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Saturday 14 December 2019
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Ser o no ser

El receptor Osvaldo Vázquez, en jugada en home sobre el matancero Aníbal Medina, en el primer partido de la subserie entre Cocodrilos y Tigres como continuación de la 56 Serie Nacional de Béisbol, en el estadio José Ramón Cepero, de Ciego de Ávila, Cuba, el 19 de agosto de 2016. Foto/Osvaldo Gutiérrez

No vamos a hablar de la primera línea de Hamlet, soliloquio de la obra de William Shakespeare, sino de la opción que constituye para algunas personas el convertirse en árbitros deportivos y realizar la labor con la calidad requerida.

El desempeño de los atletas en las disciplinas que practican ha crecido con el decursar de los años, quizás motivado por la condición de que ser estrella en estos menesteres garantiza mucha fama, pero sobre todo considerables ingresos financieros.

También el deseo desmesurado de ganar y ganar títulos o implantar récords, que igual repercuten en un desahogo monetario, condicionan también la aparición de las mañas y jugarretas que no pueden pasarse por alto. Entonces el árbitro, ese personaje encargado de impartir justicia en los momentos cruciales para que el desarrollo del evento deportivo transite por los caminos normales, crece en protagonismo.

No hablaremos de los “referees” del boxeo, pues este deporte desde su surgimiento ha sido objeto de despojos inconcebibles y escándalos que involucran al arbitraje.

Por ejemplo, en el más universal de los deportes, el fútbol, los hombres de negro en cada partido han sido equipados con todo tipo de tecnología y sofisticados sistemas de comunicación entre los árbitros de línea y el cuarto para anunciar alguna falta que pueda no ser detectada por el principal.

Pero resulta que hay infracciones que no la ven ninguno de los cuatro o la decisión del “referee” no es la adecuada, porque tiene que decidir en fracciones de segundos lo que millones de aficionados, periodistas y directivos que disfrutan el juego por televisión, tienen la posibilidad de ver una y otra vez en “slow motion” y alta definición, que ofrecen las casi 40 cámaras que recogen cada una de las incidencias del choque.

Es ahí cuando el árbitro del partido queda en entredicho y para evitar disgustos entre los fans, presidentes de instituciones, jugadores, técnicos y demás, se recurre nuevamente a la tecnología.

Para el fútbol se instaura el VAR (Video Assistance Referee), que permite revisar la jugada dudosa y adoptar la decisión correcta, aunque eso signifique ahogar el grito de un gol ya realizado o esperar para celebrarlo nuevamente.

Muchos se han manifestado en contra del VAR –hoy en fase de prueba-, incluso hay ligas como la española que aún no lo tiene instaurado, quizás para no aumentar el descrédito de los árbitros que en ella actúan, por la fama de ser de los peores de Europa.

También se ha visto en la actual temporada de la Champions y de la Europa League algunas jugadas polémicas que han derivado en el resultado final de una eliminatoria en favor equivocado. Hasta pudiera pensarse que las decisiones arbitrales son intencionadas para forzar la instauración de este recurso de revisión y así salvar su piel, que el 99 por ciento de las ocasiones está “en capilla ardiente”.

Otros deportes como el béisbol, tenis, volleyball ya lo utilizan y será cuestión de adaptarse, aunque, como nada es absoluto, existen decisiones como mostrar alguna tarjeta amarilla o roja y cantar algún strike, que siguen quedando a la apreciación del árbitro.

No cabe duda de que tomar la decisión de impartir justicia en un campo de juego es bien valiente, porque aún cuando exista la ocasión de decidir una jugada importante y la misma sea acertada, nadie se acordará de eso al final o incluso años después si este fuera considerado como el mejor partido del siglo.

Siempre serán los jugadores los que se roben los reflectores y los árbitros están ahí para hacerlo bien.

FIVB World Grand Prix Finals USA vs. Brazil.




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