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Friday 18 October 2019
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Macho Proveedor

Se trata de “ponerle cascabel al gato”, completar más tareas que el propio Hércules, matar al dragón, rescatar a doncellas aterrorizadas por ranas inofensivas, jugarse el pellejo, sudar la camiseta, pagar la cuenta, reparar el techo, cazar la presa para contribuir al condumio colectivo: eso es ser un Macho Proveedor.

Pese a tantos siglos de continua evolución, el Macho Proveedor sigue vivito y coleando: sobrevivió a guerras y plagas, se alzó victorioso en el campo de batalla y el hogar, acaparó cualquier espacio que creía suyo por derecho, se inventó excusas contra natura para someter a su otra mitad…

Le toca subir la loma, prender el fuego, crecer de prisa, defender la fortaleza, reprimir el llanto, comer cuando los otros ya comieron, encontrar el camino o hacerlo sobre la marcha, dividir lo poco para bien de muchos, pescar en mar revuelto.

La costumbre que todo lo etiqueta lo cubrió de prejuicios, le impuso el destino del titán Atlas: el de sostener el mundo sobre sus hombros, un discutible privilegio.

No es que no sienta el miedo a fracasar, pero a la larga aprende a convivir con esa fiera, domándola con trucos y palabras, suprimiéndole las ansias de morder por instinto.

Quien lo vive lo sabe: no hay manuales prácticos ni guías ilustradas, solo la vida enseña y hay que caer antes de levantarse, pagar la novatada, aprender hechizos para llegar a fin de mes, hasta ensuciarse las manos por crear belleza.

No existe un monumento a su perseverancia, que de construirse debería estar hecho con el material más resistente del universo.

Dicho en buen cubano: a “la hora de los mameyes” un Macho Proveedor de “pura raza” tiene que saber por dónde “le entra el agua al coco”, quién fue primero entre el huevo y la gallina, salir airoso aunque se tire con la guagua andando y aprovechar cada oportunidad de coger “mangos bajitos”.

Para Ellas, quienes saben valorar su independencia bien ganada, ya es historia antigua aquello de “los hombres pagan la cuenta”, no da más el mito del macho alfa entre los Homo Sapiens, es mejor compartir deberes y derechos para que la equidad de género funcione.

Se trata de hacer el amor y no la guerra, salvar el día, administrar afectos como medicina, cambiar el pañal, encontrar el juguete extraviado, matar al monstruo imaginario oculto bajo la cama o en el espejo, lavar la ropa, ponerse firme ante la tormenta, aceptar cuando la princesa no necesita, o no quiere, que la salven.




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