Hace casi 400 años las costas cubanas fueron testigo de uno de los acontecimientos más vergonzosos de la historia marítima de la nación ibérica…

Piet Hein: el pirata que humilló a España (+Fotos)(+ Ilustración)
El holandés ha quedado en la memoria de su país como uno de los personajes más célebres de todos los tiempos. (Foto:pinterest.es)

La Guerra de los Ochenta años o Guerra de Flandes enfrentó a las 17 provincias de los Países Bajos contra su soberano, el Rey de España. La rebelión comenzó en 1568 y acabó en 1648, cuando por fin se les reconoció como independientes.El enfrentamiento acabó hundiendo a la economía española, provocando sucesivas bancarrotas y dinamitando la imagen del imperio ibérico.

Juan de Benavides y Bazán (Úbeda, Sevilla,1634) fue un marino español, II marqués de Jabalquinto y sobrino nieto de Álvaro de Bazán, un militar y almirante del siglo XVI, célebre por el uso de galeones de guerra y por utilizar por primera vez infantería de marina para realizar operaciones anfibias.

En 1998 el artista plástico holandés Willen Bermon donó a la provincia de Matanzas una peculiar escultura de Piet Pieterszoon Hein, un antiguo pirata considerado en los Países Bajos héroe nacional gracias a la “patriótica” labor desempeñada en el siglo XVII cerca de las costas cubanas. Desde entonces, ubicado en un punto del extenso malecón matancero, yace la figura de un incansable marino que vela las aguas de la hermosa bahía.

Para quien visita la Ciudad de los Puentes encontrar la imagen del navegante corroída por la nefasta combinación del paso del tiempo y el salitre es motivo de asombro y curiosidad, pues muy poco se sabe de este personaje. Pero, ¿cuáles fueron esos acontecimientos que permitieron inmortalizar el, hasta entonces desconocido Hein en los libros de historia de su país?


La imagen hecha en bronce de Peter Heyn llegó a Matanzas como regalo de la ciudad holandesa de Ámsterdam. (Foto:Mario E. Almeida Bacallao/Cubahora)

Corría el año 1628 y el reino de España se afianzaba como la nación europea más poderosa al dominar casi en su totalidad las ricas tierras americanas. Por aquel entonces los ibéricos, como alternativa para proteger las riquezas extraídas de sus colonias, implementaron el uso de galeones que custodiaran los recursos y pudieran hacer frente a los tan comunes ataques piratas.

Fue así como la Flota de la Plata, nombre con el que se le conoció al grupo de navíos encargados de trasladar a territorio español las preciadas mercancías, soltó amarras el 8 de agosto en México para dirigirse a La Habana, estancia obligada en su camino hacia Sevilla.

Aunque diarios de viaje como el del general Juan de Benavides y Bazán describieron una travesía tranquila y sin novedades, la suerte estaba a punto de cambiar muy cerca de llegar a su destino, puesto que se encontraron con embarcaciones holandesas al mando del Almirante Piet Hein, quien, como resultado del conflicto conocido como la Guerra de los 80 Años, había sido autorizado a interceptar cuanto buque español viera.


Desde su posición, la imagen escultórica del avezado marino observa la bahía que lo inmortalizó  para siempre. (Foto: Mario E. Almeida Bacallao/Cubahora)

Los neerlandeses, puestos en sobreaviso por un pequeño barco proveniente de Flandes, bloquearon la entrada a la Bahía de La Habana, dejando solamente dos alternativas a los comandados por De Benavides: abrir el cerco a golpe de cañón o refugiarse en la Bahía de Matanzas.  La clara desventaja en la que se encontraba la tripulación hispana hizo que optaran por la segunda opción. Sin embargo, de muy poco le sirvió intentar alejarse a toda vela puesto que a las puertas de tan ansiado refugio encallaron y solo lograron ofrecer una penosa resistencia.

De aquella fácil aventura bélica los dirigidos por Hein, además de confiscar ocho de los bajeles españoles, obtuvieron una riqueza estimada en once millones y medio de florines. Al regresar a Holanda en enero de 1629, el hasta entonces bandido de los mares fue vitoreado, aclamado como un ídolo y nombrado Teniente Almirante de la Marina de Guerra.


El hecho conocido como la Batalla Naval de Matanzas fue el golpe más duro a la hacienda y al prestigio que sufrió la marina española desde 1492. (Foto: pantip.com)

Al monarca Felipe IV muy poca gracia le hizo tan lamentable acontecimiento. Las memorias llegadas hasta nuestros días reseñan que al referirse al suceso el soberano expresaba: “…os aseguro que siempre que hablo (del desastre) se me revuelve la sangre en las venas, no por la pérdida de hacienda, sino por la reputación que perdimos los españoles en aquella infame retirada, causada de miedo y codicia”.

El 18 de mayo de 1643, tras haber sufrido seis años de prisión por órdenes del mismísimo Felipe, Juan de Benavides y Bazán era ejecutado en la plaza sevillana de San Francisco por el crimen de prodición (abandono o entrega). El general, dejando a su tripulación en manos de la suerte, consiguió escapar y refugiarse en un ingenio cercano. Libros de la época narran que el oficial perdería su vida al ritmo de este pregón: “Esta es la justicia que manda hacer el Rey Nuestro Señor a este hombre por las culpas que tuvo en la pérdida de la Flota del año 1628 de la que fue general. Mándenle degollar por ello. Quien tal hace que tal pague…”.

(Por Haroldo Miguel Luis Castro/ Tomado de Cubahora)