Search
Monday 21 October 2019
  • :
  • :

“Mami, te voy a…”

En Francia los piropos costarán hasta 750 euros. No, no los van a vender; sucede que el gobierno galo aprobó recientemente una ley contra el acoso y la violencia sexual, según la cual se multará a quien silbe y piropee de forma lasciva a alguien en la calle.

Como no encontré ninguna precisión al respecto, asumo que la cosa quedará pareja para todos los sexos, así el peso de la ley caerá también, por ejemplo, sobre cualquier francesa que dirija sus elogios subidos de tono a un buen mozo en la vía pública: parece justo.

¿Se imaginan cómo sería el panorama en nuestra Cuba eternamente veraniega, sensual hasta la médula, si detrás de cada esquina esperara un inspector para multar a cualquier “piropeador” con el gatillo alegre? ¿Multas en CUC o CUP? El doble sentido contra la doble moneda.

En lo personal nunca estuve entre quienes disparaban muchas balas a la espera de que alguna cumpliera su objetivo, siempre preferí el estilo “francotirador”: solo apreté el gatillo cuando estuve seguro de dar en el blanco con un piropo de diseño.

Un halago hecho a la medida, elegante, puede llevarte al umbral del corazón de una mujer, pero este tipo de coqueteo de la vieja escuela se encuentra casi extinto y deja un gran vacío que llena aceleradamente la vulgaridad en un escenario donde suena el trap -me niego a considerarlo música- como background.

La frontera entre la grosería y el piropo atrevido resulta en ocasiones muy sutil y para gustos, los colores, ya se sabe. Supongo que si Ella sonríe al final, todo va bien.

A veces ni siquiera median las palabras; si ganara un centavo por cada vez que veo a un tipo dedicar gestos obscenos a una mujer atractiva en plena calle, a estas alturas yo sería multimillonario.

Alguien se quejaba hace poco de cuán arduo se le hace a los cubanos galantes de hoy en día intimar verbalmente con una mujer desconocida, todo por culpa de audífonos, celulares y otros dispositivos que, en este y otros casos, frenan la comunicación.

Conservo una lista mental de piropos captados por ahí a lo largo de mi vida, compilados en mi cerebro por singulares, hilarantes, excepcionalmente creativos o tan vulgares que resultan impublicables.

Ciertos piropos me transportan directamente a los muñequitos rusos de mi infancia, porque parecen inventados por el lobo siempre amenazador: “conejo, deja que te coja”.

Uno de los más… ocurrentes, lo escuché a un joven más o menos de mi edad, que no se pudo contener ante la visión de una bella mujer madura.

Sin pensarlo demasiado el guajiro risueño le soltó un “Mami, te voy a dar más cintura que un lagartijo cruzando un charco”. Entonces sucedió lo inesperado: ella le devolvió la sonrisa.

  • Fotos del autor



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Mostrar Botones
Ocultar Botones