Search
Tuesday 15 October 2019
  • :
  • :

El “gran” Ben

La puntualidad de los ingleses parece ser tan grande que –hay quienes afirman– pasa de un sustantivo abstracto a convertirse en toda una institución. No se trata de metáforas; la virtud británica para con el tiempo se levanta por encima –literalmente– del mismísimo Parlamento del Reino Unido.

Big Ben, así le llaman al panegírico de la exactitud londinense. Big Ben, el reloj del mito, la acción y el suspense filmográfico. Big Ben, el elemento perfecto para completar el encuadre de una foto de amor al estilo Cenicienta… con los minutos contados.

Contando los minutos, precisamente, se le han pasado los años a este despertador gigante; desde el 31 de mayo de 1859 –para ser precisos– anda en eso, como si se jugara la vida en demostrar que el tiempo es oro.

No se conoce a ciencia cierta si el nombre salió en homenaje a un boxeador o a un sir, sin embargo, las versiones oficiales siempre se inclinan por el origen más “puro”. Y es que por aquellos parajes la nobleza tiene sus manías y antojos; fíjense si así funciona que la torre que sustenta al inmenso reloj –antaño reconocida Clock Tower– desde hace pocos años recibió el nombre de Elizabeth en homenaje a la reina.

Las cuatro caras del reloj que la gente puede ver guardan celosas una gran campana cuarteada que pesa más de trece toneladas. Esa es en realidad “Big Ben”, pero, quizás por alguna manifestación de cortesía inglesa, ha sabido ceder el nombre al conjunto en general.

Exageran los que afirman que nunca ha sufrido el retraso. No obstante, sobran los dedos de una mano para contar las ocasiones en que ello ha ocurrido. Por algo –aseguran– resulta el más exacto del mundo.

Sus 93,3 metros de altura no le alcanzan para ser el de mayores dimensiones sobre la tierra; casualmente, a los americanos –los del norte– les dio por levantar uno más grande. De poco les sirve; al final…, por muy buenas que sean las copias mejoradas, nunca dejarán de ser alegorías a un original. Un original al que ni los aviones nazis, ni las oleadas de calor, ni las fuertes nevadas lograron mancharle su impecable porte británico. Un original con el cual el tiempo no ha podido, pero al que, como ineludible destino, le ha tocado y ha tenido que poder con el tiempo.



Estudiante de Periodismo


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Mostrar Botones
Ocultar Botones