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Wednesday 16 October 2019
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Giratorio

El puente giratorio resulta un ícono de la ciudad de Matanzas. Sin embargo, su historia aparece como incógnita para quienes a diario pasan a su alrededor. Su futuro…, una gran interrogante.

Los más jóvenes preguntan si en verdad giró algún día. La incertidumbre domina a otros que cuestionan la supuesta posibilidad de que retome viejas andanzas.

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De acuerdo con el Historiador de la Ciudad de Matanzas, Ercilio Vento Canosa, este paso ferroviario sobre el San Juan comenzó a proyectarse en 1903 y apenas un año más tarde estaba listo.

“El puente vino en 214 piezas desde Nueva York, en el vapor Olimpia. Se inauguró el 8 de abril de 1904 con el paso de un tren procedente del ingenio Santa Catalina. Lo llamaban puente de oro o negro, porque siempre estuvo pintado de ese color”, agregó Vento.

La gran estructura daba vueltas y permitía pasar goletas que iban hacia los almacenes del San Juan en busca de azúcar. Con los años, cambió la situación; desaparecieron las goletas y también la necesidad de alcanzar el dulce grano río adentro.

A propósito, el Conservador de la Ciudad de Matanzas, Leonel Pérez Orozco, expresó:

“El puente se perdió a partir de que el puerto de Matanzas asumió la posibilidad de amarrar los barcos cerca de él, a principios de los 60. Entonces los almacenes de la orilla del río San Juan fueron perdiendo su esencia y el puente no giró más de forma regular.”

En 1987 una patana cabaret yacía en la margen del San Juan. Para sacarla al mar resultó menester mover el puente. El giratorio alineó con el río por última vez.

Con el tiempo el deterioro ha ido “in crescendo”. Según Ercilio Vento, aunque el puente es recto, su línea ferroviaria posee una curva con un radio de giro superior a la distancia entre las ruedas de cada vagón de tren. Ello provoca determinadas vibraciones que, a juicio del Historiador, van dictaminando, hasta hoy, su sentencia a muerte.

A su vez, Orozco tiene entre manos un ambicioso plan:

“La Oficina del Conservador está proponiendo el estudio integral –mecánico e ingeniero– del puente giratorio para volverlo a hacer funcionar. El objetivo, en este caso, no sería dejar pasar las barcazas, que ya no son necesarias, sino rescatar propiamente el giro”, aseguró Orozco.

También contó que la idea incluye el paso de un tren a vapor que llegaría hasta el Castillo de San Severino y el de una embarcación. Un espectáculo que el Conservador ya comienza a llamar el “digamos…, cañonazo de las nueve de Matanzas”.

Para acometer la reparación capital se requiere de una inversión millonaria debido al actual estado de la obra arquitectónica. Correspondería levantar la estructura con dos grúas a cada lado, calzar el puente en madera y trabajar sobre todo en el mecanismo de la base que, conforme lo expresado por Orozco, resulta la parte más dañada.
El Conservador explicó que el proyecto podría comenzar entre el 2020 y el 2025.

Ercilio Vento reseñó que, antaño, el giro del puente aparecía como algo cotidiano, normal. No obstante, no dejó de reconocer que un presunto regreso a los esencias del puente representaría gran espectáculo y sumaría al valor agregado del –todavía en reparaciones– paseo fluvial.

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Mientras tanto, el puente giratorio permanece allí, en el mismo lugar de hace cien años, como cualquier nostalgia de ciudad. Sin hacer honor a su nombre, al que todos le han puesto, yace estático, inamovible, acaparando el salitre del viento, el que le dejan quienes pescan sobre él, el que le impregnan los “clavadistas” improvisados.

El ícono sigue –no se sabe hasta cuándo– resistiendo el paso del tiempo.

  • Escrito en colaboración con Lissania La Osa LLanes


Estudiante de Periodismo


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