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Friday 18 October 2019
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Enrique Molina, la grandeza de lo cotidiano (+video)

Cuando más grandes somos en humildad, tanto más cerca estamos de la grandeza

Rabindranath Tagore

Cuando la grandeza de una persona es auténtica siempre viene acompañada por una generosa dosis de modestia y bondad. Se puede ser un excelente músico, escritor, crítico, pintor o dedicarnos a cualquiera de las profesiones u oficios con resultados excelsos, que poco o nada valdrá cuánto te destaques si no encuentras dentro el toque de humildad que en realidad te hace una persona digna y respetada.

El actor Enrique Molina llegó casi por casualidad al arte, un mundo en el que ha crecido hasta convertirse en una de las más reconocidas y queridas personalidades de la cultura cubana. Para él no existe nada tan importante como el amor y el respeto hacia la profesión.

Sus inicios en el Conjunto Dramático de Oriente le proporcionaron las herramientas para llegar a ser un actor imprescindible y un ser humano especial.

“Amo dos cosas profundamente: mi familia y mi trabajo. No sé hacer otra cosa en mi vida que no sea actuar y no he tenido la posibilidad de aprender nada más que eso, además de ser gastronómico, porque ese fue el primer trabajo que tuve cuando joven.

“La actuación para mí no es un trabajo, sino un disfrute. Cuando estoy algún tiempo sin trabajar empiezo a sentir que estoy viejo, que no me necesitan para las funciones actorales. Pero, mientras eso no sucede, me siento satisfecho porque no hay nada que me guste más que la representación que hago.”

El pueblo cubano recordará con disfrute varios de los personajes que ha encarnado con sobrada maestría. Cada uno de ellos marcó de manera significativa el paso de Enrique Molina por la pequeña y gran pantalla.

“Considero que siempre hay personajes que están mejor logrados que otros, que alcanzan niveles interpretativos superiores; sin embargo, no alcanzan popularidad entre el gran público. Hay otros que no poseen esa complejidad y que sí logran un nivel de aceptación muy alto. Yo he tenido la suerte de pasar por todas esas etapas”.

En ese caso se encuentran su célebre Silvestre Cañizo, de la telenovela cubana Tierra Brava y el antológico Lenin, asumido por el artista con una interpretación exquisita.

“Cuando hice Lenin, que fue un trabajo mesurado, de un cuidado tremendo, no fue visto por todos los televidentes y, sinceramente, Silvestre Cañizo es Silvestre Cañizo, está fuera de todo parámetro.

“Fíjate si fue increíble que la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, la ANAP, tiene entre sus reconocimientos la medalla Antero Regalado para otorgarla  a los cortadores de caña, cosechadores, productores de papa, café, frijoles y otros productos agrícolas, hombres y mujeres extremadamente destacados en su trabajo en la agricultura.

“¡Cuál no sería mi sorpresa cuando la ANAP me entregó la medalla Antero Regalado por haber interpretado a Silvestre Cañizo! En la novela él ni cortaba caña ni sembraba café, pero se convirtió en el símbolo de lo mejor del campesinado cubano. Soy el único artista en Cuba que tiene la medalla Antero Regalado”.

No obstante el hecho de haberse formado como actor por el camino, como le gusta resaltar, Molina reconoce que la formación académica es imprescindible, no solo en la actuación, sino en cualquier especialidad “pero si llevas en el alma lo que hay que tener.

“Las influencias de los padres no pueden condicionar que el niño se dedique a lo que ellos consideran que es lo mejor, sus deseos no pueden suplantar las capacidades y habilidades, el talento innato ni la vocación.

“Para esta carrera específicamente, lo primero que hay que tener es el alma entregada al goce de interpretar un personaje, una escena, tu amor a este trabajo”.

Esta concepción dice mucho de un hombre que se entregó por completo a su preparación desde el primer momento en que se paró frente a una cámara o ante el público de una teatro, al punto de someterse a siete operaciones quirúrgicas para interpretar un personaje muy especial que no llegó a concretarse nunca: nuestro José Martí.

Sin dudas Enrique Molina es uno de los artistas más queridos por el público cubano, uno de los más consagrados. Fogueado como profesional sin acercamientos académicos, pero con la vocación necesaria para perpetuar su nombre entre las más importantes personalidades de la pantalla nacional, el actor se confiesa satisfecho de ser cubano. Su carrera artística constituye una oda perdurable en la memoria de varias generaciones de cubanos.




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