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Friday 18 October 2019
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La perdición de Milanés, un poeta en ruinas

Locura de amor: por estos días del siglo XXI no significaría algo más que una frase –pensamiento acaso– prendada de cursilería pretensiosa. Sin embargo, quién no ha deseado padecer el mal de marras inspirado por la que nunca corresponderá con la mirada la candente pasión que jamás podrá llevar a carnes o, simplemente, por un buen bolero, de esos que parecen sentenciar que, para amar, en el sentido estricto y sincero de la palabra, se ha de sufrir.

Mencionado fenómeno, visto hoy como intento de lírica fallida, dos siglos atrás inundó el alma de un hombre; poeta… para colmo. La historia afectiva del Cisne Matancero ha dejado constancia postrera de que el amor no correspondido, además de enloquecer: mata.

 

“Si ya no vuelves, ¿a quién confío

Mi amor oculto, mi desvarío,

Mis ilusiones que vierten miel,

Cuando me quede mirando al río,

Y a la alta luna que brilla en él?

 

Inconsolable, triste y marchita,

Me iré muriendo, pues en mi cuita

Mi confidenta me abandonó.

¡Ay de mi tórtola, mi tortolita

Que al monte ha ido y allá quedó!”*

José Jacinto Milanés tenía augurado el más brillante de los futuros en lo que a poesía –y letras en general– respecta.

“El aura de la popularidad baña a poco su frente, el mundo literario lo proclama, produce durante poco más de un lustro, y en 1843, en pleno apogeo de creación artística, sin haber arribado aún a la plenitud de los 30, su mente infeliz se sumerge en las nieblas crepusculares de una insania naciente. Diríase, en nuestra vida literaria, una de esas brillantes exhalaciones que aparecen fugitivas en nuestros cielos estivales: un momento brillan con deslumbradora claridad en el diáfano zafiro de nuestros firmamentos tropicales, y se pierden luego en la noche infinita…”**

El bardo yumurino había deslumbrado con sus poemas y proclamaciones, con sus ideas y argumentos a la jovencísima Isabel, quien, dejando de lado lo de bella, poseía el agregado fatal de ser hija del tío de Milanés, el señor Simón de Ximeno.

Don Simón resultaba una especie de protector para su sobrino. Le había abierto puertas económicas que muy bien fueron recibidas por la modesta situación del escritor.

José Jacinto, poseedor de un estricto y rígido sentido de la ética, el pudor y la moral, se descubrió hendido por un amor alimentado –para muchos– por malas interpretaciones. Cerró el compromiso contraído con Dolores Rodríguez, “Lola”, y encaminó su talento al cortejo de la prima.

Pero, la vida del enamorado va cargada de vértigo, impulso, desenfreno e imprudencia; resulta, cuanto menos, atropellada y blanco fácil de las frustraciones.

El 27 de noviembre de 1842 la niña de catorce años conoció –sin tapujos– los sentimientos del poeta. Ella –y Matanzas toda– descubrió el asunto en un soneto expuesto a la luz pública.

Milanés, 15 años mayor, quedó más avergonzado que sorprendido por el repliegue de las relaciones. La admiración de Isabel cambió a susto al leer una declaración radical, ante la que se vio indefensa e incapaz de corresponder.

Don Simón, por su parte, encontró insulto e ingratitud donde el poeta había derramado parte de lo mejor de sí mismo.

Aquel hombre, glorificado por la sociedad letrada, publicado por los mejores periódicos de la época y sumamente requerido en las populosas tertulias de Domingo del Monte, entró en una debacle sentimental-psicológica que lo fue carcomiendo.

El autor de La fuga de la tórtola, De codos en el puente, El indio enamorado, La madrugada, El alba y la tarde, El beso, El sinsonte y el tocororo y de El Mirón Cubano asumió un hálito cegador que no despertó ni siquiera frente a las maravillas geográficas de Europa y América.

“[…]el secreto íntimo que nubló su pensamiento, destrozó su corazón e hizo de su vida una lenta agonía que duró más de veinte años.”**

El tiempo, como todo en la vida…, pasó. En 1862 la hermosa Isabel acabó contrayendo nupcias con Manuel Mahy y León, sobrino del entonces Capitán General de la isla de Cuba, Nicolás Mahy.

Triste y trunco, Milanés murió el 14 de noviembre de 1863. ¿Habrá la noticia, en medio de la locura, acelerado su deceso?

“Y ya con lengua angélica me dice

palabras como música o me abriga

bajo sus grandes transparentes alas.

 

¿Quién eres pues, espíritu felice?

¿Naciste en este mundo de fatiga,

o pisas ángel las celestes salas?”***

“Amor: Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser”, asegura la RAE.

Pero aquí, en pleno siglo XXI, con toda la carga cursi que suele acompañar al término, no pequemos en subestimarlo. Recordemos –y digámoselo a la RAE– que  el sustantivo abstracto en cuestión puede llegar a enloquecer a algunos y a los poetas –entérense todos– los termina matando.

*La fuga de la tórtola (últimas dos estrofas) https://poeticous.com/jose-jacinto-milanes/la-fuga-de-la-tortola?locale=es

**El secreto de Milanés (SALVADOR SALAZAR Y Roig) https//:smjegupr.net/wp-conten/uploads/2015/05/4.- El-secreto-de-Milan–s-de-Salvador-Salazar-y-Roig.pdf

***La ilusión (últimas dos estrofas) https://poeticous.com/jose-jacinto-milanes/la-ilusion-1?locale=es

****Real Academia Española



Estudiante de Periodismo


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