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Monday 14 October 2019
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¿Vencerá la paz auditiva?

Como si quisieran sofocar la música natural de la ciudad y el canto de las aves, deambulan por las calles fanáticos musicales de equipos de alta potencia, que son aliados de aquellos que desde su hogar explotan las membranas auditivas de sus vecinos, con canciones de cualquier género.

Y esa llamada contaminación sonora resulta una especie de monstruo a perseguir por la comunidad, la cual trabaja en el papel que juega la familia, las organizaciones políticas y de masa e instancias del Poder Popular en el enfrentamiento a ese mal moderno de ciudades y poblados.

La tarea responde a lineamientos de la delegación provincial del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), con la participación de organismos como Salud Pública y la Policía Nacional Revolucionaria. El CITMA insiste en que violar los índices tolerables sónicos implica respuestas como multas y decomiso de medios generadores de los elementos contaminantes.

En mi criterio, debe velarse por las violaciones en cuanto a la intensidad de la música en unidades de servicio público y particulares, con el objetivo de erradicar molestias colectivas.

Asimismo existe un elemento novedoso que atañe también a otros Consejos Populares y se localiza en unidades de cuentapropistas, donde es necesaria la licencia sobre límites de exposición de ruidos para aquellos locales donde laboran operadores de audio, acción que también debe extenderse a algunas estatales.

La emisión sonora requiere de un orden que no puede ser afectado por el capricho o gusto de alguien, sino que emane de un volumen que acaricie o alegre, en vez de dañar el sosiego de visitantes y vecinos.




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