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Friday 18 October 2019
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Sin tocar la gloria

Lázaro Junco es el segundo pelotero cubano con mayor cantidad de jonrones y uno de los que más difícil se le hizo conformar la nómina del equipo nacional

El primer pelotero cubano y latinoamericano en arribar a la cifra de 400 jonrones en Series Nacionales fue Lázaro Junco Nenínger. Luego de 22 años de esta hazaña aún la afición se pregunta por qué figuró tan pocas veces en la nómina del equipo nacional.

“Junco formó parte de una generación de oro de la pelota en el país. Su poca participación en escenarios internacionales durante los años 1980 se debió, principalmente, a la estructura esquemática de los directivos de la disciplina, quienes mantenían una organización muy poco variable en cuanto a los nombres que las integraban, incluso, por encima de atletas con resultados loables”, afirmó Yasel Porto, periodista de Tele Rebelde y quien dirige el proyecto Béisbol de Siempre, para rescatar del olvido a las glorias deportivas.

Agregó como una de las posibilidades que condicionaron el relego de Junco el hecho de coincidir en algún momento de su carrera con los mejores jonroneros: “Este aspecto no es de justificar, pues solo uno, Orestes Kindelán, sobrepasó su cifra de cuadrangulares con 487 batazos”.

“Sucede que todo es circunstancial y se pueden mencionar, además, dos nombres que coincidieron con el toletero yumurino. Luis Giraldo Casanova y Lourdes Gurriel eran más integrales o aportaban más al equipo desde las esquinas (tercera y primera base)”, sostuvo Dayán García, periodista de la revista Bohemia y especializado en deportes.

Para Víctor Joaquín Ortega, presidente del Equipo Nacional de Historia del Deporte, la solución no estaba en rechazar a jugadores estelares. “La alineación necesitó un balance, independientemente de las estrellas que integraron la selección, para dar juego al slugger (jonroneros). En ocasiones, los convocados no tuvieron buenas campañas y, en definitiva, integraban el conjunto”, precisó.

Sin embargo, para el periodista deportivo del diario Granma, Sigfredo Barros, no se cometió injusticia en el caso de Junco. Según su criterio, debido a la presencia de grandes estrellas de este deporte, él no cabía en las escuadras criollas: “Un factor importante para ayudar a un atleta a integrar la nómina del team nacional era el reconocimiento mediático. Él no lo tenía, por causas geográficas -su equipo Citricultores no constituyó un elenco con méritos- o pudo ser también por su carácter serio y poco afable”.

El propio Lázaro Junco, hoy profesor de la Escuela de Iniciación Deportiva de Matanzas, reconoce que las causas no radicaban en sus resultados deportivos: “Mi forma de jugar monótona y mi carácter no gustaban. Miguel Valdés, comisionado nacional en aquellos años, expresó en una ocasión que yo no estaba en los planes del quinquenio”.

Por el contrario, los resultados del beisbolista matancero demuestran que estaba en condiciones para hacer el grado. Luego de conseguir diez veces la supremacía de jonrones y en seis campañas disparar 20 o más, impuso en la temporada 1992-1993 la marca del momento: conectar 27 “vuelacercas”.

Pero no solo los especialistas seguían el caso. La afición también ansiaba ver  al emblemático jugador desempeñarse entre lo mejor del pasatiempo nacional. “Muchas veces esperé encontrar su nombre entre los seleccionados que vestían el uniforme de Cuba en la arena internacional y, al no hacerlo, vi cómo perdía brillo nuestra pasión”, comentó Manuel Carralero, integrante de la Esquina caliente, del Parque Central capitalino.

En este sentido, las estadísticas recogidas en la Guía Oficial de Béisbol, edición 2015, confirman que a pesar de no ser considerado un bateador rápido, Junco se incluyó entre los tres  jugadores con más de 300 jonrones en superar el centenar de bases robadas. Bate en mano, logró alcanzar la anhelada cifra de mil cien carreras impulsadas con menos partidos disputados.

Por tal motivo, Ismael Sené, historiador y analista beisbolero, considera inexplicable los obstáculos impuestos a un jonronero del nivel de Junco para conformar un elenco nacional: “Es cierto que le costaba batear lanzamientos en curva y afuera, y quizás esto lo limitaba con respecto a otros jugadores. El número 32 pudo haber tenido más oportunidades de jugar por su país en eventos foráneos de primer nivel”.

Víctor Joaquín Ortega, premio Abelardo Raidi a la obra de la vida, otorgado por la Asociación Internacional de Prensa Deportiva (AIPS), por sus siglas en inglés, reconoce que siempre siguió el caso de Junco y consideró “injusto el trato y las decisiones de la Comisión Nacional con respecto a él. El matancero, en su desempeño como atleta, todos los años recibió ofertas millonarias de equipos extranjeros y nunca traicionó los colores que nosotros mismos le negamos defender”.




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