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Monday 16 December 2019
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Más verdor en la mesa

¿Por qué son importantes los organopónicos? ¿Es solo porque nos enseñan y propician el comer verduras? ¿O sencillamente son importantes porque a la larga producen -aunque haya grandes precipitaciones o sequías-, y responden así a las necesidades alimentarias de la población?

Y me refiero a que la agricultura urbana, suburbana y familiar trata de vencer obstáculos para continuar los aportes de hortalizas, condimentos frescos y plantas medicinales.

Vale recordar que este tipo de cultivo surgió como sistema organizado en 1997, pero sus antecedentes se remontan a diez años antes, cuando el General de Ejército Raúl Castro, entonces ministro de las Fuerzas Armadas, propuso generalizar los organóponicos.

Se plantea además que la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura lo recomienda mundialmente.

En el caso de Cuba los huracanes, la sequía y las limitaciones de recursos colocan imprevistos en el éxito de esta modalidad, aunque existen técnicos preparados para insistir en el objetivo.

Fuentes nacionales indican que para continuar por esa línea de aciertos hay que reducir las superficies ociosas, que suman más de 41 mil hectáreas e incrementar la estabilidad de los surtidos durante todo el año, a partir de una explotación más eficiente de diez mil hectáreas de organopónicos, huertos intensivos y parcelas existentes en el país.

Es importante conocer que sus inversiones están valoradas en 96 millones de dólares hasta 2020, con asistencia internacional y créditos estatales, lo cual constituye un respaldo a los esfuerzos por paliar la deficitaria producción nacional de alimentos.

El crecimiento de la agricultura urbana significa además acercar esos productos a las placitas, a precios razonables, lo que no sucede de manera habitual.

Esos espacios llenos de canteros en zonas periféricas de los Consejos Populares parecen oasis de verdor cuando logran rendimientos hortícolas y variedad de productos.

Aumenta la demanda, pero escasean los productos, situación que se agrava con la merma de los puntos de venta o carretilleros por cuenta propia, quienes son los que preferentemente abastecen cerca de los hogares a la población, pese a que, basados en la concebida oferta-demanda, los precios en ocasiones hacen “temblar” los bolsillos.

¿Entonces, qué hacer? ¿Comemos verduras o las olvidamos del menú? Son disyuntivas que hay que resolver para lograr un balance nutricional en la mesa del cubano, con la participación de esas importantes modalidades agrícolas.




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