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Monday 21 October 2019
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Matías Pérez cayó en el mangle del Naranjal

Generaciones de cubanos hablan y hablarán de Matías Pérez como si fuera alguien muy cercano y eso que la historia del sastre portugués se remonta a mediados de junio de 1856 cuando realizó, en La Habana, un primer vuelo exitoso en globo, y voló varios kilómetros.

Días después realizó el segundo intento desde el centro de la capital cubana, pero desapareció sin dejar rastros.

El asunto es que este martes los residentes de la ciudad Matanzas vimos merodear por el cielo un globo aerostático con algunos movimientos erráticos. La curiosidad movió a la población, mucha de la cual, o la mayoría, no lo había visto en pleno vuelo, y mucho menos en la vida real.

Una muchedumbre del reparto Armando Mestre y de las cercanías fue siguiendo el artefacto a pie, en moto, bicicleta, caballo y cuanto medios tenían a su alcance, la noticia se corrió de boca en boca, las especulaciones pululaban y los comentarios tomaron diferentes curso.

Unos decían “se va a caer”, otros “si tropieza con los cables de alta tensión se van a electrocutar” la mayoría buscaba información o la creaba con su imaginación, mientras tanto el hermoso globo flotaba sobre la periferia del asentamiento.

Desde el balcón de mi casa lo divisé y pensé que se caía, lo veía descender. Me trasladé a lo más cercano que pude y lo vi posarse en el mangle o terreno pantanoso que circunda la comunidad. Los comentarios aumentaban: “…de ahí no pueden salir, el pantano lo va atrapar”. La curiosidad subía de temperatura, el catastrofismo invadió a los neófitos y mientras tanto se sumaban más personas para disfrutar de un espectáculo nunca visto por la generalidad.

Cuando la canasta se sentó  entre el herbazal y el fango del pantano, uno de los tripulantes descendió  con el propósito de maniobrar para que la esfera levitara. Fuertes llamaradas de candela trataban de calentar el gas o aire comprimido para hacerlo más liviano, pero no se movía. Una tenue brisa los ayudó y comenzó un lento desplazamiento, con grandes esfuerzos el tripulante que había bajado trató de escalar la cesta, pero fue arrastrado por el lodazal y se quedó preso del pánico. Supongo yo.

El globo tuvo un vuelo de unos 20 metros, distancia que lo separaba del infructuoso navegante que estaba preso en  el fango, imposibilitado de avanzar. De allí tuvo que ser rescatado por los socorristas mediante una cuerda.

En ese punto se realizó la maniobra de desinflar, enguaralar y desarmar la estructura de la cesta, todo esto ocurrió sin ningún daño material ni humano, pero si con una pincelada de curiosidad que rompió con la rutina de los lugareños.

Concluida la maniobra conversé con unos de los viajeros, quien me contó que pertenecen al Club de Aeronáutica de Cuba, que están experimentando un Proyecto con fines turísticos para sobrevolar áreas del valle del Yumurí y otras locaciones de nuestro hermoso entorno.

Me comentó además que no tenían planeado realizar este aterrizaje, pero dado lo errático y poca existencia de viento tuvieron que maniobrar y descender en ese punto que resultó ser pantanoso.




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