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Wednesday 23 October 2019
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Donde nacen las palabras

Una fábula infantil habla de un sapo envidioso incapaz de “tirar un pasillo”, que acabó con la diversión de un ciempiés bailarín cuando le pidió explicación detallada del movimiento de cada una de sus muchas extremidades, ante lo cual el pobre bicho quedó paralizado, pues nunca antes había reparado en tales detalles.

De igual modo cuando hablamos no perdemos un segundo en analizar el origen de las palabras que empleamos a menudo, solo fluyen con el propósito de comunicarnos, esa necesidad insoslayable desde el nacimiento de la humanidad hasta la era digital de nuestros días.

El idioma Español se distingue en el mundo por su riqueza. Incluida Cuba se practica en más de una veintena de naciones; con 500 millones de hablantes en la actualidad, es la segunda lengua nativa más hablada en el mundo solo superada por el chino mandarín.

Alrededor de cien mil vocablos, de los cuales el hablante promedio utiliza apenas 300, revelan un mosaico cultural formado por piezas de todo el mundo, un patrimonio vivo y cambiante que muchos maltratan con expresiones vulgares a diario, tal vez a causa de su ignorancia en el tema.

De África subsahariana llegaron para quedarse palabras como banana, bemba, bongó, cachimba, casimba, chimpancé, conga, cumbia, dengue, mambí, marimba, mucama, ñame, quimbombó, tanga y zombi, según explica el investigador cubano Sergio Valdés Bernal en su esclarecedor libro La hispanización de América y la americanización de la lengua española.

Caolín, charol, jangua, kétchup, mayón, te, feng-shuí, kung-fu y otros vocablos los heredamos de la milenaria lengua china, mientras de la India tomamos alcanfor, chacal, lila, naranja, maharajá, ópalo, catamarán, catre, curry, mango…

Gitanismos son andoba, jamar, jarana, jiña, jiribilla, sandunga y entre los germanismos usamos los latinizados falda, ganso, jabón, sopa, ataviar, brote, guarecer, robar, ropa, cartel, bunker, kindergarten…

Procedencia portuguesa tienen barullo, cardumen; es francés el origen de homenaje, palafrén, vianda, chofer, burocracia, garaje, contralor, menú, arribista, banal, cadete, coronel, crema, flecha, goleta, ojiva, afiche, debacle, rol…

De Italia recibimos clarín, consorcio, cañón, cantata, folleto, ópera, logia, alerta, asalto, escaramuza, mandarria, artesano, bancarrota, mercancía, bacán…

Así pues, estas y otras muchas expresiones de procedencias tan diversas forman parte de una herencia multicultural: esa lengua que hablamos y nos distingue, un detalle para tener en cuenta a la hora de expresarnos cotidianamente.




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