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Friday 18 October 2019
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¿Palabras o soluciones?

Hay un parloteo en las redes sociales sobre considerar el don de la oratoria como vital para los dirigentes, por tanto,  se puede deducir de esa idea que quien no goza de esa particular virtud tampoco logrará dividendos en su quehacer.

Si reflexionamos sobre ese criterio notaremos que introduce dentro de la guerra mediática contra los líderes un detalle de duda acerca de las potencialidades de triunfar en su cometido quien sea parco de palabras o carezca de un elevado nivel de improvisación.

En realidad, la palabra es buena, seduce, convence a muchos, hace entender conceptos y teorías, pero, y es mi opinión, lo más efectivo en un líder de cualquier rango, es la solución de los problemas de su entorno.

La verborrea de los políticos, al final, es letra muerta si no le acompañan hechos y de eso el pueblo de Cuba es consciente. Ponderar a presidentes demagogos, de antes del 59, es un cínico embuste, sólo basta indagar sobre Zayas que prefería hacer sus discursos en inglés o Batista, del cual solo se recuerda la frase: “Salud, salud”,  mientras le entregaba el país a los Estados Unidos.

En aquellos años la población en su mayoría se moría de pobreza, por eso hubo Revolución y de las más radicales del mundo. Se sabe que vista hace fe y hay muestras objetivas de cómo era Cuba antes del primero de enero del 59. No son palabras, son realidades que no llevan mucho discurso.

La mayoría de las personas en el mundo actual no oye, solo palpa y ve lo que tiene ante sus ojos y de lo cual es partícipe. Martí lo enunció al hablar y escribir de la virtud del trabajo como primordial para la prosperidad y la cultura; Fidel lo cumplió y llevó a vías hasta que las condiciones objetivas permitieron el avance. En su
genial existencia enseñó con su palabra, pero también construyó, ensanchó, transformó al país.

Hablar mucho quizás suene a música o a disquisiciones metafóricas para algunos; ver, tocar, comprobar lo real de la vida deviene crucial para otros.

Cada persona posee su estilo y, sencillamente, prefiero a quienes sepan responder a sus principios y nunca, nunca caer en posiciones demagógicas.




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