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Saturday 7 December 2019
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Lo que el agua no se pudo llevar en la Ciénaga

La casa de columnas azules parecía una isla en el centro de la Ciénaga de Zapata. Las aguas de la presa más cercana, desbordadas por las intensas lluvias de la tormenta Alberto, la cubrieron hasta la altura de la ventana, a un metro y medio del suelo. Aunque ya había bajado la crecida, aún estaba aislada, y sus dueños permanecían evacuados.

Esta imagen se repetía en otras viviendas de las comunidades cenagueras de El Helechal, Cayo Ramona y la Ceiba, en Matanzas, algunas de las más afectadas en este territorio por las crecidas que provocaron las fuertes lluvias que comenzaron en la última semana de mayo. Mientras la tormenta subtropical Alberto avanzaba sobre las cálidas aguas del Golfo de México, cerca de 3 000 personas fueron evacuadas en la zona ante la inminencia de las inundaciones y a mediados de junio todavía muchos permanecían sin regresar a sus casas.

El joven soldado Jorge Alejandro Machado, miembro del Batallón Forestal del Ejército Juvenil del Trabajo (EJT), ubicado en el corazón de la Ciénaga de Zapata, a pocos kilómetros de Playa Girón, contó a Granma que “esta inundación es lo más triste que hemos visto”.

Junto al resto de los soldados del Batallón en el que cumplen su servicio militar, él ayudó en la evacuación de sus padres que viven en El Helechal, y también asistió el traslado del resto de los habitantes de las comunidades de la zona hacia áreas fuera de peligro.

                                                            El Batallón también es un gran apoyo para la Unidad Silvícola                                                                                                   de Cayo Ramona, de la Empresa para la Conservación de la                                                                                                                                     Ciénaga de Zapata. Foto: Dunia Álvarez Palacios

El agua subió a un nivel inusitado. Sobre tractores y carretones, los más de cien oficiales, sargentos, soldados y trabajadores civiles llegaron hasta las comunidades afectadas y ayudaron a transportar personas y pertenencias hacia lugares seguros, previstos por el Consejo de Defensa Municipal. “Fueron días muy duros, pero ahí estuvimos”, aseguró el capitán Hiller López Duvergel, jefe de Batallón.

En casos de peligro, siempre estamos presentes, añadió.

Veinte años al servicio de las comunidades cenagueras

Las pasadas inundaciones no han sido la única vez que los miembros del Batallón han ofrecido su apoyo a las comunidades cenagueras en peligro. Desde su creación, en el año 1998, ellos son los encargados de velar, junto a los cuerpos de guardabosques, bomberos y el resto de las autoridades, por la seguridad forestal y de los pobladores del territorio, ante casos de incendio y otros desastres naturales.

“Nuestros muchachos son muy jóvenes, competentes y valientes”, explica el capitán Hiller López.

El Batallón también es un gran apoyo para la Unidad Silvícola de Cayo Ramona, de la Empresa para la Conservación de la Ciénaga de Zapata. Luego de intensas lluvias, incendios y otros desastres naturales, el trabajo más riguroso consiste en la regeneración y enriquecimiento de las áreas boscosas para evitar que se comprometa su riqueza y diversidad.

Es una tarea ardua, que nunca termina. “Desde bien temprano hacemos las labores de limpia y aclareo de los bosques, cortamos cuje para tabaco y leña para carbón de exportación”, comentó el soldado Alexis Cobas González, mientras hace una pausa con su moto-sierra, que ha derribado un soplillo, árbol silvestre de madera dura, de los que más abundan en la Ciénaga.

La principal labor del Batallón es esa, darle tratamiento silvicultural a esta zona, explica a Granma Jorge Luis Hernández, jefe de área de manejo del Batallón Forestal del EJT.

“Protegemos la vida de los bosques. Dejamos en pie los árboles que no están dañados ni obstruyen el crecimiento de los otros. Esta labor exige mucho sacrificio y conciencia. No se trata de talar indiscriminadamente, sino de mantener los bosques saludables”.

Cuando los soldados terminen su periodo de servicio militar en el Batallón, “estarán preparados para la vida y, de proponérselo, podrán ser excelentes trabajadores forestales”, agregó Hernández.

                             Soldados del Batallón Forestal del Ejército Juvenil del Trabajo. Foto: Dunia Álvarez Palacios

Después del diluvio

La Ciénaga de Zapata recobra su aspecto habitual y las comunidades vuelven a ser las de antes.

Ha bajado ya el agua en la casa de columnas azules y regresaron sus dueños con total seguridad para sus  vidas. A pocos kilómetros vuelve también a su trabajo habitual el Batallón Forestal, ahora en el ajetreo de restaurar las áreas boscosas dañadas por las crecidas.

Hiller López, el jefe del Batallón, asegura que no bajan la guardia ni un segundo. “Las lluvias pueden volver, ya estamos en temporada ciclónica. Para los cenagueros siempre estaremos aquí”.

Tomado del periódico Granma



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