

    Mario siempre me sosprende. Luego de lo escrito por Pablo de la Torriente, Daneris Fernández, no he leido otro estampa viva de Guiteras que la regalada hoy por tí. Espero que con mis constantes alagos te acerques más a Pablo, presumas esencias de Guiteras y te enroles definitivamente en eso de contar la historia de manera diferente. Éxitos, muchacho!!!

    Responder

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Mostrar Botones
Ocultar Botones