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Wednesday 16 October 2019
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Versos de una Patria en carne y hueso convertidos (+audio y fotos)

Entre los obsequios, Carilda recibió emocionada la más reciente edición de Cien horas con Fidel

Duerme el verso convertido en susurro. La máquina de escribir aguarda paciente el roce tenue de sus dedos, mientras la pluma y una hoja en blanco le arrullan las metáforas. Ella las vive, las palpa, las reacomoda y las deja grabadas en una libreta en la esquina de la mesa.

Otras como aquella construcción sintáctica aún sin destino aguardan el soplo de aire que las traiga a la vida, van y vienen palabras delatoras de los desmanes y promesas de una mujer que nace en el borde del renglón, a la sombra de las más estremecedoras y sensuales confesiones.

Y es que en sus propias palabras no encontraremos más que poesía porque su vida misma está escrita entre rimas de amores y desamores, sinalefas de gatos tirados sobre un sofá, promiscuas miradas al interior de un ser que, convertido en poema y leyenda, arropa en nosotros aquellos sentimientos que a veces creemos perdidos.

El pueblo matancero se reunió en Tirry 81 para celebrar los 96 años de la Novia de Matanzas

Hoy la poesía adopta figura femenina y tiñe sus cabellos de un claro color trigo; desde sus ojos asoman los suaves tonos de su bahía y entre sus delicadas manos de doncella, adornadas por las huellas del paso inquebrantable de los años, nace la dulce personificación de la sensualidad.

Hoy la poesía busca resguardo en una casona de Tirry 81. De ahora en adelante la llamaremos Carilda, una mujer que no necesita de las aureolas de lo inmortal porque ella misma irradia una luz propia de los ángeles; sencilla como pocas, inmensa como las leyendas que sobre su vida alcanzan cualquier rincón del mundo.

Sin mayores presentaciones porque ella se instituye en símbolo cada día desde las letras infinitas de su hermosa isla, Carilda Oliver Labra fue acogida por la historia y en la historia misma se ha convertido.

Los niños dedicaron sus dibujos a la extraordinaria poeta

A veces podemos descubrirla en la mirada serena de una joven hermosa con cabellos rubios que se rizan de noche, la que casi acaricia cada sílaba al hablar, aquella valiosa mujer que podría llamarse también Matanzas o Bellamar, la que tuvo el coraje de cantarle a un Fidel que, desde la Sierra, soñaba con esta Cuba que hoy la venera.

En nombre de los intelectuales y artistas Miguel Barnet, presidente de la UNEAC, expresó su admiración por Carilda

Casi recita Carilda y las palabras se precipitan desde el contorno de sus labios como si la luz no encontrara otro lugar donde anidar que no sea en su boca demorada.  Carilda Oliver trasciende la poesía, trasciende Matanzas, las líneas de lo mortal y lo divino. Carilda es en sí misma luz, es leyenda, es inspiración.

Más que el erotismo y la sensualidad que se desprenden de sus versos, Carilda nos regala sintagmas que enamoran tanto si habla de muertes o de sus gatos, de aquel nombre que le duele debajo del seno izquierdo, de los ratos de selva que pasó con un náufrago en la cama, del Pompón, Canímar o Monserrate.

Hoy celebra sus 96 años el ser alado que lleva la poesía hasta en su nombre, sus apellidos y su cuerpo convertido en papel blanco, como si se entregara en alma, lágrimas y tormentas. Vuelvo a emocionarme al mencionarla; los seres tocados por la grandeza espiritual no merecen menos que nuestro estremecimiento y reverencia.

Ya no va desordenada como antes, mas resplandece como siempre. Gracias a esta mujer, convertida en símbolo de lealtad por esta Atenas que a cada paso la reclama, muchos aprendimos a amar la poesía. En ella redescubrimos nuestros amores más secretos, los mejores guardados. Nos sorprende con una coloquial concatenación de versos sin rima, comparte con nosotros la emoción de su identidad martiana, fidelista, cubana.

Carilda Oliver Labra es dueña de una belleza lúcida que transpira su nonagenario cuerpo, aun cuando en su alma no asoman más que unos pocos años

Carilda cumple 96 años este 6 de julio. Se escucha vibrar en su voz la poesía de la Patria y una vez más la casa de Tirry 81 se estremece con cada latido de su isla inmensa.




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