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Saturday 7 December 2019
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Eso no es “jamón”

Dentro de todo ese mar de pregones que hasta hoy sedimenta el folclore cubano, a ratos se escucha la palabra “pesca´o”. Algunos lo ignoran, mientras otros salen a comprobar la calidad y frescura de la oferta. Quien quiere y puede…, compra.

Pero el señor de las ensartas en cada manubrio de bicicleta, pocas veces brinda cuentas de la vorágine oculta tras un pargo listo para limpiar, cocinar y servir.

En la base de pesca Ernesto Acosta, con sede en el río Yumurí, atestiguan los hombres de mar que el asunto no resulta poca cosa.

Por ejemplo, un señor calvo, grande, moreno, nos aseguró: “La gente piensa que en la pesca del pargo todo está “jamón”…, desde que sales de aquí llevas casi mil 200, mil 500, a veces hasta dos mil pesos de gasto –pa´ que tú estés claro– porque es muy lejos. Muchos creen que aquello es llegar, cogerlo y ya. No, no, no, no, eso no es llegar y cogerlo. Todo lo que tú llevas cuesta: combustible, comida, cigarros, la embarcación que también sufre… Eso no es fácil.

“La pesca del pargo acontece durante las lunas llenas de mayo, junio y julio. Esta que viene ya es la última. Esos pargos –los sanjuaneros– se pescan en la zona de la callería, de Varadero hacia afuera”, comentó René Orta de la Victoria, pescador de la base.

A su vez, Yudiel Acudi Mesa, presidente de la entidad, precisó que desde “dos días antes del lleno puedes ir en cualquier momento. La luna va menguando y todos esos días son buenos hasta que llega el ´muerto´ de la luna.”

Conocida la fecha de captura, apareció la interrogante de cómo se prepara la embarcación. Lo que nunca puede faltar –dieron fe– resulta la carnada.

“Usamos mojarras, manchuelos, calamares, pulpos… Tienes que tener también una nevera con hielo para echar el pescado y te dure los días que vas a estar en los cayos. Los nailons deben ser de 50 libras en adelante: 50, 80, 90, cien. El metraje siempre supera los 150 metros”, reseñó René.

“Y nos vamos a pescar los pargos, nos metemos dos o tres días por allá –quienes tengamos contrato con la pesca. El que no, solo puede ir por 36 horas”, acotó Yudiel.

La captura: detalles y peligros

René Orta insistió en que “el pescado, cuando ya tú lo tienes ´engüevao´, pica seguido. Cada cual tiene su estilo; hay quien pesca al fuete, hay quien al corredizo, a mamadera…, depende del pescador. Existen varias formas de pescarlo y todas las veces no pica igual. Y tienes que ir buscando dónde está. Con el mismo nailon vas levantando hasta que lo encuentras.

“Hay que ver la hora en que pica. Casi siempre es a la salida de la luna. A prima de noche se coge también. Al mismo tiempo, influye el cómo estén las corrientes. ¿Pero cuál es la ventaja de los pargos? La velocidad con que tú los puedas sacar para afuera. Se dice una buena pesca en los cayos…, mil y pico de libras. Yo he llegado a coger hasta mil 200 libras, mil 300”, agregó el presidente de la base pesquera.

Grabadora apagada, los pescadores de la base del Yumurí se sueltan un poco más. Debaten sobre las ventajas de una vela improvisada en los botes, de los recientes fracasos, de las nuevas y viejas tecnologías. Recuerdan los momentos graciosos, los de riesgo.

“Cuando vio el pargo y la ´mordía´ que le habían dado de la cabeza a la cola, dijo: más nunca me meto en el agua”, rememoró René entre carcajadas mientras hablaba de los contactos con tiburones.

Respecto a los peligros, explicó el señor grande, moreno y gentil a quien olvidé –imperdonablemente– preguntar nombre:

“Los tiburones te cogen los pargos. ¡Qué tiburones! Cualquier pescado grande que viene ahí dentro de esa `pelota´. Cuando hay una ´arribazón´ viene todo tipo de pescado, lo mismo bueno que malo. Tú estás sacando el pargo y ellos te lo trozan. Le dejan la cabeza, un pedacito, se llevan el nailon. Es horrible eso.

“Y los tiempos, pa´ qué contarte, hace falta que el año que viene o esta luna vengas para que te lleven allá arriba, para que tú veas lo que es una montaña de agua, para que tú confirmes de verdad. Y si son la gente mareada…, para que hagas una película” –todos ríen.

Dice Santiago Castillo Macías que “los viejos de antes pescaban con pita, no existía el nailon, entonces ellos cogían la pita, que era blanca y la teñían con mangle rojo. Aquello era lo que utilizaban para pescar: tiburones, pargos, de todo cogían con eso. No era muy efectivo porque te la picaban fácil los peces.”

***
Uno está tranquilo, en la casa. El reloj roza las 10:00 de la mañana y el barrio –qué suerte¬ anda quieto. Un grito rompe lo sepulcral del silencio. Dice mi abuela que es un tipo en bicicleta con dos ensartas el que lanza el alarido de “pescaaa´oooo”.

Yo la corrijo: “no mima, no. Es algo más que eso.”



Estudiante de Periodismo


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