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Monday 21 October 2019
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Cuba cubana…, un deseo de Saco

El hecho de que se hayan cumplido 221 años del natalicio de José Antonio Saco, no es más que un mero pretexto para recordar su nombre, su obra, su vida.

Si hablásemos de su ficha profesional, no podríamos pasar por alto ciertas esferas en las cuales se desenvolvió por mucho tiempo: el periodismo, la historiografía y la sociología. Y es que, cuánto no esperaríamos de un hombre que, con poco más de 20 años de edad, ya sustituía a su mentor, Félix Varela, como profesor de Filosofía y Ciencias Naturales en el Seminario de San Carlos.

Entre 1824 y 1832 residió en Estados Unidos, donde editó junto a Varela el periódico El mensajero semanal. A su regreso a Cuba dirigió la Revista Bimestre Cubana, así como el colegio de Buenavista.

No sería correcto afirmar que fue un revolucionario radical o ferviente partidario del independentismo, pero sí asegurar que poseyó  alto sentido de la responsabilidad y la moral, apreciándose ello en su constante defensa a fieles hijos de Cuba como el propio padre Varela y el gran poeta José María Heredia, quienes permanecían en el exilio.
Pero la gran hazaña de José Antonio Saco resultó el convertirse en el principal defensor de la nacionalidad cubana y su voluntad de fungir como implacable desmoralizador de la corriente anexionista, que ya por aquellos años de inicios del siglo XIX tomaba auge.

En su texto capital, Contra la anexión, rebatió con fuertes argumentos los criterios que defendían una Cuba norteamericana. Si bien reconoció las bonanzas económicas que esto podría traer, alertó sobre el alto costo que tendría para nuestra identidad, que no tardaría en desaparecer mediante forzados y previsibles procesos de transculturación. “Desearía que Cuba no solo fuese rica, ilustrada, moral y poderosa, sino que fuese también Cuba cubana y no anglosajona”, afirmó.

José Antonio Saco también abogó por la abolición de la esclavitud en momentos en los que la trata era de los principales negocios de la Isla. Propuso, asimismo, incentivar la inmigración blanca y de hombres libres como mano de obra.

Resultó una de las figuras más representativas de la corriente reformista e incluso fue elegido en tres ocasiones como diputado a las cortes españolas, función que nunca pudo desempeñar, pues poco caso le haría un gobierno despótico a las reivindicaciones de un hombre que, aún sin ser radical, veía en Cuba algo más que una triste colonia.

Saco acabó sus días en el destierro y cuentan que antes de morir pidió que se escribiera en su losa que “no fue anexionista porque fue más cubano que todos los anexionistas”.

Un pensamiento cuyas luces trascienden nuestros días, la historia de un hombre que resultó faro del civismo y la ética nacional no deben dejar de recordarse bajo ningún concepto en la Cuba de hoy o la de mañana. Para revivir a José Antonio Saco sería válido asirnos de cualquier pretexto, habría que inventarlo incluso, aunque sea tan simple como el de hoy: el aniversario 221 de su nacimiento.



Estudiante de Periodismo


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