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Tuesday 15 October 2019
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Bibliotecarios: la sabiduría detrás de una profesión

Los buenos libros se encuentran entre los mejores maestros que existen. Fuentes de una impresionante sabiduría, ninguna escuela prescinde de ellos; todos recurrimos a esos objetos cuadrangulares para crecer como personas y encaminarnos en la vida.

La biblioteca es el lugar donde se congregan los libros y esperan por nosotros, deviene elemento fundamental para el aprendizaje, uno de los lugares más importantes donde encontrarnos con el conocimiento, en el silencio y la paz que se percibe en su interior.

Las bibliotecas son una realidad consolidada a lo largo de más de cuatro mil años de historia, que discurre paralela a la de la escritura y el libro. Pueden definirse como una colección de material de información organizada para que pueda acceder a ella un grupo de usuarios, con servicios y programas relacionados con las necesidades de información de los lectores.

Pero de poca utilidad resultarían estas instituciones culturales sin el aporte de aquellos que no escatiman horas o esfuerzos para abrirnos, más que las puertas al local físico, una ventana a la infinita sabiduría que se resguarda entre las páginas de sus libros.

El alma de las bibliotecas son las personas que la habitan: lectores, estudiantes, apasionados de la lectura y, especialmente, los bibliotecarios, profesionales encargados de acercarnos al maravilloso mundo de la literatura. Muchas veces son olvidadas estas personas que, desde su apacible e inmenso refugio del mundo, devienen verdaderos promotores de la cultura, maestros por vocación y pasión.

Sin ellos sería inútil que existiera ese templo, son los que generación tras generación dan vida a este lugar y reivindican su importancia en el bagaje cultural del pueblo. Imprescindible es su labor, aún más dentro de las escuelas donde sirven de manera extraordinaria a los alumnos con materiales que abarcan los programas educativos y de investigación de los establecimientos docentes.

Al recordar a las bibliotecarias que he conocido a lo largo de mi vida siempre acuden a mi mente imágenes de mujeres delicadas, esforzadas porque encontrara el título que necesitaba para realizar una investigación o llenas de atenciones para acercarme a los más importantes textos de la literatura cubana y extranjera.

Esas memorias no pueden más que remover en mí el cariño que supieron motivar en mis años como estudiante, la pasión que bien supieron sembrar en mí hasta convertirme en una ferviente consumidora de literatura, la paciencia con que me recibieron siempre, con los brazos abiertos invitándome a la lectura, a adentrarme en un viaje sin regreso por el inacabable mundo de los libros y el conocimiento.




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