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Friday 18 October 2019
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América en Europa

La victoria de la selección francesa en la final del Mundial de Rusia ante el equipo de Croacia reafirmó la supremacía europea en estas lides. El dominio de los conjuntos del Viejo Continente no ha parado desde el Mundial del 2006, cuando se han proclamado campeones cuatro países distintos de forma consecutiva.

Fue Italia el once que ese año levantó su cuarta Copa de la historia; en el 2010 España lo hizo por primera vez; para 2014 Alemania agregó también su cuarta estrella y en Rusia, Francia lo logró por segunda ocasión.

En 21 ediciones de este evento Europa ha sonreído doce veces por nueve los de América.

Solo dos selecciones han logrado subir de forma consecutiva a lo más alto del podio, Italia, en 1934 y 1938, y Brasil, en 1958 y 1962

Y aunque dos veces, en 1930 y 1950, ha existido una final americana, nunca se ha dado la soñada entre Brasil y Argentina, los mejores de la región.

El fútbol en Europa muestra un ascenso continuo, los clubes de las principales ligas, dígase España, Alemania, Francia, Holanda, Inglaterra e Italia, tienen mucho más presupuesto que equipos como Brasil, Argentina o Uruguay. La UEFA Champions League y la Europa League reciben más promoción, divulgación y premios que su homóloga, la Copa Libertadores de América o la Sudamericana.

Y si de torneos de selecciones se trata, la Eurocopa de Naciones supera en todo a la Copa América, que de hecho se realiza solo con combinados de Sudamérica y alguna que otra vez México, Jamaica o Costa Rica son invitados a participar.

El éxodo de futbolistas latinos hacia el Viejo Continente es cada vez mayor. Esto no es del todo malo si se tiene en cuenta que así estos se foguean entre los mejores, van hacia clubes donde los exámenes médicos, planes de entrenamiento, implementos deportivos, dietas, están vinculados a los últimos adelantos científicos, lo que repercute en que el jugador mejore ostensiblemente su rendimiento.

Pero, ¿qué sucede cuando llegan los partidos de selección, ya sean amistosos, de clasificación para el Mundial o los de Copa América?, pues que tienen que volar miles de kilómetros para unirse a la concentración del equipo, luego jugar el partido, recuperarse rápido y regresar a su club para continuar la liga, además de la exigencia de los aficionados de que sus estrellas siempre den el máximo. Cuando comparamos la misma situación con un jugador europeo la cantidad de horas de vuelo o el cansancio se reducen considerablemente.

Si revisamos los primeros campeonatos mundiales hasta 1978 veremos que en las ediciones en que Brasil, Uruguay y Argentina se proclamaron campeones, más del 98 por ciento de los  jugadores de sus respectivas plantillas militaban en clubes de su país y para ese entonces América superaba a Europa seis títulos por cinco.

En el Mundial de 1986, cuando Argentina volvió a inclinar la balanza a favor de nuestro continente siete títulos por seis, de los jugadores seleccionados por Carlos Salvador Bilardo, solo Pedro Pasculli, Diego Maradona, Jorge Valdano y Jorge Burruchaga estaban prestando sus servicios en Europa.

Ya en 1990 Argentina va a defender su título y lo pierde de forma polémica, pero ahí la mitad del plantel, o sea, once jugadores estaban en clubes europeos y una de las cosas de las que se quejaba su DT, Carlos Salvador Bilardo, fue que previo a la Copa a veces tenía que dictarle telefónicamente a Jorge Burruchaga, quien jugaba en el Nantes francés, algunas jugadas tácticas de las que tenía en mente plantear con la selección.

Pero hoy no se concibe un estelar desarrollando su fútbol lejos de ese continente y sin embargo, desde el último título de los gauchos argentinos en 1986, América solo ha podido levantar la Copa dos veces más de cinco finales en las que han participado, dos por parte de los albicelestes y tres por los brasileños.

Ahora nos preguntamos ¿qué ha estado pasando con la cantera de futbolistas, sobre todo de Brasil, país insignia de nuestra área geográfica en los Mundiales? Cuando años atrás veíamos sus nóminas para cualquier evento internacional, saltaban a la vista muchos nombres que daban un hálito de esperanza para llegar a lo más alto.

En un mismo plantel se reunían Pelé, Garrincha, Jairzinho, Carlos Alberto, Tostao; otras veces Junior, Falcao, Sócrates, Zico, Eder, Alemao. En los 90 teníamos a Romario, Bebeto, Leonardo, Mauro Silva, Careca, Raí y en el siglo XXI Ronaldinho, Ronaldo, Robinho, Zé Roberto, Adriano, Kaká.

Pero ahora solo se menciona a Neymar como referente alrededor del cual gira todo el conjunto y el muchacho realmente todavía no tiene la madurez necesaria para comprender lo que es un título mundial para el gigante sudamericano. En demasiadas ocasiones se enfoca más en tratar de engañar al referee fingiendo caídas extremadamente acrobáticas o provocar a sus rivales, que en el interés del pueblo brasileño.

Es posible que Philippe Coutinho, Douglas Costa o Willian y el nuevo fichaje del Real Madrid, Vinicius, puedan unirse a Neymar en aras de formar un sólido núcleo para futuras pretensiones, pero la Confederación Brasileña de Fútbol deberá trabajar en serio para seguir siendo el referente de los Mundiales de Fútbol en América y el mundo.

Claro que ganar un Mundial no es nada fácil, Brasil logró ganar tres desde 1958 hasta 1970, es decir en un lapso de 18 años solo perdió en la Copa de 1966. Después entre 1994 y 2002 estuvieron en tres finales consecutivas de las cuales ganaron dos, pero antes de esta hegemonía para lograr levantar el primer trofeo tuvieron que esperar hasta la sexta edición. Para el cuarto campeonato también necesitaron ver pasar cinco mundiales. Entonces si esto se cumple de esta manera, tendremos que esperar hasta el Mundial que albergarán Estados Unidos, Canadá y México en el 2026.




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