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Friday 18 October 2019
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Antigua, la musa de El Pequeño Príncipe

“Cuando uno está muy triste son agradables las puestas de sol”. Dibujo tomado de la ilustración del libro.

La auténtica Ciudad Antigua, de Guatemala, no sólo atesora historia, cultura y tradiciones, hay más. Entre sus leyendas está la de haber servido de inspiración a Antoine Marie de Saint Exupery para escribir esa extraordinaria obra que es Le Peti Principe, El Principito o El Pequeño Príncipe, cuya primera edición está cumpliendo 75 años, pues salió de imprenta el 6 de abril de 1943.

Antigua sobrecoge. Impacta a primera vista. Luego, cuando recorres sus calles adoquinadas, vas experimentando cierta familiaridad que –si logras apartarte de la barahúnda turística- te sientes como en casa, confiado, entre los tuyos. Para los cubanos es lo más parecido a Trinidad, pero rodeada de tres volcanes que más de una vez han sido culpables de grandes tragedias.

La aviación y la literatura, dos pasiones a las que Antoine Marie de Saint Exupéry dedicó su vida. Foto: Prensa Libre

Fue a causa de un accidente que Saint de Exupéry conoció Guatemala. Cumplía el viejo deseo de sobrevolar los cielos de Suramérica, haciendo un viaje de Nueva York a Punta Arenas, Chile, donde se acaba el continente.

Era el año 1938, lleno de acontecimientos triviales y fundamentales como: se estrena el primer largometraje animado: Blancanieves y los Siete Enanitos, de Walt Disney; aparece en Estados Unidos por primera vez el personaje Superman y el entonces presidente de México Lázaro Cárdenas del Río, declara la expropiación petrolera.

En este contexto, con Guerra Mundial, fascismo y muchas más circunstancias, es que Antoine de Saint Exupéry, acompañado de Prévot, su mecánico y compañero de aventuras, el 16 de febrero de 1938, levanta su vuelo en Nueva York y decide descender en Guatemala para recargar combustible. Luego de serviciar y revisar su avión, parte, pero apenas intenta despegar, surge una complicación en el ala izquierda de la nave que se estrella con el escritor y su mecánico a bordo.

Fue asi como se reportó el accidente de Exupéry y su amigo y mecánico en la prensa guatemalteca. Foto: Archivo de Prensa Libre

Según cuentan algunos estudiosos de la vida de este notable escritor, el avión de Exupéry aterrizó en el aeropuerto La Aurora, pero se sobrecargó de gasolina, algunos afirman que la medida del galón en Guatemala era mayor que la de Estados Unidos y esa fue la causa. Gravemente heridos, tripulante y piloto, fueron conducidos al Hospital San Juan de Dios y más tarde al Hospital Militar.

Junto a su esposa, la escritora salvadoreña Consuelo Suncin. Foto: Prensa Libre

Sus heridas graves obligaron al escritor a llevar una larga estadía en Guatemala, los primeros cinco días en coma. Con múltiples quemaduras, huesos quebrados, tuvo que someterse a más de una intervención quirúrgica. Su recuperación la hizo primero en el Hotel Palace y luego en una casona grande de enormes corredores, que acondicionaron para él y su esposa, la también escritora Consuelo Suncín, de nacionalidad salvadoreña, viuda del escritor guatemalteco Enrique Gómez Carillo.

Existen documentos y testimonios que corroboran cómo Consuelo Suncín se entera del accidente. Ella cruzaba el Atlántico y el capitán del barco le lleva un cablegrama que decía: “Avión estrellado en Guatemala. Saint Exupéry en peligro de muerte, debo proceder amputación de brazo derecho, su madre vela al enfermo, la esperamos, siempre suyo. Doctor Hospital Guatemala”. Y de inmediato otro: “Tu marido gravemente herido. 32 fracturas, 11 de ellas mortales. He impedido amputación hasta tu llegada. Toma avión Panamá para llegar antes. Te abrazo. Tu madre y hermanas”.

Durante su recuperación en la Ciudad de Antigua. Foto: Prensa Libre

Imaginamos a Antoine de Exupéry en su forzoso descanso en Antigua, observando los volcanes, las rosas, recordando su accidente, su vida, en fin, amasando una historia que dejó para el mundo la ruta de la ternura, la esperanza, el amor y la justicia.

Recuperado de sus dolencias, en 1941, escribe su más relevante obra: Le Petit Prince. Pero ya en 1943 Saint de Exupéry, por decisión propia, se incorpora a las fuerzas francesas en África del Norte y retoma las misiones desde Cerdeña y Córcega. En el transcurso de una de ellas, el 31 de julio de 1944, su avión desapareció en el Mar Mediterráneo.

En septiembre de ese mismo año, un cuerpo sin identificar, vestido con los colores de los uniformes franceses, fue encontrado al sur de Marsella y sepultado en Carqueiranne, en el distrito de Toulon, Francia. Algunos afirman que no se pudo certificar si era el cuerpo del escritor.

En 1998, un pescador llamado Jean-Claude Bianco encontró una pulsera de plata con el nombre de Saint-Exupéry al este de la isla de Riou, al sur de Marsella. Estaba enganchada a una pieza de tela, quizá de su traje de vuelo.

Dos años después, el buzo Luc Vanrell encontró  despojos de un avión P-38 Lightning, estrellado en el fondo del mar, frente a las costas de Marsella, muy cerca de donde se halló el brazalete. Los restos  fueron recuperados en octubre del 2003.

Investigadores del Departamento Arqueológicas Subacuáticas de Francia, confirmaron el 7 de abril del 2004, que el avión era el de Saint-Exupéry. No hay marcas o agujeros de armas de fuego, pero solo se encontró un fragmento del aparato. Ese mismo año, los restos fueron entregados al Museo del Aire y del Espacio, en Le Bourget.

Las tantas coincidencias entre la historia de El Principito, el paisaje, el ambiente, indican que fue la Ciudad guatemalteca de Antigua la inspiración del escritor francés, que por azares del destino estuvo allí una larga temporada.

La muy noble ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, Antigua, fue la tercera ciudad capital de la que fuera más adelante, Capitanía General. La primera, fue fundada el 25 de julio de 1524, día de Santiago Apóstol, después de que Pedro de Alvarado venciera a los tzutuhiles del Lago de Atitlán; su nombre es en honor al santo patrono de los conquistadores. La ciudad fue asentada cerca de la fortificada Iximché, capital cakchiquel, próxima a la actual Tecpán.

La Antigua Guatemala, rodeada por los Volcanes de Agua, Fuego y Acatenango, se destacaba además por la hospitalidad de los lugareños y así, con amor y respeto, arropó al escritor francés. Sus calles son de piedras y con nombres sugerentes : Calle de las Ánimas, de la Inquisición, del Desengaño, de la Nobleza, de los Duelos, de la Pila de Rubio, de las Campanas, de los Pasos, de la Sangre de Cristo, Calle Sucia, Calle del Burro, Calle Ancha de los Herreros…

Muchas hipótesis concuerdan con que La Antigua Guatemala es el asteroide B-612 donde nació El Principito. En el capítulo XX, Exupéry escribe: “Me creía rico con una flor única y no poseo más que una rosa ordinaria. La rosa y mis tres volcanes que me llegan a la rodilla, uno de los cuales quizá está apagado para siempre”.

Los tres volcanes, uno de ellos inactivo, las rosas o el “Cerro del oro”, una especie de sombrero que refleja a la boa cuando se ha tragado al elefante, son claras referencias al paisaje guatemalteco y concretamente a la ciudad colonial La Antigua.

La silueta de El Cerro de Oro, se corresponde con el dibujo hecho por Exupery en su libro. Foto: Prensa Libre

Exupéry contaba que hizo de su vida un sueño y de su sueño una realidad. Concibió una historia desde los ojos de un niño para que pudiésemos disfrutar de una magia que nos envuelve desde la primera página. La Rosa, uno de los personajes principales del libro, y los no menos protagónicos volcanes, junto con la zorra, quedan grabados en la primera lectura.

Con la intención de mostrar más bella la vida, Exupéry acude a la fantasía de un niño que asegura su rosa con cuatro espinas y afirma que el Volcán de Agua está apagado y agrega: “Pero nunca se sabe”. Reflexión interesante para indicar que la belleza de la vida no implica confiarse, sino en estar activos, alertas y sobre todo preparados ante cualquier adversidad.

Cuando llega a Guatemala ya el escritor francés había trabajado como periodista en Rusia y España, realizó reportajes sobre Vietnam en 1934, sobre Moscú en 1935 y sobre España en 1936. En 1939 publica Tierra de hombres y obtiene el Gran Premio de la Academia Francesa.

Fue en una misión de reconocimiento entre Cerdeña y Córcega que el 31 de julio volvió a pilotar un avión, la edad no era su mejor aliada y ya padecía algunas enfermedades que lo obligaban a tomar largas pausas para recuperarse. Incluso se llegó a decir que ese día, cuando subió a la aeronave, sufría de una fuerte depresión.

En 2008 el expiloto de un caza alemán, Horst Rippert, afirmó que él derribó el avión del escritor. “Pueden dejar de buscar. Yo maté a Saint-Exupéry”.

En la actualidad no se han encontrado pruebas que corroboren las afirmaciones de Rippert. Lo que sí es verdad es que de los restos mortales de Saint-Exupéry no se han encontrado rastros. Por eso siguen flotando muchas preguntas desde aquel nefasto 31 de julio de 1944. Las especulaciones continúan y las certidumbres se las llevó Antoine consigo.

El sacrificio era algo importante para el código de honor del autor de El Principito. No cejaba en el empeño de alcanzar sus sueños, atravesó tierras y cielos y lo que vio y sintió lo dejó moldeado en una de las obras de la literatura más respetadas en el mundo por varias generaciones.

Esta advertencia es sencilalmente extraordinaria: “Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo un motivo importante para ello: esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otro motivo, además: esta persona mayor puede entenderlo todo, hasta los libros para niños. Tengo aún un tercer motivo: esta persona mayor vive en Francia, donde padece hambre y frío. Tiene mucha necesidad de ser consolado. Si todos estos motivos no son suficientes, quiero, entonces, dedicar este libro al niño que una vez fue esa persona mayor. Todas las personas mayores han sido primero niños. (Pero pocos lo recuerdan)”.

Es un libro de amor, esperanza y sobre todo didáctico. El Principito explica: “Si os  he referido estos detalles acerca del asteroide B 612 y si os he confiado su número es por las personas mayores. Las personas mayores aman las cifras. Cuando les habláis de un nuevo amigo, no os interrogan jamás sobre lo esencial. Jamás os dicen: “¿Cómo es el timbre de su voz? ¿Cuáles son los juegos que prefiere? ¿Colecciona mariposas?” En cambio, os preguntan; “¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos tiene? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre? Sólo entonces creen conocerle”

Para los que en el mundo tuvimos la suerte de leer en nuestra adolescencia o juventud, ese mágico relato lleno de enseñanzas para la vida, sabemos bien el significado de este libro que se lee, se relee, se aprende de memoria y se sus consejos se aplican a veces en las decisiones que tomamos en la vida diaria.

Después de haber visitado Antigua, no tengo dudas de que de allí salió ese relato, pero sí vacilo entre las teorías de cómo murió Exupéry y de si el cuerpo que yace en el Sur de Francia es el suyo.

¿A dónde iría entonces Antoine Marie de Saint Exupéry? Quizás esté en el asteriode B 612, “que solo una vez se ha visto por telescopio en el año 1909, por un astrónomo de origen turco” (cita de El Principito)

“Parecerá que estoy muerto, pero no es verdad” –afirma el Principito-, antes que una serpiente venenosa lo muerda y regrese junto a su querida flor y sus estrellas.

Si pudiéramos -por reencarnación o por convicción-, volver a entrar en el pensamiento de un niño, tendríamos la ocasión de agradecer a Antoine Marie de Saint Exupéry su colaboración por generar tantas bondades y tolerancias.

Me gustaría volar sobre la Ciudad de Antigua o mejor pasar la noche allí observando las estrellas y, con un poco de suerte, recordar este pasaje de El Principito y mirar “atentamente este paisaje a fin de estar seguros de que habréis de reconocerlo, si viajáis un día por el África, en el desierto. Y si llegáis a pasar por allí, os suplico: no os apresuréis; esperad un momento, exactamente debajo de la estrella. Si entonces un niño llega hacia vosotros, si ríe, si tiene cabellos de oro, si no responde cuando se le interroga, adivinaréis quién es.”

Por: Susana Tesoro/ Tomado de Cubadebate

Las ilustraciones hechas por el propio autor son también de una belleza llena de ternura. Imagen: Saint de Exupéry

Con esta misma portada fue publicado en Cuba en los años 70, lo que la traducción del título fue: El Pequeño Príncipe.

El Principito ha sido una obra traducida a casi todos los idiomas. El kaqchikel es uno de ellos. Foto: Hemeroteca Prensa Libre

https://youtu.be/6x6D5AKmICo



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