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Friday 18 October 2019
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Océanos limpios, planeta saludable

La bahía de Matanzas es sin lugar a dudas un regalo que los nacidos en esta ciudad apreciamos y agradecemos. Su amplitud como centro de un gran anfiteatro y la tranquilidad de sus cristalinas aguas, constituyen una postal única para yumurinos y foráneos.

Pero nuestra bahía, es tan solo un minúsculo espacio de mar dentro de los océanos, esos ecosistemas marinos que cubren las dos terceras partes de la superficie terrestre y a los que se le dedica cada 8 de junio para llamar la atención en favor de la conservación de sus aguas y las especies de la flora y la fauna que en ellos habitan.

Ahí está el Pacífico, reconocido como el océano más grande de la Tierra y que cuenta con el punto más bajo de la superficie de la corteza terrestre: la fosa de las Marianas.

El Atlántico, cuyo nombre proviene del griego Atlas, uno de los titanes de la mitología griega, es el océano que separa a Europa, de América y África.

El océano Índico es el tercer volumen de agua más grande del mundo, mientras que el Antártico el penúltimo.

Y el Glacial Ártico, el más pequeño de los océanos del planeta, y se extiende al norte de Europa, Asia y América.

Así se formaron hace unos 4000 millones de años para actuar como los pulmones del planeta, pues producen la mayoría del oxígeno que respiramos y reducen el impacto del cambio climático al absorber aproximadamente el 30% del carbono que generamos.

Con su función de absorber calor y redistribuirlo alrededor del mundo por medio de las corrientes y la interacción con la atmósfera, regulan el equilibrio del clima terrestre.

En el orden nutricional proveen de alimentos y medicamentos a millones de personas en todo el orbe porque constituyen el hábitat común de gran variedad de seres vivos apreciados por sus carnes o aceites.

Económicamente los océanos además de conectar a las personas de todo el mundo, facilitar el comercio y favorecer el desarrollo del 80% del turismo y la recreación, permiten la explotación petrolera con la extracción del hidrocarburo que se encuentra en las profundidades marinas.

Aportes únicos e invaluables de esas enormes masas de agua amenazadas por la contaminación que fundamentalmente provocan los seres humanos al practicar la sobrepesca y la pesca ilegal.

A ello se suman el vertimiento de residuales líquidos y los millones de toneladas de plásticos que se arrojan a los océanos.

Basta comentar que se estima que para fecha tan cercana como el 2050 los océanos contendrán más plástico que peces.

Y es que en 1988 fue descrito en el océano Pacífico lo que se ha dado en llamar el octavo continente, que no es más que una  isla de basura o isla tóxica.

La acumulación de desechos sólidos –justo en ese punto–, se debe a la confluencia de la corriente del Pacífico Norte con los vientos alisios del sur, que se mueven en direcciones opuestas. Eso da lugar a un remolino que impide que la basura se disperse hacia las costas.

Con un tamaño aproximado de 3,4 millones de km², el área puede contener cerca de 100 millones de toneladas de desechos y una profundidad de treinta metros bajo el mar.

Pérdidas en medio de aguas internacionales, junto a las del Atlántico y el Índico, nadie se hace responsable de esas islas tóxicas y siguen creciendo ante la pasividad de países, gobiernos e instituciones.

Y como ese plástico procedente de la producción industrial, la vida doméstica y los barcos no se elimina totalmente mediante los procesos de degradación sobresale un colchón de micro-fragmentos, del tamaño de un grano de arroz, que contamina y destruye lentamente el ecosistema oceánico.

Al final esas partículas son ingeridas por los organismos marinos que viven cerca de la superficie del océano. Por lo tanto, los residuos de nuestra basura entran por completo en la cadena alimenticia, es decir llegan a nuestra mesa, a través de los peces y mariscos que consumimos.

Hechos contra los que estamos en el deber de luchar porque todos los seres humanos dependemos del mar, incluso los que viven lejos o en el interior.

Los océanos desempeñan un papel fundamental en el equilibrio social, económico y ambiental de todos los países del mundo.




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