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Tuesday 15 October 2019
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¿Béisbol o fútbol? ¿Fútbol o béisbol?

Cuando el 9 de agosto se de la voz de play ball, dará inició la edición 58 de la Serie Nacional de Béisbol (SNB), que como tsunami arrastrará a miles de personas, a colmar los graderíos de los estadios en toda la isla, o al menos es lo que espero.

“La pasión de todos los cubanos”, como históricamente se le llama a la pelota en nuestro país, es asediada en la última década por otra disciplina deportiva que enardece a las multitudes jóvenes; me refiero al más universal de los deportes, el fútbol.

En los últimos tiempos veo como los adultos (nuestros padres y abuelos) se lamentan de que en las esquinas, en los barrios o en cualquier placer los muchachos ya no jueguen béisbol, al taco o la manito, todos corren tras un balón y sus gritos ya no son JONRÓN, lo cambiaron por GOL.

Muchos acusan de este fenómeno a las horas que emplea la televisión para transmitir partidos de fútbol, programas de fichajes, compras, ventas, préstamos, en fin, todo lo relacionado con el mundo en el que se corre detrás de un balón. Y no son pocos los que piden a gritos que se detenga esta marea de noventa minutos para ver si las aguas toman su nivel y se rescatan a los jóvenes del torbellino futbolístico para ponerlos a descansar sobre el suave regazo del béisbol.

Pero la realidad demuestra que nuestro deporte insignia decae, no somos capaces de ganar ningún torneo a nivel internacional y en Barranquilla perdimos la última esperanza que nos quedaba: ser los mejores a nivel centroamericano.

Me resulta muy duro ver a Cuba perder, perder y volver a perder, torneo tras torneo; es demasiado doloroso pues con dos años de edad entré por primera vez al Victoria de Girón, 18 años después les confieso que no puedo alejarme de él; la pasión por las bolas y los strikes se volvió una adicción.

La situación es lamentable, pero no se puede culpar al fútbol por lo que sucede. No estoy fuera de ese grupo de jóvenes a los que les apasiona ver rodar el balón, de los que sueñan con visitar el Allianz Arena y conocer a Manuel Neuer, Thomas Müller o Robert Lewandowski. Pero al mismo tiempo me siento orgullosa y feliz de tener al Victoria de Girón, de conversar con Yasiel Santoya, Lázaro Herrera, Ariel Sánchez o Ariel Martínez.

No pueden acusar al fútbol de hereje y mucho menos condenarlo a la hoguera. Ambos deportes deben convivir en el corazón del pueblo en armonía y si quieren más béisbol, hay que mejorarlo, cambiar todo lo que sea necesario y no solo me refiero a estructura; se debe profundizar en el modo de detener el éxodo de atletas en todas las categorías, principalmente las de desarrollo (Sub-12, Sub-15, Sub-18, Sub-23). Atletas que no llegan a formarse en Cuba y viajan a países foráneos para prepararse en las canteras de grandes sucursales del béisbol profesional.

Nuestra pasión necesita más que unos pocos contratos en la Liga de Japón o Canadá. Se deben abrir los ojos para percatarse de que el deporte necesita tecnologías, profesionalismo y la fórmula del más con menos nunca tendrá como resultado mayor calidad en los deportes. Si tanto preocupa que el fútbol desplace a la pelota, la opción más evidente y factible es elevar la calidad de nuestras Series Nacionales y este cambio se necesita con urgencia.




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