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Friday 18 October 2019
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La Maga(ly) Bernal de Radio 26 (+audio)

 Foto: Reniel Mejías.

Foto: Reniel Mejías.

Dicen que de la cartera de Magaly  puede salir cualquier cosa: un Paracetamol si estás en apuros, un plátano, un cucurucho de maní…, costumbres de mujeres con siete décadas dirían algunos, oficio de maga, pienso yo,  porque con el mismo embrujo que “las inventa en el aire” (los objetos, no las mentiras), Magaly es capaz de crear una voz de la nada como si dispusiera de un armario repleto de cuerdas vocales y se tratara de abrir las puertas y elegir.

“A ver mi´jita dime cómo tú quieres la voz de esta señora. ¿Tiene  Alzheimer avanzado? ¿Cuál es su edad?”  y… ¡chas!  De repente comienza a hablar justo de la manera que necesitabas.

“¿Cuántas libras tú pesas mi cariño?”, me pregunta al salir del estudio de grabación y presumo que mi delgadez la alarma, entonces inicia uno de esos relatos que me dejan boquiabierta: “A tu edad yo también era así flaquita, pero…” Cuando termina añoro unos minutos de entrevista con esta mujer, se lo confieso y acabamos siempre por aplazarlo.

Hace un  tiempo,  durante uno de los almuerzos de la radio, le reitero mi intención y con la misma sinceridad con la que sube la temperatura de los matutinos me espetó: “¿Pero tú me quieres hacer un trabajo post morten?” Esa misma tarde se sentó frente al micrófono desprovista de casi todos sus personajes, Magaly habló entonces de la Maga(ly) Bernal de Radio 26.

“Te diría  que prácticamente me inicié  por accidente en la locución. En los años ´70  me presenté como actriz y no quedaban plazas por lo que me  sugirieron que hiciera las pruebas de  locución. ¡¿Locución?!  ¿Quién me imaginaba  en ese mundo? Pero las hice y recuerdo que mi bautizo de fuego fue animar  una discoteca.

“Si algún día me pidiesen  escoger un lugar de  Matanzas,  sería sin dudas el  parque René Fraga. Tengo en él tantos recuerdos. Uno  de ellos es la  pista móvil de Tiempo A, cuando la radio era realmente la Radio de tu corazón,  como  dice nuestro eslogan.”

Magaly cree que la locución tiene demasiados “recovecos”  como para tomársela a la ligera. “La crónica se  lee de una manera,  el comentario tiene su estilo, la información es un caballo trotando, en fin, cada género con su especificidad. Además, constituye una escuela de actuación, llegas un día y te dicen: -eres Juana, se te murió tu esposo y ahora te casaste con Pedro- y debes salir a buscar con oficio de minero el alma del  personaje.

“Niña respira, las  pausas, sácalas de allá abajo, siempre piensa que  no le hablas a un micrófono, sino al oído de alguien.” Al salir del estudio siempre ofrece sus consejos, como la maestra que al  final del día  estampa con tinta azul en la hoja de la libreta la R de revisado.

Generaciones de actores  se han formado con Magaly Bernal. “Está saliendo gente muy buena. Cuando llegamos a cierta edad nos preocupamos aún  más por el futuro en lugar de cruzarnos de brazos y creer que no será nuestro. Eso es  algo a lo que no se le dan muchas vueltas cuando se tienen 20 años. Yo estoy feliz  con el relevo, creo que hay una nueva hornada de gente con talento en la Radio.”

Nunca le importó el reto. Sabe hacer un noticiero, salir de  un apuro en un pase en vivo, María Candela en el programa campesino,  la voz de un  niño,  una jicotea, la hormiga, cantar…, interpreta cualquier personaje; eso sí, actualmente si no es con el tablet de Reniel, el realizador de sonidos, Magaly Bernal no graba El Fonógrafo. Mueve  el dedo para acá, el dedo para allá, la Maga con las nuevas tecnologías y los más jóvenes con la nota impresa en el  papel.

Hacemos una pausa en la lectura como segundos de silencio.

No se puede  hablar de Magaly Bernal en Radio 26 y saltarse el nombre de Xiomara Fernández. “Junticas siempre” como bien dice.  Pudieron ser el mejor par de jimaguas de no haberse adelantado Xiomara tres años en nacer y engendrarse en un vientre diferente. Alguien  por allá arriba sabía lo que hacía, porque este par juntas en el útero…, quién sabe la trastada futura que anduviesen preparando.

Cuentan  que cierto día solicitaron una foto para la credencial de la Radio, por supuesto que todos llevaron una foto de carnet y Xiomara Fernández se apareció entonces con una foto de los quince colgada de un clic a su blusa. Como diría Aurora Basnuevo,  otra grande de la Radio: ¡Qué gente caballero, pero qué gente! Cuando las primas se unían…, allá iba la travesura.

Claro que no todo era “relajo”, hablamos de dos respetables actrices de la Radio Cubana. “Yo aprendí a narrar con Xiomara Fernández, era una actriz tan orgánica. En la calle todavía nos confunden. Cuando vivía le llamaban Magaly y ella respondía, todavía a mí me dicen Xiomara y jamás lo he rectificado, disfruto en silencio la virtud de su nombre. Después de la muerte de Xiomara Fernández, las cosas no han vuelto a ser como antes.”

A veces veo a la Maga en la  escalera, alza el  rostro y deja caer los hombros, sé entonces que ha estado suficiente  tiempo en el mismo escalón a solas con sus pensamientos; la beso y le hago cualquier pregunta, del clima, del almuerzo, de los zapatos de México, para salvarla de ahí. El pensamiento permite quedarse a solas con él apenas un tiempo prudencial, después de este,  a cualquier lugar que te conduzca será demasiado perjuicioso.

La Maga ha trabajado 45 años en el mismo sitio, conoce todos los trucos, algunos ya la cansan y otros todavía la convierten en llama de pies a cabeza.

Mejor se le escucha hablar y preferentemente, detrás de  un micrófono. Traerla aquí, ajustada en Arial 12 y con interlineados no es muy confiable. Realizarle la entrevista tomó más tiempo del habitual y aunque parezca ficticio, las líneas que está leyendo ahora fueron escritas meses después de redactar casi íntegramente el texto, por no saber cómo cerrar, falta de tiempo, de planificación, pero no de cariño y respeto.

Ahora, cuando estoy a punto de colocar el punto final, me pregunto si de algún modo secreto no habrá sido este otro de sus conjuros, si tal vez es un modo de decirme que ni la jubilación ni los signos gramaticales son el fin. Como detrás de los puntos suspensivos hay a veces un vacío incómodo, olvidándonos un poco de las reglas de la RAE, para la Maga(ly) Bernal de Radio 26 las comas benditas de una acción interminable ,,,,,




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